Joan Figuera: “Somos una policía de referencia, robusta y profesional”

Comisari Joan Figuera LópezComisario Joan Figuera López desde 2009, nacido en Barcelona el año 1961, es licenciado en Ciencias de la Comunicación (UAB) y master en Políticas Públicas de Seguridad (UOC). Ingresó en el cuerpo de Mossos d’Esquadra en la primera promoción – este año ha hecho 35 -. Durante su larga e intensa carrera profesional ha trabajado, entre otros servicios, en seis de las nueve regiones policiales. Actualmente es el jefe de la Sala Central de Mando.

¿Con los años que hace que entró en la Policía de la Generalidad – Mossos d’Esquadra (PG-ME) y en las categorías y destinos en que ha trabajado, cómo ve la evolución de este cuerpo policial los últimos años?

¡A lo largo de estos años hemos desarrollado un cuerpo de policía desde casi cero! La primera promoción fue el inicio de lo que hoy somos. Durante estos años hemos pasado por diferentes fases de desarrollo y por varias “crisis de crecimiento”, lógicas y necesarias para llegar donde estamos hoy, en las puertas del tricentenario del cuerpo. Ahora somos una policía de referencia, robusta y profesional, capaz de hacer frente a las demandas más exigentes de una sociedad moderna y desarrollada como la nuestra.

Nuestra etapa contemporánea, la situamos en el año 1979 con la aprobación del Estatuto de autonomía de Cataluña. En aquel momento, el cuerpo de Mossos d’Esquadra (CME), formado por casi un centenar de agentes, únicamente garantizaba la seguridad de los edificios institucionales y la del presidente y el Gobierno de la Generalidad. Definimos aquella época como una etapa simbólica y de recuperación (de 1979 a 1984). El 1 de junio de 1983 se incorporan al CME 260 policías, y se convierte en una policía funcional que asume las competencias de la Generalidad de Catalunya en materia de seguridad. El cuerpo crea las brigadas del juego y espectáculos, menores, medio ambiente, salud pública y ámbito penitenciario, y la primera unidad de información. Todos estos servicios dan notoriedad y prestigio al CME. De 1994 a 2008 llega el esperado despliegue de sustitución, que establece la PG-ME como una policía integral en todo el territorio de Cataluña. Esta es la etapa nuclear de nuestra función y nuestra razón de ser como policías. Durante este periodo, el CME se desarrolla, se profesionaliza y madura, y llega a la cifra de más de 17.000 agentes. Durante la última década – una vez finalizado el despliegue de sustitución- vivimos una etapa de tránsito (de 2009 a 2015), que va desde el “post-despliegue” en que todavía faltaba acabar de construir la estructura interna, el estilo organizativo y una metodología, hasta la robustez organizativa y operativa que hoy tenemos.

¿Considera que el cuerpo de Mossos d’Esquadra actualmente ya está viviendo un cierto relevo generacional? ¿Habría que articular medidas para hacer frente al envejecimiento progresivo del cuerpo?

El relevo generacional es necesario en todas las organizaciones. También en la nuestra. Hay que conducirlo con inteligencia y no se puede hacer de cualquier modo. Las organizaciones y la policía, y en concreto el CME, tiene que aprovechar todo el conocimiento adquirido y el valor añadido que proporciona la experiencia de los que tienen una larga carrera profesional. ¡No hacerlo puede ser un error vital! Un buen mando es aquel que demuestra resolver los problemas de seguridad en tiempo de crisis y en situaciones adversas. ¡En condiciones de “confort”, cualquiera es bueno! Hay que conducir bien esta experiencia para que revierta en los más jóvenes, que tendrán que conducir el CME las próximas décadas. Este es el nuevo reto estratégico de hoy.

¿Qué retos afronta la PG-ME en los tiempos que vienen y qué capacidades tiene para hacerle frente?

El reto esencial son las políticas públicas y las estrategias policiales para hacer frente a la delincuencia común y al crimen organizado en cada uno de sus niveles. Aquí es necesario un trabajo transversal, entre el Departamento de Interior con la PG-ME y las corporaciones locales de las ciudades más importantes, que orienten su guardia urbana o policía local a generar sinergias más productivas, más allá de sus competencias y mandatos. Hay que fomentar y generar una “política criminal” más eficaz por parte de todos los operadores.

Evidentemente, el terrorismo al nivel que hoy estamos viviendo es otro reto importantísimo. Cataluña, desde el punto de vista geoestratégico, está situada en un lugar preferente y la capital, Barcelona, es un reclamo por su grandeza, diversidad y notoriedad universal. El cuerpo ha hecho y está haciendo un esfuerzo muy importante, tanto en materia de prevención como de reacción a un nuevo episodio de drama y terror como es un atentado.

Internamente ya hace unos años que hemos llegado a la madurez organizativa, y eso nos ha traído normalidad. Desde esta estabilidad y robustez, hemos podido afrontar los retos de seguridad que se nos han presentado. El caso más evidente es la gestión del atentado del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils. Tenemos muchos otros retos: el tráfico, el incivismo, la segunda actividad, etc., y otros muy importantes y trascendentes que superaremos desde la conciencia y la profesionalidad.

