Cómo promover enfoques de seguridad pública equilibrados y eficaces en América Latina

En los debates sobre seguridad pública en América Latina, con demasiada frecuencia se plantea un falso dilema: o bien “mano dura” contra el crimen o bien abordar las causas estructurales de la violencia. Esta dicotomía simplifica una realidad mucho más compleja. Las políticas realmente eficaces no eligen entre represión o prevención, sino que combinan la capacidad de actuar con urgencia con estrategias sostenibles que refuerzan la justicia, la legitimidad institucional y la cohesión social.

En contextos de inseguridad crónica, la demanda de resultados inmediatos es comprensible. Cuando las familias viven con miedo diario, las respuestas rápidas y visibles generan alivio tangible. La reciente experiencia de El Salvador, con la declaración de un estado de excepción y la aplicación de medidas masivas de encarcelamiento, ha sido presentada como ejemplo de éxito por la reducción drástica de los homicidios y otros delitos. Este enfoque ha incrementado el apoyo ciudadano al gobierno y ha reforzado la percepción de control. Sin embargo, también ha abierto un profundo debate sobre los costes en términos de proceso, derechos fundamentales y calidad democrática.

La “mano dura” resulta políticamente atractiva por tres motivos principales. Primero, ofrece resultados inmediatos en contextos marcados por la urgencia electoral y la presión mediática. Segundo, es fácil de comunicar: encarcelamientos, despliegues policiales y operativos masivos son acciones visibles y sencillas de explicar. Tercero, concentra poder en el Estado y reduce los espacios de rendición de cuentas. Sin embargo, las estrategias preventivas exigen coordinación interinstitucional, tiempo y una narrativa más sofisticada.

Ahora bien, la prevención social por sí sola tampoco es suficiente, especialmente en contextos con alta presencia de crimen organizado. La investigación internacional muestra que la reducción sostenida de la violencia requiere la integración efectiva del sistema de justicia penal con servicios sociales, programas comunitarios e intervenciones específicas sobre factores de riesgo. La clave no es debilitar al Estado, sino hacerlo más preciso, legítimo y estratégico.

La evidencia científica apunta a cuatro principios fundamentales para una política de seguridad equilibrada.

1. Focalización en personas, lugares y comportamientos de alto riesgo.

La violencia no se distribuye de forma homogénea: se concentra en grupos reducidos y en territorios específicos. Intervenciones basadas en datos -como las estrategias de disuasión focalizada aplicadas en ciudades como Boston u Oakland- han demostrado reducciones significativas de la violencia armada. En Chicago, programas que combinaban terapia cognitiva conductual con empleo juvenil redujeron de forma notable las detenciones por delitos violentos entre jóvenes de alto riesgo. Estas experiencias muestran que actuar con precisión es más eficaz que aplicar medidas indiscriminadas.

2. Fortalecer la capacidad comunitaria para prevenir conflictos.

Las organizaciones locales, mediadores, mentores y programas de justicia cívica son actores clave en la prevención. Iniciativas como el Sistema Distrital de Justicia de Bogotá o modelos de justicia cívica implementados en diversas ciudades de México han mejorado el acceso a la resolución de conflictos y la percepción de legitimidad institucional. Cuando las comunidades disponen de infraestructura social sólida, la violencia tiende a disminuir de forma sostenida.

3. Construir legitimidad mediante equidad y justicia procesal.

Las personas cumplen la ley no sólo por miedo al castigo, sino porque perciben a las autoridades como justas y respetuosas. Experiencias de capacitación policial en justicia procesal en la Ciudad de México han incrementado su satisfacción ciudadana y reducido las quejas. La legitimidad institucional es un activo estratégico: mejora la cooperación, facilita la investigación del delito y refuerza la cohesión social.

4. Intervenciones espaciales estratégicas.

La mejora del entorno físico -iluminación, recuperación de espacios degradados, creación de espacios verdes- puede reducir la violencia, especialmente en barrios de alto riesgo. Estas acciones son visibles, relativamente económicas y refuerzan la percepción de presencia institucional sin recurrir a la confrontación directa.

Más allá del contenido de las políticas, la comunicación es determinante. Los líderes locales deben evitar el marco polarizado de “tolerancia versus represión” y presentar la seguridad como condición para el desarrollo económico, la salud, la educación y la calidad democrática. El mensaje central debería ser que cuando la violencia está organizada, la respuesta también debe estarlo: coordinación entre policía, justicia, servicios sociales y comunidad.

Esto implica priorizar la precisión por encima de la dureza, combinar rendición de cuentas con oportunidades de reinserción y dar voz a mensajeros de confianza —alcaldes, mandos policiales, líderes vecinales o víctimas— que conecten con las preocupaciones reales de la ciudadanía.

