Dos nuevos estudios revelan que la inteligencia artificial se puede utilizar para fomentar la violencia de género y el abuso sexual

La investigadora Clare McGlynn, experta en violencia contra mujeres y niñas, alerta de que la última generación de chatbots de inteligencia artificial (IA) está facilitando nuevas formas de abuso de una escala e intensidad preocupantes. Aunque la relación entre tecnología y violencia de género no es nueva —tenemos, por ejemplo, los deep fake sexuales o el abuso basado en imágenes—, McGlynn considera que los chatbots representan un cambio cualitativo. Su investigación documenta que estas herramientas, a menudo accesibles de manera gratuita, permiten a los usuarios simular escenarios de violación, incesto y abuso sexual infantil, así como otras formas de violencia de género.

Tal como informa Patricia Clarke en observer.co.uk, este informe coincide con una investigación de la Internet Watch Foundation (IWF), que denuncia un crecimiento rápido del material de abuso sexual infantil generado por IA. Los datos son especialmente alarmantes: en el 2025 se identificaron miles de vídeos generados por IA, con un incremento exponencial respecto del año anterior. Además, una proporción significativa de este contenido se clasifica en los niveles más extremos de gravedad. Las niñas representan la inmensa mayoría de las víctimas, lo que evidencia un claro sesgo de género en los daños producidos.

Los informes coinciden en señalar que el problema no es solo el uso indebido de la tecnología, sino también las decisiones de diseño de las plataformas. Cuando las empresas priorizan el crecimiento y la captación de usuarios por encima de la seguridad, crean entornos que facilitan el abuso. En particular, los modelos de IA de código abierto son un factor de riesgo, ya que cualquier usuario puede descargarlos, modificarlos y eliminar las salvaguardias. Esta accesibilidad ha sido celebrada en foros de la web oscura (dark web), en la que algunos usuarios ven la IA como una herramienta para materializar fantasías ilegales con un alto grado de realismo.

Uno de los ámbitos más preocupantes es el de las aplicaciones de rol y compañía, en la que los chatbots de conversación actúan como interlocutores ficticios. Plataformas con millones de usuarios permiten crear personajes que pueden representar situaciones abusivas o sexualizadas, incluyendo menores. La falta de control efectivo sobre estos contenidos y la facilidad para acceder a ellos amplifican sus riesgos, especialmente para usuarios jóvenes. 

McGlynn define este fenómeno como “violencia simulada por chatbots” y destaca que es un problema todavía poco visible en la investigación académica. A pesar de la abundancia de estudios sobre seguridad en IA, hay una falta significativa de análisis centrado en el impacto de género. Esta invisibilidad puede contribuir a perpetuar riesgos sistémicos a medida que la tecnología evoluciona.

Con respecto a la regulación, los expertos consideran que la respuesta actual es insuficiente y fragmentada. Algunas medidas, como restringir el acceso a determinadas aplicaciones o prohibirlas en ciertos países, se consideran pasos limitados que no abordan el problema estructural: el propio diseño de las plataformas. En este contexto, McGlynn propone crear un nuevo delito penal para el despliegue peligroso de chatbots de IA, que responsabilice a las empresas de que no implementen medidas adecuadas para prevenir sus daños. Paralelamente, la IWF reclama que la seguridad por diseño se convierta en un estándar obligatorio, que incluya pruebas previas al lanzamiento y mecanismos de auditoría independientes.

También se están produciendo movimientos en el ámbito político: en el Reino Unido, la Cámara de los Lores ha propuesto introducir responsabilidades penales para los proveedores de chatbots inseguros, y se plantea incluir estos servicios dentro de la legislación de seguridad en línea. No obstante, los críticos señalan que todavía falta un regulador específico y obligaciones claras que garanticen la seguridad antes de que los productos lleguen al público.

En definitiva, los informes ponen de manifiesto una tensión creciente entre la innovación tecnológica y la protección de los derechos fundamentales. Sin intervenciones más contundentes, está el riesgo de que la IA no solo refleje formas de violencia existentes, especialmente contra mujeres y niñas, sino que también las amplifique. Para los profesionales de la seguridad, esto implica la necesidad de adoptar un enfoque proactivo, basado en la prevención, la responsabilidad y el diseño ético de las tecnologías emergentes.

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Evolución de la criminalidad en los Estados Unidos en 2024: una tendencia a la baja

El año 2024 ha confirmado una tendencia positiva en materia de seguridad en los Estados Unidos, con una disminución generalizada tanto de los delitos violentos como de los delitos contra la propiedad. Según los datos oficiales basados en los incidentes registrados por las fuerzas de seguridad, la criminalidad muestra un descenso significativo en comparación con el año 2023, consolidando una mejora que afecta prácticamente a todas las categorías analizadas.

Con respecto a los delitos violentos —que incluyen homicidios, violaciones, robos con violencia y agresiones agravadas—, la tasa global se ha situado en 370,8 incidentes por cada 100.000 habitantes, lo que representa una reducción del 6 % con respecto al año anterior. Esta disminución no es homogénea, pero sí generalizada: todas las tipologías de delitos violentos han experimentado una caída.