¿Cómo cree que se tendría que articular el sistema de policía de Cataluña?

¡Es una buena pregunta! Se puede responder a ella de distintos modos, todo depende del desarrollo estratégico que decidamos, o lo que se decida políticamente. La pregunta es: “¿Hacia dónde queremos ir?”. Creo que los policías tenemos mucho por decir. Somos unos cuantos los que hemos vivido todo este proceso de desarrollo del cuerpo de Mossos y las policías locales. Partimos de dos leyes, la de 1991 de las policías locales y la de 1994 del cuerpo de Mossos d’Esquadra, y de la Ley del sistema de seguridad pública de Cataluña (2003), en el marco del Estatuto de autonomía.

Personalmente, pienso que tendríamos que trascender, superar el modelo actual, empezando por el buen trabajo que ya se ha hecho desde el Instituto de Seguridad Pública de Cataluña (ISPC) en la formación básica conjunta y los cursos de mandos y de especialidad. Ahora habría que fijar unos mismos criterios de selección para policías y para mandos. La selección y la formación tendrían que ser responsabilidad del ISPC. Partiríamos de unos policías de base con los mismos valores, actitudes y aptitudes. Una vez superado el curso y con el título de policía o del grado de mando en la mano, podrían optar a las plazas de cualquier policía local que, con una entrevista de idoneidad final, podrían optar a la plaza o al municipio deseado y, después de un periodo de prácticas, obtendrían la plaza fija. Habría que incorporar un sistema de pasarela de un cuerpo a otro. De policía local a los Mossos d’Esquadra y viceversa, con un plan de carrera con especialidades y categorías que permitiera la movilidad de los funcionarios, con un sistema mínimo de permanencia y algunas reservas por especialidades.

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Conrad J. Fernández i Justes: “hay mucha sensibilidad por el incremento de la violencia en las intervenciones”

Conrad J. Fernández i JustesSuperintendente jefe en la Guardia Urbana de Badalona. Presidente de la ACCPOLC. Doctor en Sociología, licenciado en Antropología, master en Estudios Policiales, diplomado superior en Criminología y en Aptitud Pedagógica por la Universidad de Barcelona y diplomado en Función Gerencial de las Administraciones Públicas por ESADE.

¿Qué balance hace de la situación actual de la seguridad en Badalona?

Badalona es una ciudad de gran complejidad, configurada por barrios de idiosincrasia muy diversa, situada en un entorno metropolitano de gran alcance. Las estadísticas hacen patente que se encuentra en consonancia con el resto del área metropolitana, con pequeñas fluctuaciones que varían de un año a otro. Podemos decir que tanto la seguridad vial como la seguridad ciudadana son óptimas o muy razonables.

¿Y del trabajo conjunto de la Policía Local con los Mossos d’Esquadra?

Badalona fue la primera ciudad del área metropolitana en que se desplegaron los Mossos d’Esquadra. Como las instalaciones no se habían construido aún, se alojaron en unos módulos ubicados en el interior del recinto de la Guardia Urbana. Desde el principio, se utilizaron muchos espacios de manera conjunta, lo que facilitó el conocimiento mutuo entre agentes de ambos cuerpos y posibilitó pensar en realizar servicios conjuntamente. Cuando los Mossos tuvieron su propia comisaría, se creó una sala conjunta de comunicaciones, donde agentes de ambos cuerpos gestionaban las demandas de servicios. Actualmente la sala ya no existe, pero tenemos un sistema de patrullas Tándem (integradas por un agente de cada cuerpo) que nos da muy buen resultado. Estamos muy satisfechos del trabajo conjunto y seguiremos explorando nuevas formas para conseguir una seguridad más eficiente.

¿Cuáles considera que pueden ser los problemas más preocupantes actualmente para un policía en Badalona?

Desde el punto de vista de la seguridad, hay mucha sensibilidad por el terrorismo yihadista y por el incremento de la violencia en las intervenciones. Desde el punto de vista corporativo, preocupa mejorar la imagen de la policía, lo que se considera un exceso de politización del servicio, también la burocracia excesiva y, muy especialmente, la renovación de la plantilla. La Guardia Urbana tiene cada vez una media de edad más elevada y los agentes se encuentran expectantes ante una posible jubilación a los 60 años. Eso también daría más opciones de carrera profesional a los agentes que tienen aspiraciones a ocupar cargos de mando.

¿Cómo cree que se tendría que articular el sistema de policía de Cataluña?

Soy partidario de algo parecido al modelo belga, adecuándolo a nuestra realidad. El año 2003 tuve la oportunidad de visitar a la policía holandesa y a la belga. El modelo holandés se había articulado en torno a regiones policiales autónomas y con una llamada “región de apoyo” para las demás. En Bélgica se acababa de poner en marcha un modelo llamado “de integración”. Una policía en Bélgica y dos niveles de servicio, federal y local, absolutamente integrados, con estatuto único de la policía para su regulación, instituciones comunes, flexibilidad y pasarelas entre cuerpos. Desde el primer momento pensé que aquello podría ser el referente para Cataluña.