En definitiva, superar el falso dilema entre mano dura y prevención resulta imprescindible para avanzar hacia modelos de seguridad más efectivos, justos y sostenibles. Las estrategias equilibradas no renuncian a la autoridad del estado, sino que la refuerzan a través de la legitimidad, evidencia y colaboración. La seguridad no es sólo ausencia de crimen, es la base sobre la que se construye la prosperidad y la confianza democrática.

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Aumento de la violencia y de los delitos sexuales en las estaciones de tren de Alemania: datos, causas y retos

El informe anual 2024 de la Policía Federal alemana dibuja un panorama preocupante en materia de seguridad, especialmente en las estaciones de tren y en el transporte ferroviario. Aunque la delincuencia global ha disminuido, los delitos que generan más alarma social –violentos y sexuales– han aumentado de forma significativa, confirmando una tendencia al alza iniciada en los últimos años.

Según el informe, en 2024 se registraron 27.160 delitos violentos en estaciones y trenes, un 6% más que el año anterior y un 51% más que en 2019. Este incremento no se limita a las grandes ciudades, sino que afecta también a estaciones medias, pequeñas e incluso zonas rurales, lo que indica una extensión territorial. Paralelamente, los delitos sexuales -como el exhibicionismo, el acoso sexual, las agresiones y las violaciones- aumentaron un 19,2%, un dato especialmente relevante por el impacto directo en la percepción de inseguridad, especialmente entre mujeres y colectivos vulnerables.

En conjunto, la Policía Federal registró 381.894 delitos en estaciones y trenes, una cifra que representa un descenso global del 10,1% respecto a 2023. Esta aparente contradicción se explica porque la reducción afecta principalmente a infracciones administrativas, sobre todo las relacionadas con la Ley de Residencia, mientras que los delitos graves siguen creciendo. Así lo subraya Manuel Ostermann, vicepresidente de la Unión Federal de Policía, quien alerta de que allí donde realmente importa —violencia, delitos sexuales y armas— la situación empeora.

A nivel nacional, la tendencia se repite: los delitos violentos han aumentado un 6,6% y los sexuales un 13% en toda Alemania. Hay que tener en cuenta que estos datos sólo recogen delitos denunciados y no ofrecen información sobre procesos judiciales o condenas, limitando la interpretación completa del fenómeno.

Por lo que respecta a las causas, el informe y las declaraciones sindicales apuntan a diversos factores estructurales. Por un lado, se señala un aumento de la marginación social, con personas cada vez más desatendidas por la carencia de infraestructuras sociales como servicios sociales, educadores y profesores. Este contexto favorece la exclusión, la violencia doméstica y el consumo de alcohol y drogas, elementos que aparecen de forma recurrente en el perfil de los agresores.

Los datos confirman que el 79% de los autores son varones, y que casi la mitad (49%) actuaban bajo los efectos del alcohol o las drogas en el momento del delito. Además, el 53% carecía de nacionalidad alemana, un dato que ha alimentado el debate político y social sobre inmigración y seguridad. Ostermann atribuye parte del problema a la inmigración procedente de los principales países de asilo, aunque este enfoque es controvertido y no siempre contempla factores socioeconómicos, de integración o de contexto vital.

La violencia no sólo afecta a los ciudadanos, sino también a los cuerpos policiales. En 2024 se registraron 2.967 agresiones contra policías federales, la segunda cifra más alta desde que existen registros (2001). En total, 804 agentes resultaron heridos, mayoritariamente varones. Las agresiones incluyen puñetazos, patadas, escupitajos, mordeduras y golpes con objetos, y en una de cada ocho se utilizaron objetos como armas improvisadas, como por ejemplo botellas o piedras.

Ante esta situación, la Policía Federal y Deutsche Bahn han reforzado las medidas de seguridad con mayor presencia policial, zonas sin armas, controles preventivos y un sistema de más de 11.000 cámaras de vigilancia. Sin embargo, los sindicatos policiales reclaman un mayor compromiso por parte de la empresa ferroviaria, con más personal de seguridad privado, estaciones mejor iluminadas, limpias y modernizadas, y una inversión más rápida en infraestructuras.

El ministro del Interior, Alexander Dobrindt (CSU), ha calificado los ataques a los policías como un ataque a la sociedad en su conjunto, mientras que Ostermann advierte que se ha perdido mucho en los últimos diez años y que Alemania se enfrenta a años oscuros en materia de seguridad si no hay una mejora real en tecnología, marco legal, recursos humanos y cooperación entre gobierno.

En conclusión, el informe transmite un mensaje claro: pese a la reducción de la delincuencia global, la seguridad empeora justo en los ámbitos más sensibles. Las estaciones de tren, espacios clave de movilidad y convivencia, se han convertido en puntos críticos que exigen respuestas integrales, combinando prevención social, inversión en seguridad, coordinación institucional y políticas a largo plazo que vayan más allá de medidas reactivas.