Destaca especialmente la reducción de los homicidios, que han bajado un 16 %, pasando a una tasa de 5,1 por cada 100.000 habitantes. Este descenso es especialmente relevante, ya que se trata del delito con más impacto social y mediático. También se observa una disminución en los robos (−9 %), las violaciones (−6 %) y las agresiones agravadas (−5 %), aunque estas últimas siguen siendo el tipo de delito violento más frecuente.

En paralelo, los delitos contra la propiedad —que incluyen robos con fuerza (burglary), hurtos y robos de vehículos— también han experimentado una reducción notable. La tasa global ha disminuido un 9 %, pasando de 2.019,7 a 1.835,1 incidentes por cada 100.000 habitantes. Entre ellos, el descenso más destacado corresponde al robo de vehículos, con una caída del 19 %, seguido de los hurtos y de los robos con fuerza, que también muestran una evolución a la baja.

Estos datos no solo reflejan una reducción en el número de delitos, sino también en la victimización, es decir, en el número de personas afectadas. La tasa de victimización por delitos violentos ha disminuido hasta 376,9 por cada 100.000 habitantes, mientras que la victimización por delitos contra la propiedad ha caído un 12 %. Esto indica que la mejora no es solo estadística, sino que tiene un impacto real en la seguridad percibida por la población.

A pesar de esta tendencia positiva, el análisis territorial revela diferencias importantes entre estados. Algunos, como Nuevo México, presentan tasas muy superiores a la media nacional tanto en delitos violentos como en delitos contra la propiedad. En cambio, otros estados como Maine o Idaho registran niveles considerablemente más bajos. En total, 14 estados superan la media nacional en delitos violentos y 16 en delitos contra la propiedad, hecho que pone de manifiesto la persistencia de desigualdades regionales en materia de seguridad.

Con respecto a las características de las víctimas, los datos muestran una disminución de la victimización en varios grupos demográficos, incluyendo personas blancas, negras y asiáticas. No obstante, no se han detectado cambios estadísticamente significativos en otros colectivos, como las personas hispanas o las poblaciones nativas americanas, lo cual apunta a la necesidad de seguir profundizando en políticas de seguridad más inclusivas y específicas.

En conjunto, los resultados de 2024 sugieren una evolución favorable de la criminalidad en los Estados Unidos, con descensos consistentes en casi todos los indicadores principales. Sin embargo, la persistencia de diferencias territoriales y demográficas indica que todavía hay retos importantes por abordar. Desde una perspectiva de seguridad, estos datos refuerzan la importancia de mantener y adaptar las estrategias de prevención y respuesta, poniendo especial énfasis en las áreas y colectivos más vulnerables.

En definitiva, 2024 se puede considerar un año de mejora en términos de seguridad pública, pero también un recordatorio que la lucha contra la criminalidad requiere una vigilancia constante y un análisis detallado para garantizar que los avances sean sostenibles y equitativos.

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El estado de la seguridad pública en Alemania

Alemania es considerada tradicionalmente uno de los países más seguros de Europa gracias a sus sólidas instituciones, una policía profesionalizada y un sistema judicial consolidado. No obstante, en los últimos años el debate sobre la seguridad pública ha cobrado importancia a causa del aumento de algunas formas de criminalidad, y de los cambios sociales y de nuevas amenazas como la radicalización política o la ciberdelincuencia.

Según las estadísticas policiales, en el año 2023 se registraron aproximadamente 5,94 millones de delitos en Alemania, lo que representa un incremento del 5,5 % respecto al año anterior. Este aumento se explica en parte por la recuperación de la vida social y económica después de la pandemia de la covid, periodo en que muchos delitos disminuyeron a causa de las restricciones de movilidad y de las limitaciones en las actividades cotidianas. Con el retorno a la normalidad, varios tipos de criminalidad han vuelto a niveles similares o incluso superiores a los de antes de 2020.

Uno de los aspectos que más preocupa a las autoridades es el aumento de la violencia interpersonal. En el año 2023 se registraron más de 214.000 delitos violentos, la cifra más alta de los últimos quince años. Este tipo de delitos incluye agresiones graves, robos violentos y otras formas de violencia física. También se ha detectado un incremento de las agresiones con arma blanca y de episodios de violencia urbana en determinadas zonas.

Además, los delitos sexuales también han mostrado una tendencia al alza durante los últimos años. Las denuncias por violación y agresión sexual han aumentado notablemente, lo que ha generado debate sobre la necesidad de reforzar las medidas de prevención, mejorar la protección de las víctimas y aumentar la eficacia de las investigaciones policiales.

A pesar de estos incrementos en algunos ámbitos, es importante contextualizar los datos. A largo plazo, la criminalidad en Alemania ha disminuido significativamente desde finales del siglo XX. Este descenso se explica en parte por la mejora de las políticas de seguridad, de los avances tecnológicos en sistemas de protección y de la coordinación entre instituciones policiales y judiciales.

La distribución de la criminalidad no es homogénea en el territorio. Las grandes ciudades concentran una parte importante de los delitos registrados, especialmente los relacionados con robos, hurtos y agresiones. Ciudades como Berlín, Bremen o Hamburgo presentan índices de criminalidad más elevados, mientras que algunos estados federados como Baviera registran niveles más bajos y tasas de resolución policial más altas.