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Jaume Bosch: El concepto “Policía de Cataluña” es una realidad, pero incompleta

Jaume Bosch, coordinador de projectes transversals i d’impuls d’accions formatives de l’Institut de Seguretat Pública de Catalunya (ISPC)Es coordinador de proyectos transversales y de impulso de acciones formativas del Instituto de Seguridad Pública de Cataluña (ISPC). Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona (UB). Master “La ciudad: políticas, proyectos y gestión” por la UB. Ha sido profesor asociado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Fue el primer subdirector general de Coordinación de las Policías Locales. Ha sido concejal, vicepresidente de la Diputación de Barcelona y diputado en el Parlamento de Catalunya. Autor de varias publicaciones, la última: Del Estatuto a la autodeterminación (2013).

¿El concepto “Policía de Cataluña” introducido por la Ley 4/2003 es más un desiderátum que una realidad?         

Hoy el concepto “Policía de Cataluña” es una realidad, pero incompleta. La idea de que es Policía de Cataluña la que depende de las instituciones catalanas, Generalitat y ayuntamientos, o sea, la Policía de la Generalitat − Mossos d’Esquadra y policías locales, nació en los años ochenta a partir del modelo diseñado por Jaume Curbet. Expresaba una voluntad política inequívoca de construcción de una herramienta fundamental para el autogobierno del país. Se impulsaron algunos mecanismos legales imprescindibles para construir sistema: la primera Ley de coordinación de las policías locales (1984), sustituida luego por la Ley de 1991; la Ley de creación de la Escuela de Policía de Cataluña (1985), años después derogada por la Ley del Instituto de Seguridad Pública de Cataluña (2007) y la Ley de la Policía de la Generalidad − Mossos d’Esquadra (1994), y, más tarde, la Ley del sistema de seguridad (2003).  Estas leyes están hoy día superadas por la realidad, y la política de coordinación de las policías locales no ha dispuesto, a pesar de la voluntad de sus responsables sucesivos, de los recursos humanos y económicos que exigía la apuesta por un sistema de policía.

¿Qué reformas hay que introducir en el sistema de policía de Cataluña para responder adecuadamente a los retos de la seguridad ciudadana? ¿Conoce iniciativas que se estén poniendo en práctica en otros lugares que serían útiles en nuestro país?   

Nos hace falta la tantas veces anunciada Ley del Sistema de Policía de Cataluña. Es verdad que dentro del marco jurídico actual se podrían impulsar algunas de las iniciativas que necesitamos, pero no es menos cierto que hay tres factores que hacen imprescindible una ley: la aprobación del Estatuto de 2006, con nuevas competencias para la Generalidad en materia de seguridad (incluidas la definición del cuerpo de Mossos d’Esquadra como policía integral y la ordenación de las policías locales, no la simple coordinación); la finalización el año 2008 del despliegue territorial del cuerpo de Mossos sustituyendo a la Guardia Civil y al Cuerpo Nacional de Policía, y la aparición de nuevas formas de delincuencia, incluida la nueva amenaza terrorista. La única ley posterior al Estatuto es la del Instituto de Seguridad Pública. Es necesario un nuevo texto legal que supere las leyes de 1991 y 1994, y que actualice el marco estatutario de los Mossos y las policías locales, con una parte común para ambos cuerpos y una parte específica para cada uno. Estos últimos años, otras comunidades han seguido avanzando y ahora van por delante de nosotros: el País Vasco, con la convocatoria unificada de policías locales este curso; las nuevas leyes de Navarra (2015), aunque algunos de sus artículos hayan sido anulados por el Tribunal Constitucional; la Comunidad Valenciana (2017); las Baleares (2017) o la Comunidad de Madrid (2018). Desgraciadamente, hemos dejado de ser pioneros.

¿Cuál debe ser la responsabilidad de los municipios en el mantenimiento de la seguridad?         

Los municipios tienen definidas sus competencias y el papel de los alcaldes y alcaldesas y de las juntas de seguridad locales. Los planes locales de seguridad son una buena herramienta. Pero es necesario que la Generalidad ayude a los municipios, especialmente a los medianos y pequeños. Existen 214 cuerpos de policía local. Hoy el marco constitucional no permite la fusión de Mossos y policías locales, y dudo de que esta fuera la solución. Pero es imprescindible que las 214 policías locales, manteniendo su dependencia municipal, actúen, cada vez más, a través de mecanismos que unifiquen, ordenen y dignifiquen su papel.

