Los drones o sistemas de aeronaves no tripuladas (UAS), que están siendo usados como herramienta para hacer contrabando, suponen actualmente una amenaza real en los centros penitenciarios estadounidenses. Así lo considero un informe de la Criminal Justice Testing and Evaluation Consortium.

Hasta el momento, se han utilizado algunas estrategias exitosas para reducir la entrada de contrabando en las instalaciones carcelarias, fruto de combinar soluciones basadas en tecnología con políticas y procedimientos asociados.
El problema radica en que las complejidades técnicas, limitaciones legislativas, normas y regulaciones limitan la capacidad de respuesta de las agencias correccionales.
Según el documento, las opciones a la hora de planificar la amenaza del contrabando por parte de drones son diversas, pero las soluciones deben centrarse en la detección basada en la tecnología para apoyar la mejora de las potencialidades de las instalaciones presidiarias.
Además, habría que clarificar de qué se está hablando, ya que existe una variedad de términos que se asocia a los drones y se utiliza indistintamente pero convendría definirlos, por motivos de coherencia.
Por una parte, existe el UAS, que es un sistema aéreo no tripulado. El sUAS, que es un vehículo aéreo pequeño no tripulado o un dron que pesa menos de 25 kilos. Por último, el C-UAS, que es un sistema o dispositivo capaz de desactivar o interrumpir, de forma legal y segura, el control de una aeronave no tripulada.
El informe profundiza en las tres principales amenazas que pueden causar los drones en los centros penitenciarios:
- Cargas útiles de contrabando: los drones son capaces de transportar y lanzar contrabando en las instalaciones correccionales.
- Perturbación intencionada: los drones se pueden utilizar para crear algún tipo de distracción a fin de aumentar las posibilidades de infiltración o contrabando mediante otros métodos, mientras seguridad reacciona al incidente.
- Vigilancia y reconocimiento: los drones pueden controlar un área sin detección con el fin de prepararse para futuras intervenciones legales o ilegales.
A pesar de las innovaciones y prácticas correccionales sólidas, se desarrollan constantemente métodos nuevos e inventivos empleados por personas encarceladas o por conspiradores para introducir contrabando en centros penitenciarios.
Las nuevas tecnologías que se están aplicando en el diseño de los drones y el software asociado habilitan nuevos esfuerzos y capacidades en constante evolución.
De hecho, el Departamento de Justicia contabilizó que entre los años 2015 y 2019, las prisiones federales reportaron 130 incidentes con drones. Casi la totalidad de estas incursiones en las cárceles fueron para lanzar artículos de contrabando, como teléfonos móviles, tarjetas SIM, drogas, herramientas para ayudar a preparar una fuga de la cárcel y todo tipo de armas.
Aunque se reportaron 130 incidentes con drones, se considera que realmente sucedieron muchos más, ya que en estos años no se empleaba tecnología de detección, por lo que el número de incursiones de drones informadas se basó, principalmente, en observaciones visuales informadas por el personal de vigilancia de las prisiones.
Cabe subrayar que Estados Unidos tiene actualmente 7.100 prisiones entre centros federales, estatales, locales o militares.
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