Los robos y hurtos siguen siendo una de las categorías más frecuentes dentro de las estadísticas de criminalidad. Tras la pandemia también se ha observado un repunte de los robos en viviendas y espacios privados. Otro fenómeno que preocupa especialmente es el aumento de los delitos con motivación política. En los últimos años se ha registrado un incremento significativo de estos incidentes, especialmente de los vinculados al extremismo de derecha.

También se han registrado incidentes violentos contra migrantes, comunidades religiosas y colectivos LGTBIQ+, así como un aumento de los delitos antisemitas. Estas tendencias reflejan una cierta radicalización en algunos sectores de la sociedad.

La ciberdelincuencia es otro de los grandes desafíos actuales. Los ataques informáticos, el fraude digital y otros delitos económicos vinculados a internet son cada vez más sofisticados y a menudo tienen una dimensión internacional. Aunque algunas estadísticas muestran una leve reducción de los casos registrados, las autoridades consideran que muchos de estos delitos no se denuncian, especialmente en el ámbito empresarial, y que los daños económicos siguen aumentando.

Para afrontar estos retos, Alemania ha reforzado las unidades especializadas en investigación digital y ha incrementado la cooperación internacional entre fuerzas de seguridad.

El sistema de seguridad alemán se basa en una estructura federal en que la responsabilidad policial recae principalmente en los estados federados, mientras que el gobierno federal coordina competencias relacionadas con la seguridad fronteriza, la lucha contra el terrorismo y las investigaciones criminales de alcance nacional o internacional.

Ante los nuevos retos de seguridad, las autoridades han impulsado varias medidas, como el aumento de la presencia policial en espacios públicos, la modernización tecnológica de los cuerpos de seguridad y la ampliación de las capacidades de investigación digital. También se han planteado reformas legislativas para restringir el uso de armas blancas en espacios públicos y reforzar la vigilancia en determinadas zonas urbanas.

En conclusión, Alemania sigue siendo un país relativamente seguro en comparación con muchos otros estados europeos y del mundo. Sin embargo, la evolución reciente de la criminalidad muestra una situación más compleja, marcada por nuevos retos como la violencia urbana, la radicalización política y las amenazas digitales.

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Cómo promover enfoques de seguridad pública equilibrados y eficaces en América Latina

En los debates sobre seguridad pública en América Latina, con demasiada frecuencia se plantea un falso dilema: o bien “mano dura” contra el crimen o bien abordar las causas estructurales de la violencia. Esta dicotomía simplifica una realidad mucho más compleja. Las políticas realmente eficaces no eligen entre represión o prevención, sino que combinan la capacidad de actuar con urgencia con estrategias sostenibles que refuerzan la justicia, la legitimidad institucional y la cohesión social.

En contextos de inseguridad crónica, la demanda de resultados inmediatos es comprensible. Cuando las familias viven con miedo diario, las respuestas rápidas y visibles generan alivio tangible. La reciente experiencia de El Salvador, con la declaración de un estado de excepción y la aplicación de medidas masivas de encarcelamiento, ha sido presentada como ejemplo de éxito por la reducción drástica de los homicidios y otros delitos. Este enfoque ha incrementado el apoyo ciudadano al gobierno y ha reforzado la percepción de control. Sin embargo, también ha abierto un profundo debate sobre los costes en términos de proceso, derechos fundamentales y calidad democrática.

La “mano dura” resulta políticamente atractiva por tres motivos principales. Primero, ofrece resultados inmediatos en contextos marcados por la urgencia electoral y la presión mediática. Segundo, es fácil de comunicar: encarcelamientos, despliegues policiales y operativos masivos son acciones visibles y sencillas de explicar. Tercero, concentra poder en el Estado y reduce los espacios de rendición de cuentas. Sin embargo, las estrategias preventivas exigen coordinación interinstitucional, tiempo y una narrativa más sofisticada.

Ahora bien, la prevención social por sí sola tampoco es suficiente, especialmente en contextos con alta presencia de crimen organizado. La investigación internacional muestra que la reducción sostenida de la violencia requiere la integración efectiva del sistema de justicia penal con servicios sociales, programas comunitarios e intervenciones específicas sobre factores de riesgo. La clave no es debilitar al Estado, sino hacerlo más preciso, legítimo y estratégico.

La evidencia científica apunta a cuatro principios fundamentales para una política de seguridad equilibrada.

1. Focalización en personas, lugares y comportamientos de alto riesgo.

La violencia no se distribuye de forma homogénea: se concentra en grupos reducidos y en territorios específicos. Intervenciones basadas en datos -como las estrategias de disuasión focalizada aplicadas en ciudades como Boston u Oakland- han demostrado reducciones significativas de la violencia armada. En Chicago, programas que combinaban terapia cognitiva conductual con empleo juvenil redujeron de forma notable las detenciones por delitos violentos entre jóvenes de alto riesgo. Estas experiencias muestran que actuar con precisión es más eficaz que aplicar medidas indiscriminadas.