¿Está bien diseñado el rol del Instituto de Seguridad Pública de Cataluña o habría que hacer cambios para fomentar una mejora del sistema de Policía? ¿Haría falta algún órgano más de “sistema”?                                                                                    

La Ley de 2007 es muy avanzada, define el Instituto como mucho más que una simple suma de escuelas y se adapta al nuevo Estatuto: es un buen instrumento, que prevé, por ejemplo, que el Instituto actúe en materia de selección de las policías locales, tal como empiezan a hacer las comunidades que he mencionado antes, o que intervenga en el ámbito de la seguridad privada. El hecho de que ahora sea un centro adscrito a la Universidad de Barcelona e imparta el grado en seguridad tiene una gran trascendencia. Pero el ISPC necesita recursos económicos para mantener y actualizar las instalaciones y para impulsar mucho más la investigación; debería convertirse en un punto de referencia europeo en la reflexión e investigación sobre algunos temas: me atrevería a sugerir la mediación policial o la lucha contra la violencia machista.

Por otra parte, la nueva ley tendría que crear nuevos órganos para integrar mejor a las policías locales en el sistema: una mesa negociadora de las condiciones laborales en el ámbito nacional, una unidad centralizada de asuntos internos, una unidad central de compras de material… Hay muchas propuestas para construir un auténtico Sistema de Policía de Cataluña. Ojalá que, cuando las circunstancias lo permitan, empecemos a recuperar el tiempo perdido, a partir del consenso institucional y político que debe inspirar las políticas públicas de seguridad.

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Elizabeth Johnston: “Es esencial una política de seguridad sostenible”

Elizabeth Johnston, Delegate-General of the European Forum for Urban Security (Efus)Como delegada general del Foro Europeo para la Seguridad Urbana (EFUS), Elizabeth Johnston es responsable de la estrategia y el desarrollo de EFUS, junto con el Comité Ejecutivo, así como de la gestión general de la organización. También es delegada general del Foro Francés para la Seguridad Urbana desde febrero de 2016.

Por otra parte, es miembro del Consejo Asesor del Parlamento Mundial de Alcaldes y colaboradora de la Universidad de Lieja (Bélgica). Anteriormente, y tras iniciar su carrera en una comunidad local, Elizabeth Johnston fue directora del Programa de la Fundación Franco-Americana y experta en prevención de violencia del Banco Mundial. Es licenciada en Derecho por la Universidad de Assas (Francia), en Ciencias Políticas por la Universidad de Yale (USA) y en Políticas Públicas por la Universidad de Marne-La-Vallée (Francia).

¿Cuáles serán los retos de la seguridad urbana en las próximas décadas? ¿Nos podría comentar los cuatro riesgos más importantes para la seguridad urbana para los próximos años?

Uno de los retos principales en materia de seguridad que afecta a todas nuestras ciudades europeas es la complejidad creciente y la rápida evolución de las amenazas a que se enfrentan. Aparte de los problemas cotidianos de seguridad, que siguen siendo importantes, nuestras ciudades gestionan las consecuencias de fenómenos globales que van mucho más allá: el tráfico de personas y de bienes, las redes terroristas, la ciberdelincuencia, etc. Estos fenómenos exigen a las fuerzas de seguridad ser altamente técnicas y tener capacidad de innovación y adaptación, lo que sacude los marcos administrativos habituales e impone nuevos partenariados y nuevas formas de plantear la seguridad.

Otro gran reto es el aumento de la desigualdad social y económica: alimenta un resentimiento que puede convertirse en violencia y delincuencia y debilita la cohesión social, que es la única garantía de una seguridad sostenible. Estas desigualdades también contribuyen al fenómeno de la polarización y dificultan todavía más la construcción del bien común de la seguridad.

Vinculadas a este fenómeno de polarización en relación con el de la globalización de los problemas, las ciudades tienen que hacer frente a una desconfianza por parte de los ciudadanos que es cada vez mayor con respecto a su acción pública. Construir y cultivar una relación de confianza entre las autoridades públicas y los ciudadanos es esencial para aplicar una política de seguridad sostenible, y, por eso, las ciudades también tienen que innovar en términos de transparencia, diálogo e, incluso, coproducción.

¿Cuál tiene que ser el papel de la ciudadanía en materia de seguridad urbana? ¿Se trata del rol de destinatario del servicio de seguridad pública?

Como toda política pública, las medidas de prevención y seguridad urbana tienen que definirse en función de las necesidades de los ciudadanos. Cada barrio, cada ciudad es diferente y sólo implicando plenamente a los habitantes podremos proponer respuestas adecuadas. Las personas tienen que participar en todas las etapas de nuestras políticas: diseño, aplicación y evaluación. Uno de los principales retos actuales es el de basar la participación ciudadana en los principios de solidaridad y representatividad para tener en cuenta a la sociedad en toda su diversidad. Las mujeres, la gente mayor y también los jóvenes no pueden ser sólo objetivo de las políticas de seguridad: tienen que convertirse en agentes de prevención y desarrollar plenamente su papel en la coproducción.

¿Todavía hay lugar para el Estado en materia de seguridad urbana o es un tema que debe tratarse desde las comunidades locales y en el ámbito internacional?