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Informe sobre el complejo sistema de prisiones estadounidense

El informe Mass Incarceration: The Whole Pie 2025, elaborado por Wendy Sawyer y Peter Wagner, ofrece una visión global y rigurosa del sistema de encarcelamiento en Estados Unidos, con el objetivo de desmontar mitos persistentes y aportar datos claros en un debate cada vez más politizado. En un contexto en el que la seguridad se utiliza a menudo para justificar políticas punitivas, el estudio demuestra que muchas de estas medidas no sólo son ineficaces, sino que pueden empeorar la seguridad pública.

Actualmente, casi 2 millones de personas están privadas de libertad en EE.UU. en un mosaico de sistemas (cárceles estatales y federales, prisiones locales, centros juveniles, detención de inmigración, hospitales psiquiátricos y otros), con un coste anual mínimo de 182.000 millones de dólares. Sin embargo, estas cifras no reflejan la enorme rotación del sistema: cada año, más de 7 millones de personas pasan por la cárcel preventiva, a menudo por delitos menores o sin condena firme.

Uno de los puntos clave del informe es que la mayoría de personas en las cárceles locales (jails) no han sido condenadas. Están en prisión preventiva porque no pueden pagar la fianza, no porque representen un peligro inmediato. Este uso extensivo de la detención previa al juicio tiene un impacto directo en la seguridad: rompe vínculos familiares y laborales, agrava problemas de salud mental y aumenta la probabilidad de reincidencia.

El estudio también desmiente la idea de que la masificación penitenciaria sea principalmente consecuencia de la guerra contra las drogas o de las prisiones privadas. Aunque los delitos relacionados con drogas siguen siendo relevantes (más de 360.000 personas encarceladas), 4 de cada 5 personas encarceladas lo están por otros tipos de delitos. Además, casi la mitad de la población reclusa está clasificada bajo la categoría legal de delitos violentos, una etiqueta a menudo engañosa que incluye conductos sin daño físico real.

Desde el punto de vista de la seguridad, una de las conclusiones más importantes es que el encarcelamiento masivo no reduce el crimen. Los datos muestran que los índices de criminalidad están en mínimos históricos, a pesar de los discursos políticos alarmistas. Además, las penas largas y las duras condiciones de reclusión no tienen efecto disuasorio y pueden tener un impacto criminógeno, aumentando el riesgo de delitos futuros una vez la persona es liberada.

Por último, el informe alerta contra el uso de prisiones como sustituto de servicios sociales y sanitarios. Las prisiones no son espacios adecuados para el tratamiento de trastornos mentales ni adicciones, y el fracaso en este ámbito tiene consecuencias directas para la seguridad colectiva.

En conjunto, The Whole Pie 2025 defiende que reducir el encarcelamiento de forma inteligente es una estrategia de seguridad, no una amenaza. Las políticas basadas en datos, prevención, servicios comunitarios y respuestas proporcionadas al delito son mucho más efectivas para construir sociedades seguras que la lógica del castigo masivo.

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Informe de Europol: tácticas en evolución en las operaciones de tráfico marítimo de cocaína

Un nuevo informe de Europol, proporciona un análisis exhaustivo de las tácticas en evolución utilizadas por las redes criminales para traficar cocaína en Europa a través de rutas marítimas. El documento, “Diversificación en el tráfico marítimo de cocaína”, proporciona un análisis en profundidad de las tácticas cambiantes utilizadas por las redes de crimen organizado, que siguen explotando vulnerabilidades y evadiendo la detección.

El tráfico de cocaína en Europa ha alcanzado niveles sin precedentes, impulsado por la alta producción en Latinoamérica y la creciente demanda dentro de la UE. Las redes criminales han demostrado su capacidad para ajustar rápidamente las operaciones, fragmentando rutas y adoptando métodos de tráfico complejos y encubiertos. Este nuevo informe de Europol destaca el uso de semi sumergibles y otros buques no comerciales, así como la incorporación de cocaína en varios materiales de transporte antes del envío a Europa.

Las transferencias al mar suelen implicar a un barco madre de América Latina que transfiere cocaína a un barco hijo frente a la costa de África Occidental. La cocaína se desembarca en el África Occidental para su posterior envío a la UE continental o se envía a las Islas Canarias. Mediante embarcaciones hinchables de buque rígido, las redes criminales también transportan cocaína directamente a la España continental. Al llegar a la costa andaluza, las redes criminales utilizan el río Guadalquivir para transportar cocaína tierra adentro para su posterior distribución.

Un ejemplo destacado de estas tácticas en evolución se ilustra con una reciente operación con el nombre en clave de “Sombra Negra”, que expuso un cambio significativo en los métodos de tráfico de drogas. Liderada por las autoridades españolas y con el apoyo de Europol, esta operación resultó en la detención de 101 sospechosos y la incautación de más de 10 toneladas de cocaína en la Península Ibérica.