2. Fortalecer la capacidad comunitaria para prevenir conflictos.

Las organizaciones locales, mediadores, mentores y programas de justicia cívica son actores clave en la prevención. Iniciativas como el Sistema Distrital de Justicia de Bogotá o modelos de justicia cívica implementados en diversas ciudades de México han mejorado el acceso a la resolución de conflictos y la percepción de legitimidad institucional. Cuando las comunidades disponen de infraestructura social sólida, la violencia tiende a disminuir de forma sostenida.

3. Construir legitimidad mediante equidad y justicia procesal.

Las personas cumplen la ley no sólo por miedo al castigo, sino porque perciben a las autoridades como justas y respetuosas. Experiencias de capacitación policial en justicia procesal en la Ciudad de México han incrementado su satisfacción ciudadana y reducido las quejas. La legitimidad institucional es un activo estratégico: mejora la cooperación, facilita la investigación del delito y refuerza la cohesión social.

4. Intervenciones espaciales estratégicas.

La mejora del entorno físico -iluminación, recuperación de espacios degradados, creación de espacios verdes- puede reducir la violencia, especialmente en barrios de alto riesgo. Estas acciones son visibles, relativamente económicas y refuerzan la percepción de presencia institucional sin recurrir a la confrontación directa.

Más allá del contenido de las políticas, la comunicación es determinante. Los líderes locales deben evitar el marco polarizado de “tolerancia versus represión” y presentar la seguridad como condición para el desarrollo económico, la salud, la educación y la calidad democrática. El mensaje central debería ser que cuando la violencia está organizada, la respuesta también debe estarlo: coordinación entre policía, justicia, servicios sociales y comunidad.

Esto implica priorizar la precisión por encima de la dureza, combinar rendición de cuentas con oportunidades de reinserción y dar voz a mensajeros de confianza —alcaldes, mandos policiales, líderes vecinales o víctimas— que conecten con las preocupaciones reales de la ciudadanía.

En definitiva, superar el falso dilema entre mano dura y prevención resulta imprescindible para avanzar hacia modelos de seguridad más efectivos, justos y sostenibles. Las estrategias equilibradas no renuncian a la autoridad del estado, sino que la refuerzan a través de la legitimidad, evidencia y colaboración. La seguridad no es sólo ausencia de crimen, es la base sobre la que se construye la prosperidad y la confianza democrática.

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Aumento de la violencia y de los delitos sexuales en las estaciones de tren de Alemania: datos, causas y retos

El informe anual 2024 de la Policía Federal alemana dibuja un panorama preocupante en materia de seguridad, especialmente en las estaciones de tren y en el transporte ferroviario. Aunque la delincuencia global ha disminuido, los delitos que generan más alarma social –violentos y sexuales– han aumentado de forma significativa, confirmando una tendencia al alza iniciada en los últimos años.

Según el informe, en 2024 se registraron 27.160 delitos violentos en estaciones y trenes, un 6% más que el año anterior y un 51% más que en 2019. Este incremento no se limita a las grandes ciudades, sino que afecta también a estaciones medias, pequeñas e incluso zonas rurales, lo que indica una extensión territorial. Paralelamente, los delitos sexuales -como el exhibicionismo, el acoso sexual, las agresiones y las violaciones- aumentaron un 19,2%, un dato especialmente relevante por el impacto directo en la percepción de inseguridad, especialmente entre mujeres y colectivos vulnerables.

En conjunto, la Policía Federal registró 381.894 delitos en estaciones y trenes, una cifra que representa un descenso global del 10,1% respecto a 2023. Esta aparente contradicción se explica porque la reducción afecta principalmente a infracciones administrativas, sobre todo las relacionadas con la Ley de Residencia, mientras que los delitos graves siguen creciendo. Así lo subraya Manuel Ostermann, vicepresidente de la Unión Federal de Policía, quien alerta de que allí donde realmente importa —violencia, delitos sexuales y armas— la situación empeora.

A nivel nacional, la tendencia se repite: los delitos violentos han aumentado un 6,6% y los sexuales un 13% en toda Alemania. Hay que tener en cuenta que estos datos sólo recogen delitos denunciados y no ofrecen información sobre procesos judiciales o condenas, limitando la interpretación completa del fenómeno.

Por lo que respecta a las causas, el informe y las declaraciones sindicales apuntan a diversos factores estructurales. Por un lado, se señala un aumento de la marginación social, con personas cada vez más desatendidas por la carencia de infraestructuras sociales como servicios sociales, educadores y profesores. Este contexto favorece la exclusión, la violencia doméstica y el consumo de alcohol y drogas, elementos que aparecen de forma recurrente en el perfil de los agresores.

Los datos confirman que el 79% de los autores son varones, y que casi la mitad (49%) actuaban bajo los efectos del alcohol o las drogas en el momento del delito. Además, el 53% carecía de nacionalidad alemana, un dato que ha alimentado el debate político y social sobre inmigración y seguridad. Ostermann atribuye parte del problema a la inmigración procedente de los principales países de asilo, aunque este enfoque es controvertido y no siempre contempla factores socioeconómicos, de integración o de contexto vital.