Las autoridades locales han demostrado durante muchos años que son actores esenciales para actuar sobre el entorno vital, sobre la seguridad cotidiana de los habitantes de las ciudades. Fenómenos como el extremismo violento o el crimen organizado tienen repercusiones que sobrepasan las fronteras regionales y nacionales. A menudo son el resultado de redes muy ágiles que se despliegan por toda Europa e, incluso, a escala internacional. Todos los niveles de gobierno tienen que trabajar unidos para poder adoptar respuestas complementarias. Además, actualmente, los gobiernos nacionales y europeos hacen que los entes territoriales sean muy dependientes, tanto desde el punto de vista económico como de legislación, de otros niveles de gobierno.

¿Cuáles son los protagonistas de la seguridad urbana? ¿Qué papel juegan la policía y la justicia?

La policía, la justicia y las instituciones penitenciarias tienen un papel clave en la seguridad urbana. No obstante, otros actores como las instituciones locales, la sociedad civil o el sector privado también juegan un papel clave, dando forma al concepto de “coproducción”. Las instituciones policiales y judiciales tienen que adaptarse a estos partenariados desarrollando doctrinas de trabajo y formando a sus funcionarios.

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La legitimación de la policía: ¿una cuestión clave?

Sebastian Roché es director de investigación del CNRS (Ciencias Políticas, Universidad de Grenoble). Es profesor de la Escuela Nacional Superior de Policía y de las universidades de Grenoble y de Bahcesehir, en Estambul. Su trabajo se centra en la medida de la delincuencia, el análisis de las políticas públicas de seguridad y la gobernanza comparada de la policía. También es consultor de las Naciones Unidas. Entre sus publicaciones, podemos encontrar: De la police en démocratie [“La policía en democracia”] (Grasset, 2016).

Doctor Roché, ha publicado un libro muy interesante, De la police en démocratie, donde habla de la legitimación. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de la legitimación de la policía?

La legitimación de la policía es el derecho moral que se le otorga para que se haga obedecer. Tiene dos aspectos. En primer lugar, al reconocer este derecho moral a la policía, el ciudadano siente la obligación de obedecerla, y lo hace voluntariamente, es decir, sin tener que prometerle nada (por ejemplo, más seguridad) o sin necesidad de amenazarlo (por ejemplo, con sanciones). Esta primera vertiente es la que normalmente se estudia. A continuación, encontramos que este derecho moral de hacerse obedecer que se otorga a la policía se traduce en un acuerdo en el uso de medios, a veces, ilegales y violentos. Este segundo aspecto, que podríamos denominar “la cara oculta de la legitimidad”, se estudia menos, pero no es menos real: es, por ejemplo, lo que explica el apoyo de los norteamericanos blancos a la policía cuando matan a un ciudadano negro.

¿Creéis que la legitimación tiene consecuencias prácticas en el trabajo diario de la policía? ¿No se trata de una pregunta retórica que sólo interesa a los intelectuales?

Es probable que la legitimidad de la policía tenga efectos prácticos, pero hay que reconocer que no están bien demostrados. La idea principal es que la confianza favorece el hecho de reconocer una legitimidad a la policía, y que esta última favorece la obediencia voluntaria de los ciudadanos, una adhesión a las demandas de los agentes, incluso cuando ello no agrada a los ciudadanos, y formas de cooperación, especialmente el hecho de presentar denuncias cuando somos víctimas, informar de los problemas, participar en asociaciones locales; en resumidas cuentas, de comprometerse a colaborar con los agentes de policía. El beneficio más destacado sería la disminución de las tensiones cotidianas y la seguridad de los agentes.

¿Qué pueden hacer los poderes públicos para mejorar la legitimación de la policía? ¿Quiere decir que no se trata de un tema histórico y cultural imposible de cambiar?

La investigación de legitimidad pasa por la investigación de la satisfacción con respecto al servicio prestado y un tratamiento igualitario. Son estas actitudes las que favorecen la confianza. Se trata de una cultura profesional, que puede evolucionar, y es necesario que evolucione, en función de la sociedad que lo rodea. Un ministerio del interior puede establecer su investigación de la calidad, dotarse de las herramientas de formación y después de las herramientas para controlarla, y utilizarlas para calificar a los agentes. Así, las prácticas evolucionarán.

¿Qué pensará un policía francés cuando lea su libro? ¿Cree que se sentirán satisfechos del retrato que les hace? ¿Pensaría diferente, si fuera policía?

Creo que los policías no leen demasiada sociología. Puedo entenderles. Si lo hicieran, se sorprenderían de la importancia que doy a la confianza y a la legitimidad. En efecto, su cultura profesional se basa sobre todo en el derecho, y en un aprendizaje práctico de la imposición a la gente de su visión de las cosas, más que no en el arte del diálogo. Es eso lo que sus colegas con experiencia valoran durante la formación inicial sobre el terreno. Pero creo que una parte de los policías ha entendido la importancia de la relación entre la policía y la población, y la necesidad de hacerla ir adelante.

¿Cree que los datos policiales (estadísticas criminales, sobre incivismo e incidentes de los cuales la policía debe responder, número de policías, etc.) tendrían que ser públicas, estar disponibles en línea? ¿Es una condición/exigencia democrática?