La operación puso de manifiesto un cambio en los métodos de tráfico de drogas, puesto que la red criminal se basaba en infraestructuras marítimas avanzadas para transportar grandes cantidades de cocaína desde Sudamérica hasta Europa a través de la Península Ibérica. Los sospechosos utilizaron embarcaciones de alta velocidad capaces de superar los 70 km/h y sistemas de comunicación cifrados complejos para evadir las fuerzas del orden. La operación supuso un golpe decisivo para una de las mayores organizaciones de tráfico de cocaína de Europa y subrayó un cambio regional del tráfico de cannabis al de cocaína.

Esta operación ejemplifica las principales conclusiones del informe, que incluyen:

• Rutas y métodos diversificados: las redes criminales están evitando los principales puertos comerciales mediante el uso de depósitos y transferencias al mar, semi sumergibles y embarcaciones no comerciales. Estos métodos les permiten evitar la presencia y controles de las fuerzas del orden, lo que dificulta la detección y la intercepción.

• Ocultación sofisticada: la cocaína se esconde cada vez más en equipos industriales, maquinaria y materiales de transporte tales como alimentos, plásticos y textiles. Estos métodos hacen que la detección mediante escáneres, perros rastreadores y pruebas forenses sea extremadamente difícil.

• Avances tecnológicos: las redes criminales están aprovechando tecnologías avanzadas, incluidos sistemas de comunicación cifrados, embarcaciones autónomas y drones, para mejorar sus operaciones y evadir la detección.

El informe también destaca la necesidad de mejorar la vigilancia marítima, las investigaciones financieras y la experiencia forense para exponer compartimentos ocultos, drogas incorporadas químicamente y laboratorios de extracción. Las colaboraciones entre las fuerzas del orden, las aduanas, las autoridades portuarias y el sector privado son esenciales para asegurar las cadenas de suministro y compartir datos en tiempo real.

La respuesta de Europol a la amenaza del tráfico de cocaína incluye el soporte operativo a través de su Unidad de Drogas específica, el apoyo analítico y de coordinación y el despliegue de expertos sobre el terreno. El papel estratégico de la Agencia en proporcionar una perspectiva de la UE sobre las diversas amenazas que representan las redes criminales de tráfico de drogas es crucial para identificar cambios en el comportamiento criminal y las rutas de tráfico.

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La contribución del NIST a la seguridad contra incendios: tecnología, táctica y resiliencia

La seguridad contra incendios ha experimentado una profunda transformación en las últimas décadas, impulsada en gran parte por la investigación científica del National Institute of Standards and Technology (NIST) de Estados Unidos. Ante la evolución de los edificios, los materiales combustibles y las condiciones operativas de los bomberos, el NIST ha aportado la base técnica necesaria para actualizar equipos, normas y estrategias de intervención, con un impacto directo en la protección de vidas humanas.

Uno de los ámbitos clave ha sido la evaluación del rendimiento del equipo utilizado en condiciones extremas. En el caso de las cámaras termográficas, el NIST desarrolló los primeros ensayos capaces de medir si estos dispositivos seguían detectando pequeñas diferencias de temperatura cuando la propia cámara estaba expuesta a temperaturas de hasta 260 °C. Esta investigación permitió establecer criterios objetivos de calidad garantizando que los bomberos dispongan de herramientas fiables en entornos hostiles.

En cuanto a las radios portátiles, los bomberos habían detectado fallos de comunicación durante los incendios. El NIST identificó que el origen del problema era el desvío de la frecuencia de transmisión a altas temperaturas.

Otro elemento crítico es el equipo de respiración autónoma (SCBA). Incidentes de viseras que se volvían opacas o se fundían llevaron al NIST a estudiar el efecto del flujo de calor radiante intenso. A partir de experimentos a escala real y simulaciones, se definieron nuevos ensayos y criterios de rendimiento, mejorando la protección y visibilidad de los bomberos durante la extinción.

Pese a la reducción del número de incendios estructurales desde finales del siglo XX, la mortalidad de los bomberos por incendio aumentó. El NIST demostró que este fenómeno estaba relacionado con cambios en la arquitectura (viviendas más grandes y estancas), el uso de materiales ligeros y el aumento de la carga de fuego de los muebles modernos.

La investigación introdujo el concepto de dinámica del fuego, destacando la importancia de la velocidad de crecimiento del incendio y del papel del oxígeno. Un incendio limitado por oxígeno puede intensificarse repentinamente cuando se abre una puerta o ventana, creando un camino de flujo por el que circulan calor y humo. El mensaje para los bomberos está claro: controlar las entradas de aire y evitar situarse en estos caminos de flujo.

Un ejemplo especialmente relevante es el de los incendios en sótanos. El NIST demostró que el fuego puede crecer violentamente bajo un suelo que, en la superficie, todavía parece seguro. Las pruebas evidenciaron que aplicar agua desde el exterior durante sólo 60 segundos podía reducir drásticamente el riesgo, cambiando tácticas históricas de ataque interior.