La violencia no sólo afecta a los ciudadanos, sino también a los cuerpos policiales. En 2024 se registraron 2.967 agresiones contra policías federales, la segunda cifra más alta desde que existen registros (2001). En total, 804 agentes resultaron heridos, mayoritariamente varones. Las agresiones incluyen puñetazos, patadas, escupitajos, mordeduras y golpes con objetos, y en una de cada ocho se utilizaron objetos como armas improvisadas, como por ejemplo botellas o piedras.

Ante esta situación, la Policía Federal y Deutsche Bahn han reforzado las medidas de seguridad con mayor presencia policial, zonas sin armas, controles preventivos y un sistema de más de 11.000 cámaras de vigilancia. Sin embargo, los sindicatos policiales reclaman un mayor compromiso por parte de la empresa ferroviaria, con más personal de seguridad privado, estaciones mejor iluminadas, limpias y modernizadas, y una inversión más rápida en infraestructuras.

El ministro del Interior, Alexander Dobrindt (CSU), ha calificado los ataques a los policías como un ataque a la sociedad en su conjunto, mientras que Ostermann advierte que se ha perdido mucho en los últimos diez años y que Alemania se enfrenta a años oscuros en materia de seguridad si no hay una mejora real en tecnología, marco legal, recursos humanos y cooperación entre gobierno.

En conclusión, el informe transmite un mensaje claro: pese a la reducción de la delincuencia global, la seguridad empeora justo en los ámbitos más sensibles. Las estaciones de tren, espacios clave de movilidad y convivencia, se han convertido en puntos críticos que exigen respuestas integrales, combinando prevención social, inversión en seguridad, coordinación institucional y políticas a largo plazo que vayan más allá de medidas reactivas.

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Informe sobre el complejo sistema de prisiones estadounidense

El informe Mass Incarceration: The Whole Pie 2025, elaborado por Wendy Sawyer y Peter Wagner, ofrece una visión global y rigurosa del sistema de encarcelamiento en Estados Unidos, con el objetivo de desmontar mitos persistentes y aportar datos claros en un debate cada vez más politizado. En un contexto en el que la seguridad se utiliza a menudo para justificar políticas punitivas, el estudio demuestra que muchas de estas medidas no sólo son ineficaces, sino que pueden empeorar la seguridad pública.

Actualmente, casi 2 millones de personas están privadas de libertad en EE.UU. en un mosaico de sistemas (cárceles estatales y federales, prisiones locales, centros juveniles, detención de inmigración, hospitales psiquiátricos y otros), con un coste anual mínimo de 182.000 millones de dólares. Sin embargo, estas cifras no reflejan la enorme rotación del sistema: cada año, más de 7 millones de personas pasan por la cárcel preventiva, a menudo por delitos menores o sin condena firme.

Uno de los puntos clave del informe es que la mayoría de personas en las cárceles locales (jails) no han sido condenadas. Están en prisión preventiva porque no pueden pagar la fianza, no porque representen un peligro inmediato. Este uso extensivo de la detención previa al juicio tiene un impacto directo en la seguridad: rompe vínculos familiares y laborales, agrava problemas de salud mental y aumenta la probabilidad de reincidencia.

El estudio también desmiente la idea de que la masificación penitenciaria sea principalmente consecuencia de la guerra contra las drogas o de las prisiones privadas. Aunque los delitos relacionados con drogas siguen siendo relevantes (más de 360.000 personas encarceladas), 4 de cada 5 personas encarceladas lo están por otros tipos de delitos. Además, casi la mitad de la población reclusa está clasificada bajo la categoría legal de delitos violentos, una etiqueta a menudo engañosa que incluye conductos sin daño físico real.

Desde el punto de vista de la seguridad, una de las conclusiones más importantes es que el encarcelamiento masivo no reduce el crimen. Los datos muestran que los índices de criminalidad están en mínimos históricos, a pesar de los discursos políticos alarmistas. Además, las penas largas y las duras condiciones de reclusión no tienen efecto disuasorio y pueden tener un impacto criminógeno, aumentando el riesgo de delitos futuros una vez la persona es liberada.

Por último, el informe alerta contra el uso de prisiones como sustituto de servicios sociales y sanitarios. Las prisiones no son espacios adecuados para el tratamiento de trastornos mentales ni adicciones, y el fracaso en este ámbito tiene consecuencias directas para la seguridad colectiva.

En conjunto, The Whole Pie 2025 defiende que reducir el encarcelamiento de forma inteligente es una estrategia de seguridad, no una amenaza. Las políticas basadas en datos, prevención, servicios comunitarios y respuestas proporcionadas al delito son mucho más efectivas para construir sociedades seguras que la lógica del castigo masivo.

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Informe de Europol: tácticas en evolución en las operaciones de tráfico marítimo de cocaína

Un nuevo informe de Europol, proporciona un análisis exhaustivo de las tácticas en evolución utilizadas por las redes criminales para traficar cocaína en Europa a través de rutas marítimas. El documento, «Diversificación en el tráfico marítimo de cocaína», proporciona un análisis en profundidad de las tácticas cambiantes utilizadas por las redes de crimen organizado, que siguen explotando vulnerabilidades y evadiendo la detección.