Sí, sería conveniente que las bases de datos fueran accesibles. De este modo podríamos hacer evolucionar los análisis basándonos en datos objetivos. Sería lo más normal, ya que son los ciudadanos quienes las pagan.

¿Piensa que la tendencia actual a multar más y limitar los derechos de los ciudadanos pone en riesgo la legitimación de la policía? ¿Cree que es eficaz?

Ante la amenaza terrorista, los gobiernos se sienten obligados a aumentar los poderes de la policía. La razón es principalmente política: se trata de una estrategia para evitar recibir críticas por parte de la oposición. No tenemos pruebas de la eficacia de una legislación más severa con respecto a la criminalidad pequeña y mediana, aunque los policías sean muy a menudo favorables a este tipo de acercamiento. Con respecto a los jóvenes, sabemos que la severidad penal incluso aumenta la reincidencia. Eficacia práctica y eficacia política son dos cosas bien diferentes.

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Thomas Feltes: “El dilema seguridad – libertad es una quimera”

Thomas FeltesThomas Feltes (1951) es catedrático de Criminología y Ciencias Políticas en la Facultad de Derecho de la Universidad Ruhr de Bochum, Alemania. Desde 2005, imparte clases de Derecho y es responsable del master avanzado de Criminología, Estudios Criminalísticos y Ciencia Política. De 1992 a 2002, fue director de la Universidad de Ciencias Policiales Aplicadas de Villingen-Schwenningen, Alemania. Thomas Feltes se doctoró en Derecho y tiene un master en Ciencias Sociales de la Universidad de Bielefeld, Alemania. De 1979 a 1992, realizó investigación criminológica y docencia en las facultades de Derecho de Bielefeld, Hamburgo, Heidelberg y Tübingen. Feltes forma parte de la junta científica de la Sociedad Internacional de Criminología. Es coautor y editor de más de 200 libros y artículos sobre la profesión de policía, el derecho juvenil, el hecho de sentenciar, las penas alternativas y la fiscalía pública, y es editor de Polizei Newsletter, un boletín electrónico mensual que se publica en cuatro idiomas (entre ellos, el castellano). A partir de 2018 será el representante alemán en el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura (CPT).

Profesor Feltes: Últimamente ha insistido en la necesidad de integrar distintos actores para mantener los niveles de seguridad dentro de un marco razonable. Esta postura corresponde a una persona con una larga trayectoria de responsabilidades en el sector público y resulta un poco sorprendente. ¿Por qué motivo tendríamos que transformar el monopolio tradicional del Estado en el campo de la seguridad en una coproducción de seguridad con actores que posiblemente no tienen intereses públicos? ¿Eso no supone la privatización de las tareas policiales?

De hecho, la privatización de las tareas policiales ya existe desde hace muchos años y no hay un monopolio tan claro, en realidad. Expertos en criminología hablan de plural policing, una reflexión sobre el hecho que no sólo las compañías privadas de seguridad trabajan para individuos y corporaciones, dado que las corporaciones tienen su propio sistema de seguridad e, incluso, su propio sistema de procesamiento, con castigos y represalias internos. La profesión policial trabaja cada vez más con otras agencias gubernamentales, el tercer sector, organizaciones comunitarias y el sector privado, y tienen que cooperar. Por ejemplo: si hablamos de policía comunitaria, muchos actores locales y privados participan en este sistema para mejorar la relación entre la policía y los ciudadanos, y para mejorar la sensación de seguridad en una comunidad local. El factor principal: el Estado tiene que controlar los diferentes esfuerzos policiales, sea quien sea el actor o sea donde sea.

Ha trabajado durante muchos años en el mundo de la seguridad de los partidos de la Bundesliga (y del fútbol en general). ¿Le parece que eso es un buen ejemplo de una coproducción privada-pública de seguridad? ¿Cómo evalúa su experiencia en este campo? ¿Le parece que hemos encontrado una fuente de progreso? ¿Cuáles son los factores clave que deberíamos considerar?

Los partidos de fútbol son un buen ejemplo de la práctica policial plural. Tal como podemos ver al analizar las estructuras de seguridad de un partido normal, se implican hasta 30 proveedores de seguridad diferentes: desde el DFB hasta el DFL, y desde los sistemas de transporte público hasta la policía local y los clubs locales. Estos últimos normalmente tienen su propio cuerpo de seguridad, que es el responsable dentro del estadio, y personal de seguridad contratado, responsable, por ejemplo, de controlar las entradas. Todos ellos tienen que cooperar muy de cerca con la policía local y la policía federal. Antes del partido, se suele convocar una reunión sobre la seguridad, para tratar las diversas responsabilidades y la estrategia global con respecto a las prácticas policiales a adoptar.

¿Se puede aplicar la coproducción a cualquier política pública? ¿Lo aplicaría a la gran oleada de refugiados que ha llegado recientemente a Alemania? Por cierto, ¿no supone un riesgo alto para la seguridad interna? ¿Es sensato permitir la entrada a una cantidad tan grande de refugiados?

