Una contraseña débil. Esto es todo lo que necesitó a un grupo de piratas informáticos para destruir una empresa británica con 158 años de historia y dejar a 700 personas sin trabajo.

La empresa de transportes KNP, con sede en Northamptonshire, es un ejemplo trágico de cómo los ciberataques pueden hacer caer incluso negocios consolidados. El caso revela una realidad inquietante: miles de empresas en el Reino Unido son víctimas de ransomware, una de las amenazas del cibercrimen más importantes hoy día.
En el año 2023, KNP gestionaba una flota de 500 camiones bajo la marca Knights of Old. A pesar de cumplir los estándares de seguridad informática y disponer de un seguro contra ciberataques, la empresa fue víctima de un grupo llamado Akira.
Tal como explica Richard Bilton para BBC Panorama, los hackers accedieron al sistema adivinando la contraseña de un empleado. Una vez dentro, cifraron todos los datos y bloquearon los sistemas internos, lo que dejó la empresa totalmente paralizada.
Aunque no se especificó una cifra, una empresa especializada en negociación de rescate estimó que la demanda podría llegar a los 5 millones de libras. KNP no pudo pagarlo, se perdieron todos los datos y la empresa fue a la quiebra.
Richard Horne, CEO del Centro Nacional de Ciberseguridad (NCSC), advierte que hace falta una respuesta urgente y que las empresas tienen que tomar medidas serias para proteger sus sistemas y negocios.
El NCSC, que forma parte de la GCHQ (Government Code and Cypher School), la agencia de inteligencia del Reino Unido, recibe informes de un gran ciberataque cada día. Sus equipos intentan detectar y frenar a los hackers antes de que puedan desplegar el ransomware, pero la tarea es titánica.
Según el gobierno británico, el año pasado se produjeron 19.000 ataques de ransomware. La media de demanda es de unos 4 millones de libras, y aproximadamente un tercio de las empresas acaban pagando.
Este tipo de ingeniería social fue el método utilizado en el caso del ataque a Marks & Spencer, en el que los atacantes consiguieron acceder a los sistemas mediante la manipulación telefónica.
Según los expertos, muchos de los nuevos hackers empiezan en el mundo del juego y acaban utilizando sus habilidades en el cibercrimen. El ransomware se puede comprar fácilmente a la web oscura, y es una vía rápida para obtener grandes sumas de dinero con poco riesgo de ser atrapados.
El gobierno propone ahora prohibir a las entidades públicas pagar rescates y que las empresas privadas tengan que notificar cualquier ataque y obtener permiso para hacer cualquier pago.
Después de perder la empresa, Paul Abbott, director de KNP, ha empezado a realizar charlas de concienciación y afirma que las empresas deberían demostrar que tienen los sistemas actualizados, como una especie de ciber-MOT (como la ITV de la seguridad digital).
El consultor Paul Cashmore, que asesoró KNP después del ataque, asegura que estos ataques son obra del crimen organizado, y que se está haciendo muy poco para atrapar a los autores.
El caso de KNP es un aviso para todas las empresas: una sola contraseña débil puede tener consecuencias desastrosas. En un entorno cada vez más digitalizado, la ciberseguridad no es una opción, es una necesidad crítica.
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