El tráfico de cocaína en Europa ha alcanzado niveles sin precedentes, impulsado por la alta producción en Latinoamérica y la creciente demanda dentro de la UE. Las redes criminales han demostrado su capacidad para ajustar rápidamente las operaciones, fragmentando rutas y adoptando métodos de tráfico complejos y encubiertos. Este nuevo informe de Europol destaca el uso de semi sumergibles y otros buques no comerciales, así como la incorporación de cocaína en varios materiales de transporte antes del envío a Europa.

Las transferencias al mar suelen implicar a un barco madre de América Latina que transfiere cocaína a un barco hijo frente a la costa de África Occidental. La cocaína se desembarca en el África Occidental para su posterior envío a la UE continental o se envía a las Islas Canarias. Mediante embarcaciones hinchables de buque rígido, las redes criminales también transportan cocaína directamente a la España continental. Al llegar a la costa andaluza, las redes criminales utilizan el río Guadalquivir para transportar cocaína tierra adentro para su posterior distribución.

Un ejemplo destacado de estas tácticas en evolución se ilustra con una reciente operación con el nombre en clave de “Sombra Negra”, que expuso un cambio significativo en los métodos de tráfico de drogas. Liderada por las autoridades españolas y con el apoyo de Europol, esta operación resultó en la detención de 101 sospechosos y la incautación de más de 10 toneladas de cocaína en la Península Ibérica.

La operación puso de manifiesto un cambio en los métodos de tráfico de drogas, puesto que la red criminal se basaba en infraestructuras marítimas avanzadas para transportar grandes cantidades de cocaína desde Sudamérica hasta Europa a través de la Península Ibérica. Los sospechosos utilizaron embarcaciones de alta velocidad capaces de superar los 70 km/h y sistemas de comunicación cifrados complejos para evadir las fuerzas del orden. La operación supuso un golpe decisivo para una de las mayores organizaciones de tráfico de cocaína de Europa y subrayó un cambio regional del tráfico de cannabis al de cocaína.

Esta operación ejemplifica las principales conclusiones del informe, que incluyen:

• Rutas y métodos diversificados: las redes criminales están evitando los principales puertos comerciales mediante el uso de depósitos y transferencias al mar, semi sumergibles y embarcaciones no comerciales. Estos métodos les permiten evitar la presencia y controles de las fuerzas del orden, lo que dificulta la detección y la intercepción.

• Ocultación sofisticada: la cocaína se esconde cada vez más en equipos industriales, maquinaria y materiales de transporte tales como alimentos, plásticos y textiles. Estos métodos hacen que la detección mediante escáneres, perros rastreadores y pruebas forenses sea extremadamente difícil.

• Avances tecnológicos: las redes criminales están aprovechando tecnologías avanzadas, incluidos sistemas de comunicación cifrados, embarcaciones autónomas y drones, para mejorar sus operaciones y evadir la detección.

El informe también destaca la necesidad de mejorar la vigilancia marítima, las investigaciones financieras y la experiencia forense para exponer compartimentos ocultos, drogas incorporadas químicamente y laboratorios de extracción. Las colaboraciones entre las fuerzas del orden, las aduanas, las autoridades portuarias y el sector privado son esenciales para asegurar las cadenas de suministro y compartir datos en tiempo real.

La respuesta de Europol a la amenaza del tráfico de cocaína incluye el soporte operativo a través de su Unidad de Drogas específica, el apoyo analítico y de coordinación y el despliegue de expertos sobre el terreno. El papel estratégico de la Agencia en proporcionar una perspectiva de la UE sobre las diversas amenazas que representan las redes criminales de tráfico de drogas es crucial para identificar cambios en el comportamiento criminal y las rutas de tráfico.

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La contribución del NIST a la seguridad contra incendios: tecnología, táctica y resiliencia

La seguridad contra incendios ha experimentado una profunda transformación en las últimas décadas, impulsada en gran parte por la investigación científica del National Institute of Standards and Technology (NIST) de Estados Unidos. Ante la evolución de los edificios, los materiales combustibles y las condiciones operativas de los bomberos, el NIST ha aportado la base técnica necesaria para actualizar equipos, normas y estrategias de intervención, con un impacto directo en la protección de vidas humanas.

Uno de los ámbitos clave ha sido la evaluación del rendimiento del equipo utilizado en condiciones extremas. En el caso de las cámaras termográficas, el NIST desarrolló los primeros ensayos capaces de medir si estos dispositivos seguían detectando pequeñas diferencias de temperatura cuando la propia cámara estaba expuesta a temperaturas de hasta 260 °C. Esta investigación permitió establecer criterios objetivos de calidad garantizando que los bomberos dispongan de herramientas fiables en entornos hostiles.

En cuanto a las radios portátiles, los bomberos habían detectado fallos de comunicación durante los incendios. El NIST identificó que el origen del problema era el desvío de la frecuencia de transmisión a altas temperaturas.

