Se ha encendido la alarma en Estados Unidos: el uso de nitacenos, una clase de opiáceos sintéticos, está aumentando.[1] Esta circunstancia debe llevar a repensar las políticas de tratamiento y respuesta ante este tipo de drogas. La droga puede encontrarse en polvo, en pastillas o en líquido y puede mezclarse con otras drogas como la heroína, el fentanilo o las benzodiacepinas.

La respuesta al uso del fentanilo ya había planteado problemas, porque las dosis necesarias de naloxona para corregir las sobredosis de fentanilo deben ser mucho más elevadas que en el caso de la heroína. Ahora, los nitacenos plantean un reto aún mayor, porque se trata de unos opiáceos más potentes que el fentanilo. El consumo de esta nueva droga ya ha provocado varias muertes por sobredosis en Estados Unidos. La clase más potente de nitacenos es cuarenta veces más fuerte que el fentanilo y miles de veces más fuerte que la morfina. La peligrosidad de este nuevo opiáceo ha comportado que no se haya admitido su uso terapéutico en ningún caso, al contrario que el fentanilo, que sí se ha admitido su uso clínico.
Existe un uso inconsciente de nitacenos, ya que la gente desconoce que está presente en otras drogas que consume. No existen tests que detecten los niveles de nitacenos como sí existen para detectar el fentanilo. Al igual que este último opiáceo, los nitacenos debilitan a las personas que lo consumen. Así, podemos encontrar a personas que consumen heroína y tienen un trabajo estable, pero en cambio esta situación es mucho más difícil de encontrar en el caso del fentanilo y los nitacenos.
Actualmente los instrumentos para detectar los nitacenos son deficientes o inexistentes, especialmente en Estados Unidos, donde no se llevan a cabo análisis de las aguas residuales, como sí se hace en los países de la Unión Europea. La detección en la sangre de las personas que lo ingieren es difícil porque desaparece muy rápidamente, por lo que la detección en las aguas residuales resulta extremadamente necesaria.
Parece ser que China es la principal fuente de precursores de nitacenos, que son transportados por barco hasta México y después entran ilícitamente a Estados Unidos.
[1]Vid. Even worse than fentanyls ”: nitazenes in the USA – The Lancet
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