Los detectores de humo redujeron de forma notable las víctimas mortales desde los años setenta, pero los cambios en el diseño de las viviendas y en los materiales combustibles limitaron su eficacia. El NIST demostró que los modernos incendios ofrecen mucho menos tiempo para escapar y que las alarmas a menudo se desactivaban por falsas alarmas de cocina.

A partir de ensayos con muebles reales y escenarios de cocina, el NIST proporcionó los datos clave para desarrollar una nueva generación de pruebas. Desde el año 2024, todos los nuevos detectores deben cumplir una serie de requisitos, con el objetivo de aumentar el tiempo de evacuación y salvar vidas.

La expansión de la vivienda en zonas forestales ha incrementado drásticamente los riesgos de los incendios de la interfaz urbana-forestal. El NIST ha estudiado cómo el fuego se propaga por radiación, convección y, sobre todo, por brasas (firebrands), capaces de encender edificios a gran distancia.

Para analizar este fenómeno, el NIST creó el Firebrand Generator (NIST Dragon) y el Emberometer, herramientas que se han convertido en referencia internacional y base del estándar ISO 6021. Este conocimiento ha permitido definir criterios de diseño de fachadas, ventilaciones y entornos cercanos a los edificios.

A nivel comunitario, el NIST ha impulsado metodologías como la Hazard Mitigation Methodology (HMM) y el método ESCAPE (2023), que abordan tanto la resistencia de los edificios como la planificación urbana y la evacuación, ya adoptadas por diversas comunidades.

Por último, el National Fire Research Laboratory (NFRL) permite ensayar estructuras completas sometidas a fuego real y cargas mecánicas. Este enfoque supera los ensayos tradicionales y ayuda a entender cómo y cuándo se produce el colapso estructural, facilitando diseños más seguros, resilientes y eficientes.

En conjunto, el trabajo del NIST ejemplifica cómo la ciencia aplicada puede traducirse en normas, equipos y estrategias que mejoran la seguridad de los bomberos, reducen víctimas civiles y hacen a las comunidades más resistentes ante el fuego.

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Un nuevo informe de Europol explora el uso de la robótica y los sistemas no tripulados en la lucha contra la delincuencia

Europol ha publicado recientemente El(los) futuro(s) no tripulado(s): El impacto de la robótica y los sistemas no tripulados en las fuerzas del orden. El informe, elaborado por Europol Innovation Lab, proporciona un análisis en profundidad de cómo los sistemas no tripulados podrían cambiar la sociedad, la delincuencia y las fuerzas del orden, y analiza los retos y oportunidades que presentan.

El informe subraya el rápido avance y la integración de los sistemas no tripulados en varios sectores, incluidas las policías. A medida que estas tecnologías se vuelven más sofisticadas y generalizadas, ofrecen nuevas oportunidades para las operaciones de las fuerzas del orden y el soporte operativo. Sin embargo, también introducen nuevas amenazas a la seguridad, como el uso indebido por grupos criminales y terroristas, y retos normativos que las fuerzas del orden deben abordar para garantizar la seguridad pública y mantener la confianza.

Un capítulo del informe destaca el papel de la guerra como motor de la innovación en sistemas no tripulados. Los recientes conflictos, como la guerra de agresión rusa en curso contra Ucrania, han acelerado el desarrollo y el despliegue de sistemas no tripulados avanzados. Las lecciones aprendidas de estos conflictos son inestimables para las fuerzas del orden en Europa mientras se preparan para el entorno operativo futuro.

Los sistemas no tripulados son cada vez más útiles, asequibles y ampliamente disponibles, con aplicaciones tanto en el sector público como privado. Las policías de toda Europa están ampliando la adopción de estos sistemas, incluidos drones y robots, para mejorar la conciencia situacional, mejorar la seguridad y ampliar el alcance operativo. Estos sistemas se utilizan para una serie de tareas como la vigilancia, la cartografía de escenas de crímenes, las operaciones de búsqueda y rescate y la eliminación de artefactos explosivos, entre otros. Las tecnologías convergentes presentan una importante oportunidad para un avance en las capacidades de los sistemas no tripulados.

El informe destaca limitaciones técnicas significativas y lagunas reguladoras que dificultan el uso eficaz de los sistemas no tripulados en la aplicación de la ley. Problemas como la autonomía limitada, la dependencia de los proveedores industriales y la carencia de directrices claras para las operaciones autónomas representan retos sustanciales.

Los grupos criminales y terroristas están adoptando rápidamente sistemas no tripulados para actividades ilícitas. El informe advierte del potencial de que estos sistemas se utilizan para la vigilancia criminal, el contrabando e incluso los ataques. La creciente accesibilidad y versatilidad de los drones, en particular, presentan graves problemas de seguridad.

La confianza pública es crucial para la legitimidad de las capacidades de aplicación de la ley. El informe enfatiza la necesidad de transparencia, responsabilidad y participación pública en el despliegue de sistemas no tripulados. Las actuales regulaciones, a pesar de avanzar, todavía tienen lagunas, especialmente a la hora de abordar el uso no conforme o criminal.

