Nuevo servicio de asesoramiento legal para víctimas de violación en el Reino Unido

El gobierno británico ha anunciado un importante conjunto de reformas para mejorar la respuesta del sistema judicial a los casos de violación y reforzar la protección de las víctimas. Las medidas incluyen la creación de un nuevo servicio nacional de asesores legales independientes para víctimas de violación y la ampliación de los principios de la Operación Soteria a las salas de juicio. Estas iniciativas forman parte de un plan más amplio para hacer el sistema de justicia penal más justo, rápido y centrado en las víctimas, y para combatir la violencia contra mujeres y niñas.

Una de las novedades principales es el lanzamiento de un servicio nacional de asesores jurídicos independientes (Independent Legal Advisers, ILA), que ofrecerá apoyo legal especializado a las víctimas de violación durante todo el proceso penal. Este servicio, que se desplegará a finales de año, contará inicialmente con una financiación de seis millones de libras durante dos años. El objetivo es garantizar que las víctimas tengan acceso a asesoramiento legal independiente en las fases más complejas de las investigaciones y los juicios.

Los asesores legales independientes ayudarán a las víctimas a comprender sus derechos dentro del sistema judicial y las asistirán cuando las autoridades soliciten información personal sensible. Eso incluye, por ejemplo, registros médicos, notas de asesoramiento psicológico o datos de teléfonos móviles. En muchos casos, estas peticiones pueden resultar invasivas o desproporcionadas, y los asesores legales podrán impugnarlas cuando no sean estrictamente necesarias para la investigación. Esta medida pretende reducir la sensación, a menudo denunciada por las víctimas, de que el sistema penal examina más su vida privada que el comportamiento del presunto agresor.

En paralelo, el gobierno ampliará los principios de la Operación Soteria a la fase judicial de los casos de violación. Esta iniciativa, lanzada en el año 2021, ya había cambiado la manera como la policía y los fiscales investigan estos delitos. El nuevo enfoque se centra en analizar el comportamiento y los patrones del sospechoso, en lugar de poner el foco principal en la víctima. Eso implica priorizar pruebas relacionadas con el sospechoso y limitar el acceso a los registros personales de la víctima solo a los casos en que tengan un valor probatorio claro.

Con la nueva ampliación, el gobierno quiere asegurar que este mismo enfoque se mantenga cuando los casos llegan a los tribunales. Por eso se ha encargado a una experta académica que examine si, durante los juicios, las prácticas judiciales siguen sometiendo a las víctimas a un escrutinio excesivo. El objetivo de este estudio piloto es identificar posibles mejoras en la formación de jueces y fiscales, y también en las orientaciones y buenas prácticas judiciales, para garantizar que los juicios se centren principalmente en las acciones del sospechoso.

Según el gobierno británico, estas reformas también se inscriben dentro de un esfuerzo más amplio por modernizar el sistema judicial y reducir los retrasos en la resolución de los casos. Los datos publicados recientemente indican que, incluso con inversiones y mejoras de eficiencia, el retraso en el Tribunal de la Corona podría llegar a los 133.000 casos en el año 2035. No obstante, el paquete de reformas estructurales que prevé el gobierno podría reducir esta cifra hasta aproximadamente 49.000 casos en el mismo periodo, evitando que miles de víctimas tengan que esperar años para obtener justicia.

Entre las reformas incluidas en el proyecto de ley de tribunales está la creación de nuevos swift courts, tribunales diseñados para gestionar casos con condenas previsibles de hasta tres años, que serían juzgados por un solo juez. También se propone aumentar los poderes de sentencia de los magistrados hasta 18 meses de prisión, con el objetivo de liberar recursos del Tribunal de la Corona para que pueda centrarse en los delitos más graves. A pesar de estas reformas, los juicios con jurado se mantendrán para los crímenes más graves, incluyendo la violación, el asesinato o las lesiones graves.

Finalmente, el gobierno ha remarcado que estas medidas forman parte de una estrategia más amplia para reducir a la mitad la violencia contra mujeres y niñas durante la próxima década. En este contexto, se han anunciado más de mil millones de libras de inversión, incluyendo 550 millones destinados a servicios de atención a víctimas y casi 500 millones para alojamiento seguro para personas que huyen de abusos.