La coproducción de seguridad forma parte de nuestro trabajo diario. Agentes de seguridad privados trabajan en centros comerciales, en estaciones ferroviarias y en el metro, y tienen la responsabilidad de proteger edificios tanto privados como gubernamentales. Con respecto a los refugiados, la seguridad de los campos y los edificios donde viven corresponde a las compañías de seguridad privadas. La policía no tiene suficiente personal para ocuparse de esta tarea y, además, es demasiado caro. La selección y el control son los problemas que surgen con los agentes de seguridad privados. Después de algunos escándalos, parece que este problema se ha resuelto. Los candidatos se revisan, tienen más formación y se controlan más ahora. Los refugiados no cometen más delitos que la población alemana equivalente, si tenemos en cuenta el sexo y la edad. Y la mayor parte de los delitos cometidos por los refugiados se producen entre ellos mismos (debido a algún incidente en el campo) o tienen relación con leyes sobre extranjería.

¿Cómo evalúa la oleada actual de legislación dura (al restringir los derechos humanos) con el objetivo de combatir el terrorismo? ¿Es ética? ¿Es necesaria? ¿Es útil? ¿Le parece que el presunto dilema seguridad−libertad es real o sólo un argumento para procurar que se acepten estas restricciones a los derechos humanos?

En realidad, se trata de una política puramente simbólica. Los políticos reciben una enorme presión por parte de la ciudadanía y los medios. Estas leyes no hacen frente en absoluto al terrorismo, pero los políticos piensan que es la única manera de hacer que el ciudadano piense que son capaces de actuar. Sí que tenemos unos buenos proyectos para impedir que los jóvenes se incorporen a grupos terroristas o a entornos controlados por el islam radical, pero estos programas sólo tienen un efecto a medio o largo plazo. El llamado “dilema seguridad−libertad” es una quimera: vivimos en sociedades y en comunidades que son más seguras que nunca (la tasa de delincuencia va a la baja desde hace tiempo), pero nuestros ciudadanos se sienten más alienados que nunca. Los motivos son múltiples: el concepto de la auténtica Unión Europea está desapareciendo, los efectos negativos de la globalización tienen más presencia, la gente está envejeciendo y se siente menos segura debido a unos sistemas sanitarios en declive y unas pensiones inciertas. Y, finalmente: los políticos no hacen que los ciudadanos se sientan capaces de hacer frente a todos estos problemas; parecen más bien un grupo de pollos corriendo sin cabeza… La gente está perdiendo confianza en la política, y podemos ver los resultados por doquier, con partidos de derecha que tienen cada vez más adeptos.

Páginas web:

www.thomasfeltes.de

www.rub.de/kriminologie

www.police-newsletter.com

www.krimlex.de

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Comisaria Cristina Manresa: “Planificar con rigor es la clave del éxito”

Comissària Cristina ManresaLa comisaria Cristina Manresa Llop, nacida en Barcelona en el año 1968, tiene una hija de 19 años y vive en Badalona. Diplomada en Criminología y licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona, entró en los Mossos d’Esquadra en la cuarta promoción –ahora hace 26 años– y ha llegado a comisaria pasando por todas las categorías. Cree que eso es importante porque haber trabajado en diferentes servicios y situaciones la ha hecho próxima y conocedora de la difícil tarea de los policías y le ha enseñado a valorar las cosas importantes de la vida.

Actualmente es jefa de la Región Policial Metropolitana Norte y directora de Plan de seguridad del Mobile World Congress desde 2013.

Ha recibido varias condecoraciones y premios por su tarea profesional. Es miembro del Comité de Ética de la Policía de Cataluña y participa desde hace años en actividades de formación y docencia.

¿Cuál es su balance del dispositivo de seguridad de la última edición del Mobile World Congress?

Muy positivo; no ha habido incidentes relevantes en una edición en que la cifra de congresistas ha batido un nuevo récord, 108.000 personas, lo que supone un incremento del 7% respecto al año anterior. El índice de victimización por cada 1.000 visitantes se ha situado en un 0,34, índice inferior al registrado en el año 2016, que se situó en un 0,36. Los hechos delictivos se han mantenido estables, con una reducción del 13% en el transporte público, y el 91% de los hechos son hurtos.

Nos sentimos orgullosos del trabajo realizado por todos los cuerpos policiales y servicios de emergencias, que, junto a los organizadores del MWC –los responsables de Feria de Barcelona y Turismo de Barcelona–, ha contribuido a mantener la seguridad de los congresistas y el buen desarrollo de este acontecimiento. ¡Este es un trabajo en equipo!

 ¿Qué herramientas −de planificación, prevención, emergencias, seguridad ciudadana− son las que le permiten ayudar y ofrecer protección a las personas en estos grandes acontecimientos?

Trabajamos a partir de un Plan director de seguridad (PDS), documento que recoge los objetivos y las características del acontecimiento y organiza las diferentes tareas de todos los integrantes a fin de que nos coordinemos con efectividad. Se trata de ocho programas que incluyen los dispositivos policiales de seguridad ciudadana, orden público, inteligencia, movilidad, protección civil, alojamientos, etc.