El futuro de las fuerzas del orden requerirá una actuación policial en un espacio tridimensional, ya que los sistemas no tripulados operan en el aire y en el suelo, así como en el agua y bajo el agua. Este cambio requerirá nuevas estrategias, tecnologías y formación para los organismos encargados de la aplicación de la ley.

El informe proporciona un conjunto de recomendaciones para los organismos europeos encargados de la aplicación de la ley, incluido el desarrollo de una dirección estratégica, el establecimiento de un centro de competencias y la integración de sistemas no tripulados en los sistemas de información existentes. También pide inversiones en formación, educación e iniciativas de fomento de la confianza pública.

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Profundizando en los datos del Informe suplementario de homicidios del FBI

La edad media de asesinato en 2025 en Estados Unidos es de mayor edad que cualquiera de los años anteriores y hasta 1976, o al menos eso es lo que parecen mostrar los datos del FBI, según el investigador Jeff Asher.

La mejor fuente de datos sobre víctimas de asesinato en EE.UU. es el Informe suplementario de homicidios (SHR) del FBI. El SHR es una recopilación de datos sobre todas las víctimas de homicidio denunciadas en el FBI en un año determinado. Las agencias informan de detalles sobre el mes, la edad de la víctima y del delincuente, la raza y el sexo, las circunstancias detrás del asesinato y qué tipo de arma se utilizó.

El SHR es algo difícil de tratar. No todos los estados participan (por ejemplo, el estado de Florida no informa) y no todas las agencias informan cada año. Muchos ordenadores pueden gestionar hoy una hoja de cálculo de 20.000 filas y 100 bytes, pero el SHR se produce en formato ASCII que es increíblemente difícil de utilizar.

Afortunadamente (y esto es quedarse corto), Jacob Kaplan ha estudiado todos los datos antiguos del SHR que datan de 1976 al 2024 y ha hecho que todo el mundo pueda acceder de forma razonablemente fácil. Normalmente, entre el 80 y el 90 por ciento del número de asesinatos estimados cada año aparecen en el SHR, aunque esta cifra ha ido aumentando en los últimos años gracias a que Florida ha empezado a informar de nuevo. El aumento de 2024 probablemente refleja que la estimación de ese año debía revisarse al alza en varios cientos, pero más del 90 por ciento de los asesinatos del año pasado aparecían en el SHR.

El análisis de los datos de 2025 debe tomarse con pinzas porque los datos no están totalmente completos. Obviamente, el año no ha terminado, pero incluso las agencias que han informado no lo han hecho completamente. Sin embargo, es una gran victoria que los informes mensuales del FBI incluyan al SHR.

Si volvemos al SHR hasta 1976, se ve la tendencia de que la víctima media de asesinato está envejeciendo.

La víctima media de asesinato hasta ahora, durante este año en curso, es de casi 36 años, mayor edad que cualquiera de los últimos 50 años de recopilación de SHR. El año pasado, la víctima media de asesinato era ligeramente más joven, aunque es posible que la edad media de este año disminuya cuando los datos estén completamente reportados. Sea como fuere, la edad de las víctimas de asesinato del año 2024 y el 2025 fueron las más elevadas en más de medio siglo de recopilación de datos.

No es sólo una función de la peculiaridad de los datos del FBI. Los datos de homicidios de los CDC muestran un aumento similar de la edad de la víctima media de asesinato, que coincide casi exactamente con la edad media del FBI prácticamente todos los años desde 2001 (más alta debido a la inclusión del 11 de septiembre en los datos de los CDC).

Si desglosamos la proporción de víctimas de asesinato anual por rangos de edad, se muestra cómo poco más del 60% de las víctimas de asesinato de los últimos dos años tenían entre 18 y 44 años, una cantidad considerablemente menor que hace sólo cinco años.

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¿Alemania es un país seguro? Una ojeada a las estadísticas de criminalidad

Los titulares alarmistas sobre delitos, drogas y violencia urbana son habituales en los medios alemanes. Vídeos virales —como los del bloguero alemán de origen sudafricano Kurt Caz que muestran el conflictivo barrio de Bahnhofsviertel, en Frankfurt— refuerzan la percepción de que Alemania vive una crisis de seguridad. Sin embargo ¿qué dicen realmente los datos?

Bahnhofsviertel ha sido históricamente un distrito marginal, con una alta presencia de drogas y prostitución. La criminóloga Susanne Karstedt recuerda que esto atrae violencia y delitos relacionados con las drogas. Como en muchos otros países, las ciudades alemanas tienen una tasa de criminalidad más alta que las zonas rurales, especialmente en lugares con desigualdades sociales marcadas, como Berlín, Frankfurt o Bremen.