Otro elemento crítico es el equipo de respiración autónoma (SCBA). Incidentes de viseras que se volvían opacas o se fundían llevaron al NIST a estudiar el efecto del flujo de calor radiante intenso. A partir de experimentos a escala real y simulaciones, se definieron nuevos ensayos y criterios de rendimiento, mejorando la protección y visibilidad de los bomberos durante la extinción.

Pese a la reducción del número de incendios estructurales desde finales del siglo XX, la mortalidad de los bomberos por incendio aumentó. El NIST demostró que este fenómeno estaba relacionado con cambios en la arquitectura (viviendas más grandes y estancas), el uso de materiales ligeros y el aumento de la carga de fuego de los muebles modernos.

La investigación introdujo el concepto de dinámica del fuego, destacando la importancia de la velocidad de crecimiento del incendio y del papel del oxígeno. Un incendio limitado por oxígeno puede intensificarse repentinamente cuando se abre una puerta o ventana, creando un camino de flujo por el que circulan calor y humo. El mensaje para los bomberos está claro: controlar las entradas de aire y evitar situarse en estos caminos de flujo.

Un ejemplo especialmente relevante es el de los incendios en sótanos. El NIST demostró que el fuego puede crecer violentamente bajo un suelo que, en la superficie, todavía parece seguro. Las pruebas evidenciaron que aplicar agua desde el exterior durante sólo 60 segundos podía reducir drásticamente el riesgo, cambiando tácticas históricas de ataque interior.

Los detectores de humo redujeron de forma notable las víctimas mortales desde los años setenta, pero los cambios en el diseño de las viviendas y en los materiales combustibles limitaron su eficacia. El NIST demostró que los modernos incendios ofrecen mucho menos tiempo para escapar y que las alarmas a menudo se desactivaban por falsas alarmas de cocina.

A partir de ensayos con muebles reales y escenarios de cocina, el NIST proporcionó los datos clave para desarrollar una nueva generación de pruebas. Desde el año 2024, todos los nuevos detectores deben cumplir una serie de requisitos, con el objetivo de aumentar el tiempo de evacuación y salvar vidas.

La expansión de la vivienda en zonas forestales ha incrementado drásticamente los riesgos de los incendios de la interfaz urbana-forestal. El NIST ha estudiado cómo el fuego se propaga por radiación, convección y, sobre todo, por brasas (firebrands), capaces de encender edificios a gran distancia.

Para analizar este fenómeno, el NIST creó el Firebrand Generator (NIST Dragon) y el Emberometer, herramientas que se han convertido en referencia internacional y base del estándar ISO 6021. Este conocimiento ha permitido definir criterios de diseño de fachadas, ventilaciones y entornos cercanos a los edificios.

A nivel comunitario, el NIST ha impulsado metodologías como la Hazard Mitigation Methodology (HMM) y el método ESCAPE (2023), que abordan tanto la resistencia de los edificios como la planificación urbana y la evacuación, ya adoptadas por diversas comunidades.

Por último, el National Fire Research Laboratory (NFRL) permite ensayar estructuras completas sometidas a fuego real y cargas mecánicas. Este enfoque supera los ensayos tradicionales y ayuda a entender cómo y cuándo se produce el colapso estructural, facilitando diseños más seguros, resilientes y eficientes.

En conjunto, el trabajo del NIST ejemplifica cómo la ciencia aplicada puede traducirse en normas, equipos y estrategias que mejoran la seguridad de los bomberos, reducen víctimas civiles y hacen a las comunidades más resistentes ante el fuego.

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Un nuevo informe de Europol explora el uso de la robótica y los sistemas no tripulados en la lucha contra la delincuencia

Europol ha publicado recientemente El(los) futuro(s) no tripulado(s): El impacto de la robótica y los sistemas no tripulados en las fuerzas del orden. El informe, elaborado por Europol Innovation Lab, proporciona un análisis en profundidad de cómo los sistemas no tripulados podrían cambiar la sociedad, la delincuencia y las fuerzas del orden, y analiza los retos y oportunidades que presentan.

El informe subraya el rápido avance y la integración de los sistemas no tripulados en varios sectores, incluidas las policías. A medida que estas tecnologías se vuelven más sofisticadas y generalizadas, ofrecen nuevas oportunidades para las operaciones de las fuerzas del orden y el soporte operativo. Sin embargo, también introducen nuevas amenazas a la seguridad, como el uso indebido por grupos criminales y terroristas, y retos normativos que las fuerzas del orden deben abordar para garantizar la seguridad pública y mantener la confianza.

Un capítulo del informe destaca el papel de la guerra como motor de la innovación en sistemas no tripulados. Los recientes conflictos, como la guerra de agresión rusa en curso contra Ucrania, han acelerado el desarrollo y el despliegue de sistemas no tripulados avanzados. Las lecciones aprendidas de estos conflictos son inestimables para las fuerzas del orden en Europa mientras se preparan para el entorno operativo futuro.