Como parte de las políticas de prevención, la Policía de la Generalidad – Mossos d’Esquadra ha potenciado la difusión de los consejos de seguridad en las redes sociales de los Mossos d’Esquadra y del 112, y ha hecho llegar a los congresistas material con medidas básicas de seguridad, con el objetivo de prevenir hechos delictivos. Paneles informativos en el transporte, carteles y dípticos en varios idiomas, etc. Estas acciones se han llevado a cabo con la colaboración de distintas entidades que participan en la organización y la seguridad del acontecimiento, como son GSMA, Barcelona Convention Bureau y el Gremio de Hoteles.

 ¿De qué manera, desde el punto de vista de la planificación, afecta tener a tantos operadores, públicos y privados, de ámbitos y administraciones diferentes, en un mismo acontecimiento? ¿El factor humano es primordial en este sentido?

Planificar con rigor es la clave del éxito porque participan muchos efectivos de la PG-ME de diferentes especialidades: GEI, Escoltas, Subsuelo, Canino, Tédax, Hélice, BRIMO, ARRO, Información, Seguridad Ciudadana, Tráfico, etc. También integramos personal externo a nuestra organización, de otras policías municipales (L’Hospitalet y Barcelona) y operadores externos: empresa organizadora, seguridad privada, emergencias, Turismo de Barcelona, Ayuntamiento, transportes, etc.

Por este motivo, empezamos a planificar después del verano y hasta el mes de febrero o marzo, que es cuando se celebra el MWC.

Se lleva a cabo una primera reunión con todos los responsables y explicamos las novedades del año y el cronograma; después, los grupos desarrollan sus órdenes de servicio, en las que trabajará y supervisará la dirección del Plan hasta llegar a desarrollar el dispositivo en tres fases: prealerta, alerta, máxima alerta.

Durante la celebración del congreso, a primera hora se hacen varias reuniones diarias con los operativos policiales y con los gestores del transporte, bajo la dirección del Plan y de la organización.

Cuando termina el MWC, se hace un debrífing en que se recogen las mejoras propuestas por todos los servicios.

El factor humano es fundamental, conocer a cada uno de los operadores facilita mucho la tarea; somos un equipo y todo el mundo trabaja para mejorar cada año. ¡El éxito del MWC es el éxito de todos!

 ¿Cuál ha sido la situación más compleja que ha tenido que gestionar en las últimas ediciones del MWC? ¿Hay algún aspecto o complicación que se reproduzca cada año?

En el año 2016, con la nueva línea 9 del metro, porque era un elemento nuevo, todavía estaba en fase de pruebas y no sabíamos el volumen de personas que utilizarían esta línea. Se añadió a ello la huelga del transporte y el tema de la movilidad se complicó.

La gestión de las colas y el acceso de los congresistas al recinto con seguridad es un reto con respecto al tema del terrorismo. Desde el año 2015, identificamos a todos los participantes, hemos aumentado el número de efectivos y hemos extremado las medidas de seguridad con elementos de contención en los accesos: pilonas, arcos detectores, escáneres, perros, etc.

Los consejos de seguridad que hacemos llegar a los congresistas desde la PG-ME pensamos que son una buena medida para evitar que se conviertan en víctimas de hechos delictivos. La prevención es una buena herramienta y trabajamos en ella antes del congreso reuniéndonos con los gremios de hoteles, de restauración, turismo y otros operadores.

 ¿Os habéis inspirado u os inspiráis en algún otro tipo de acontecimiento parecido a la hora de innovar en las medidas de prevención y seguridad? Y, al revés, ¿otros cuerpos de seguridad o acontecimientos parecidos se han interesado por la tarea que lleváis a cabo aquí?

La experiencia en otros acontecimientos o dispositivos en que trabajamos la PG-ME nos inspira para desarrollar el Plan director de seguridad del MWC. Se trata de un documento que describe en ocho programas cada una de las particularidades de los dispositivos de seguridad, el número de efectivos de cada especialidad, la ubicación, los horarios de trabajo y otras características técnicas. Lo que creo que hay que destacar del PDS es que participan en él otros operadores externos a la PG-ME, una manera integradora y transversal de trabajar con otras administraciones y particulares. Ha habido interés por esta manera de trabajar y otras policías han reproducido el modelo del PDS.

 ¿Por el hecho de ser la primera mujer comisaria de la PG-ME, qué valoración hace respecto al papel de la mujer en un cuerpo policial como los Mossos d’Esquadra?

La valoración que hago como mujer mando es que hay que apostar todavía más por la equidad de género dentro de la policía en todas las escalas, también en la de mandos, donde el impacto de la toma de decisiones es tangible. Hay recorrido para hacer. Una policía del siglo XXI es necesario que sea abierta y esté preparada para alcanzar los retos que se nos presentan. La visión de la mujer es muy importante en el desarrollo de las políticas de seguridad.

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