Sin embargo, Karstedt insiste en que Alemania es un país seguro. La criminalidad, en general, ha ido disminuyendo desde los años 80 y 90 del siglo pasado. La tecnología, como los sistemas de seguridad de los vehículos modernos, ha contribuido a dicha reducción.

Los periodistas Pere Hille y Kira Schact, desde dw.com, consideran que uno de los indicadores más útiles para comparar la seguridad entre países es la tasa de homicidios. Con 0,91 asesinatos por cada 100.000 habitantes, Alemania ocupaba el lugar 147 del mundo en el año 2024. Este dato la sitúa mucho por detrás de países como Sudáfrica (con más de 40 homicidios por cada 100.000 habitantes) o los Estados Unidos (5,76).

Hace dos décadas, Alemania tenía una tasa de homicidios mucho más alta (2,5), lo que demuestra una clara mejora. Ahora bien, se ha detectado un repunte reciente en los delitos violentos, sobre todo entre hombres jóvenes, un grupo que a menudo está afectado por unas condiciones sociales complicadas.

Los debates sobre migración y delincuencia a menudo generan polémica. Pero Karstedt afirma que no hay una relación directa entre ser migrante y cometer delitos. De hecho, varios estudios demuestran que los migrantes, en general, cometen menos delitos que los ciudadanos nativos. Lo que sí que influye son factores sociales como la falta de oportunidades, el paro o el nivel educativo.

Además, muchos migrantes viven en entornos urbanos, donde la criminalidad es estadísticamente más alta. Gina Rosa Wollinger, criminóloga de Colonia, destaca que esto puede distorsionar la percepción pública, ya que no es la migración en sí lo que explica la delincuencia, sino el contexto en que viven estas personas.

Los estudios sobre criminalidad juvenil confirman que las causas de la violencia son las mismas para jóvenes alemanes y no alemanes. Pero hay un mayor riesgo entre los jóvenes migrantes, especialmente si han vivido experiencias traumáticas de guerra o de exclusión social.

Las estadísticas oficiales del delito en Alemania provienen de la Oficina Federal de Policía Criminal (BKA). Sin embargo, dichos datos solo incluyen los casos denunciados. La violencia doméstica o las agresiones sexuales a menudo no se reprimen, especialmente en las zonas rurales o en las relaciones de proximidad (familiares, profesores, entrenadores, etc.).

Karstedt destaca que la mayoría de las agresiones sexuales no son cometidas por desconocidos, sino por alguien próximo a la víctima. Casos como los de la noche de Fin de Año de 2015 en Colonia, en la que decenas de mujeres fueron agredidas por desconocidos, son la excepción, no la norma.

Karstedt —que vive en Australia, pero visita a menudo Hamburgo, su ciudad natal— afirma que siempre se ha sentido segura, incluso en el transporte público. A pesar de reconocer que Alemania puede parecer menos amable que otros países, remarca que es un país seguro.

La percepción pública a menudo está influenciada por noticias sensacionalistas y vídeos virales. Aunque hay retos sociales y repuntes puntuales de delincuencia, los datos muestran que Alemania sigue siendo uno de los países más seguros del mundo.

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La Oficina de Derechos Fundamentales de Frontex publica el Informe anual de 2024

La Oficina de Derechos Fundamentales de Frontex ha publicado el Informe anual de 2024, que ofrece una visión de cómo se protegen los derechos en las fronteras exteriores de la Unión Europea y en qué puntos persisten las preocupaciones. El informe destaca que la Oficina da forma a las operaciones integrando la protección de los derechos en todas las áreas de trabajo de Frontex, incluyendo los retornos, la vigilancia y la cooperación con las autoridades nacionales.

Las tensiones geopolíticas, la guerra, los disturbios y los desastres naturales han estado configurando la situación en las fronteras de Europa. Estas presiones, que todavía persisten, hacen que la tarea de la Oficina sea todavía más importante.

En 2024 los observadores de los derechos fundamentales pasaron casi 2.000 días sobre el terreno, en más de 20 países. Se publicaron en torno a 50 informes de incidentes graves y se gestionaron cerca de 100 quejas. Se dedicaron más de 500 jornadas de campo a la formación y se supervisaron más de 200 operaciones de retorno, conjuntamente con expertos nacionales.

El informe también refleja la influencia creciente de la Oficina de Derechos Fundamentales dentro de Frontex. La Oficina trabaja estrechamente con la estructura de mando operativo de la agencia, y ayuda a tomar decisiones desde el principio. Su estrategia a largo plazo tiene como objetivo garantizar que la protección de los derechos se integre en todas las actividades de Frontex.

El Informe anual cubre la supervisión en las fronteras de la Unión Europea y en otros países, las actividades de retorno, los mecanismos de responsabilidad, las funciones de asesoramiento, la cooperación y la formación. Proporciona datos concretos sobre el impacto creciente de la Oficina dentro de Frontex y en la manera como los estados miembros abordan la gestión de las fronteras.