Los sistemas no tripulados son cada vez más útiles, asequibles y ampliamente disponibles, con aplicaciones tanto en el sector público como privado. Las policías de toda Europa están ampliando la adopción de estos sistemas, incluidos drones y robots, para mejorar la conciencia situacional, mejorar la seguridad y ampliar el alcance operativo. Estos sistemas se utilizan para una serie de tareas como la vigilancia, la cartografía de escenas de crímenes, las operaciones de búsqueda y rescate y la eliminación de artefactos explosivos, entre otros. Las tecnologías convergentes presentan una importante oportunidad para un avance en las capacidades de los sistemas no tripulados.

El informe destaca limitaciones técnicas significativas y lagunas reguladoras que dificultan el uso eficaz de los sistemas no tripulados en la aplicación de la ley. Problemas como la autonomía limitada, la dependencia de los proveedores industriales y la carencia de directrices claras para las operaciones autónomas representan retos sustanciales.

Los grupos criminales y terroristas están adoptando rápidamente sistemas no tripulados para actividades ilícitas. El informe advierte del potencial de que estos sistemas se utilizan para la vigilancia criminal, el contrabando e incluso los ataques. La creciente accesibilidad y versatilidad de los drones, en particular, presentan graves problemas de seguridad.

La confianza pública es crucial para la legitimidad de las capacidades de aplicación de la ley. El informe enfatiza la necesidad de transparencia, responsabilidad y participación pública en el despliegue de sistemas no tripulados. Las actuales regulaciones, a pesar de avanzar, todavía tienen lagunas, especialmente a la hora de abordar el uso no conforme o criminal.

El futuro de las fuerzas del orden requerirá una actuación policial en un espacio tridimensional, ya que los sistemas no tripulados operan en el aire y en el suelo, así como en el agua y bajo el agua. Este cambio requerirá nuevas estrategias, tecnologías y formación para los organismos encargados de la aplicación de la ley.

El informe proporciona un conjunto de recomendaciones para los organismos europeos encargados de la aplicación de la ley, incluido el desarrollo de una dirección estratégica, el establecimiento de un centro de competencias y la integración de sistemas no tripulados en los sistemas de información existentes. También pide inversiones en formación, educación e iniciativas de fomento de la confianza pública.

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Profundizando en los datos del Informe suplementario de homicidios del FBI

La edad media de asesinato en 2025 en Estados Unidos es de mayor edad que cualquiera de los años anteriores y hasta 1976, o al menos eso es lo que parecen mostrar los datos del FBI, según el investigador Jeff Asher.

La mejor fuente de datos sobre víctimas de asesinato en EE.UU. es el Informe suplementario de homicidios (SHR) del FBI. El SHR es una recopilación de datos sobre todas las víctimas de homicidio denunciadas en el FBI en un año determinado. Las agencias informan de detalles sobre el mes, la edad de la víctima y del delincuente, la raza y el sexo, las circunstancias detrás del asesinato y qué tipo de arma se utilizó.

El SHR es algo difícil de tratar. No todos los estados participan (por ejemplo, el estado de Florida no informa) y no todas las agencias informan cada año. Muchos ordenadores pueden gestionar hoy una hoja de cálculo de 20.000 filas y 100 bytes, pero el SHR se produce en formato ASCII que es increíblemente difícil de utilizar.

Afortunadamente (y esto es quedarse corto), Jacob Kaplan ha estudiado todos los datos antiguos del SHR que datan de 1976 al 2024 y ha hecho que todo el mundo pueda acceder de forma razonablemente fácil. Normalmente, entre el 80 y el 90 por ciento del número de asesinatos estimados cada año aparecen en el SHR, aunque esta cifra ha ido aumentando en los últimos años gracias a que Florida ha empezado a informar de nuevo. El aumento de 2024 probablemente refleja que la estimación de ese año debía revisarse al alza en varios cientos, pero más del 90 por ciento de los asesinatos del año pasado aparecían en el SHR.

El análisis de los datos de 2025 debe tomarse con pinzas porque los datos no están totalmente completos. Obviamente, el año no ha terminado, pero incluso las agencias que han informado no lo han hecho completamente. Sin embargo, es una gran victoria que los informes mensuales del FBI incluyan al SHR.

Si volvemos al SHR hasta 1976, se ve la tendencia de que la víctima media de asesinato está envejeciendo.

La víctima media de asesinato hasta ahora, durante este año en curso, es de casi 36 años, mayor edad que cualquiera de los últimos 50 años de recopilación de SHR. El año pasado, la víctima media de asesinato era ligeramente más joven, aunque es posible que la edad media de este año disminuya cuando los datos estén completamente reportados. Sea como fuere, la edad de las víctimas de asesinato del año 2024 y el 2025 fueron las más elevadas en más de medio siglo de recopilación de datos.

No es sólo una función de la peculiaridad de los datos del FBI. Los datos de homicidios de los CDC muestran un aumento similar de la edad de la víctima media de asesinato, que coincide casi exactamente con la edad media del FBI prácticamente todos los años desde 2001 (más alta debido a la inclusión del 11 de septiembre en los datos de los CDC).

Si desglosamos la proporción de víctimas de asesinato anual por rangos de edad, se muestra cómo poco más del 60% de las víctimas de asesinato de los últimos dos años tenían entre 18 y 44 años, una cantidad considerablemente menor que hace sólo cinco años.

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