El informe está dirigido tanto a los expertos como al público general y contribuye a un debate más amplio sobre cómo gestionar las fronteras de Europa a la vez que se respetan los valores y las obligaciones legales europeas.

Este informe está estructurado en cinco capítulos que recogen dicha tarea.

El capítulo 1 presenta las principales conclusiones derivadas del seguimiento de las actividades en las fronteras exteriores y en otros países.

El capítulo 2 cubre el seguimiento de las operaciones de retorno, las principales recomendaciones sobre las operaciones de retorno por vía aérea y el programa de reintegro de Frontex.

El capítulo 3, sobre los mecanismos de rendición de cuentas y el uso de la fuerza, describe las principales conclusiones de los dos principales mecanismos de rendición de cuentas bajo el mandato de la Oficina de Derechos Fundamentales de Frontex: la gestión de las quejas y los informes de incidentes graves.

El capítulo 4 se centra en las funciones asesoras de la Oficina y la cooperación. Proporciona una visión general del asesoramiento proporcionado sobre las actividades operativas y las preocupaciones sobre derechos fundamentales, y de la cooperación con terceros países y el análisis de riesgos. También presenta el plan de acción sobre derechos fundamentales de la agencia y la estrategia técnica y operativa sobre la gestión integrada de las fronteras europeas, entre otros marcos políticos relevantes para el cumplimiento de los derechos fundamentales por parte de la comunidad europea de guardia de fronteras y costas.

El capítulo 5 presenta el compromiso de la Oficina en términos de formación y desarrollo de capacidades, con actividades dirigidas a las partes interesadas internas y externas, a menudo organizadas en cooperación con socios externos.

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Hospitalizaciones por lesiones por arma de fuego en los Estados Unidos

Los datos precisos sobre las lesiones por armas de fuego en los Estados Unidos son fundamentales para entender mejor el coste total o la carga social de la violencia con armas de fuego. Sin embargo, no hay un único recurso que proporcione estimaciones fiables de este tipo de lesiones en aquel país. Los datos son escasos y, en algunos casos, son demasiado costosos para la mayoría de los investigadores.

Esta falta de información limita la capacidad de los investigadores para responder preguntas básicas sobre la violencia con armas de fuego, como por ejemplo, si las tendencias en este tipo de lesiones están cambiando con el tiempo o si las estrategias para reducir los daños son efectivas.

Como parte de la iniciativa Gun Policy in America, los investigadores de RAND desarrollaron una base de datos longitudinal de estimaciones en el ámbito nacional de hospitalizaciones por lesiones no mortales por arma de fuego entre los años 2000 y 2022.

Estas estimaciones se basan en varias fuentes de datos, la mayor de las cuales son los resúmenes de las bases de datos nacionales de hospitalización (SID), que se complementan con otros datos del departamento de salud nacional. Las estimaciones no incluyen las visitas al servicio de urgencias que no conllevan una hospitalización posterior o las lesiones por arma de fuego para las que no se busca una atención médica hospitalaria.

Se estima que entre los años 2000 y 2022 hubo 728.617 hospitalizaciones por lesiones no mortales por armas de fuego en todo el país, lo quiere decir una media anual de unas 31.600 lesiones no mortales en los Estados Unidos.

Los datos también revelan diferencias sustanciales en la tasa de hospitalizaciones por lesiones por armas de fuego no mortales entre los estados y tendencias nacionales relativamente estables. Estos datos podrían ayudar a responder preguntas sobre los efectos de las políticas estatales y el coste social de las lesiones por armas de fuego para los estados y el país.

Datos y metodología

El modelo utilizado de hospitalizaciones por lesiones por arma de fuego no mortales combinaba datos del SID que estaban disponibles a través del Healthcare Cost and Utilization Project (HCUP), datos del SID estatales completos, datos disponibles a través de los portales web del departamento de salud nacional sobre hospitalización y datos proporcionados por los departamentos de salud estatales en respuesta a las solicitudes directas del equipo de estudio.

Los años con datos que faltan sobre el número de hospitalizaciones por lesiones por arma de fuego se imputaron mediante covariables hipotéticas asociadas a las hospitalizaciones por arma de fuego. Estas covariables incluían la tasa de mortalidad por armas de fuego no suicidas; la tasa de muertes por armas de fuego en las instalaciones médicas; la tasa de delitos violentos denunciados y las características demográficas, económicas y sociales anuales en el ámbito nacional.

Tanto la imputación de los datos de hospitalización que faltan como la corrección de los datos del mecanismo de lesión incompleta se estimaron simultáneamente en un modelo de regresión bayesiana. Dicho modelo utiliza una estructura de error compleja que se diseñó para capturar las características clave de los datos de hospitalización, incluida la mayor variancia en las tasas de hospitalización por armas de fuego para años menos poblados y la correlación de valores dentro de cada estado a lo largo del tiempo. Se crearon múltiples conjuntos de datos de imputación mediante muestreo de la distribución predictiva posterior del modelo.

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