En conjunto, estas reformas buscan transformar la manera cómo el sistema de justicia penal gestiona los casos de violación. El objetivo central es garantizar que las víctimas reciban el apoyo adecuado, que los procesos judiciales sean menos traumáticos y que el foco de las investigaciones y los juicios se ponga principalmente en el comportamiento de los presuntos agresores. Esta orientación pretende reforzar la confianza de las víctimas en el sistema judicial y mejorar la capacidad para obtener justicia.

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Las comisarías de policía inteligentes en Etiopía: digitalización de la seguridad pública

Etiopía está experimentando con un nuevo modelo de comisaría de policía llamado smart police station o comisaría inteligente. Este proyecto piloto, instalado en el distrito de Bole de la capital, Adís Abeba, forma parte de un esfuerzo más amplio del gobierno por modernizar la administración pública mediante la digitalización. La iniciativa se inscribe dentro de la estrategia nacional de transformación tecnológica Digital Ethiopia 2030, impulsada por el gobierno del primer ministro, Abiy Ahmed.

Tal como informa Daniel Dadzie desde la BBC, a diferencia de una comisaría tradicional, este nuevo modelo funciona sin agentes presentes físicamente para atender a los ciudadanos. En lugar de un mostrador con policías, el espacio dispone de cabinas con tabletas digitales donde los usuarios pueden registrar denuncias o comunicar incidencias. El sistema guía al ciudadano a través de un proceso sencillo: primero tiene que seleccionar el tipo de incidente —como un delito, un problema de tráfico o una consulta general— y después introducir la información correspondiente. Una vez enviada la solicitud, un agente real, situado en una ubicación remota, aparece en pantalla para continuar la conversación, hacer preguntas y completar el informe. Si la situación lo requiere, se puede enviar una patrulla inmediatamente al lugar indicado.

Este modelo busca acercar el servicio policial a los ciudadanos y facilitar el acceso a la denuncia, especialmente en zonas donde hay falta de personal policial o donde la presencia de infraestructuras tradicionales es limitada. Según responsables del proyecto, el futuro de los servicios de seguridad pasa por sistemas más conectados con la población y con una mayor integración tecnológica. La digitalización permite reducir trámites administrativos, acelerar la gestión de casos y optimizar los recursos humanos disponibles.

Sin embargo, el proyecto todavía está en una fase inicial. Durante la primera semana de funcionamiento, la comisaría inteligente solo recibió tres denuncias: la pérdida de un pasaporte, un caso de fraude financiero y una queja rutinaria. Este volumen reducido refleja que el sistema todavía es poco conocido entre la población y que requiere tiempo para que los ciudadanos se familiaricen con él.

La iniciativa forma parte de un proceso más amplio de digitalización de los servicios públicos en Etiopía. El gobierno ha impulsado varias medidas para modernizar la administración, incluyendo la creación de un sistema nacional de identidad digital, la expansión de los pagos electrónicos y la digitalización de más de un centenar de servicios gubernamentales. El objetivo es adaptar las instituciones públicas a las necesidades de una sociedad cada vez más urbana, joven y conectada.

A pesar de estos avances, el país todavía afronta retos estructurales importantes. Uno de los principales es la brecha digital. Según datos recientes de organismos internacionales, aproximadamente el 79 % de la población etíope todavía no tiene acceso a internet. Esta realidad limita el impacto de las iniciativas digitales y crea el riesgo de que determinados sectores de la sociedad queden excluidos de los nuevos servicios. Las personas mayores, las comunidades rurales y los colectivos con menos recursos económicos son especialmente vulnerables a esta exclusión tecnológica.

Otro reto es el nivel de competencias digitales. Para que proyectos como las comisarías inteligentes funcionen correctamente, los ciudadanos tienen que tener un mínimo de familiaridad con las herramientas digitales. Sin esta alfabetización tecnológica, el uso de los sistemas puede resultar complicado o incluso generar nuevas formas de vulnerabilidad, como estafas o suplantaciones de identidad.

También preocupan aspectos relacionados con la seguridad de la información y la protección de la privacidad. Los sistemas digitales de denuncia y gestión de datos requieren infraestructuras tecnológicas robustas y mecanismos de protección adecuados para evitar filtraciones o usos indebidos de la información personal de los ciudadanos.

A pesar de estos desafíos, varios expertos consideran que las inversiones en infraestructura digital, conectividad y formación son pasos esenciales para modernizar el funcionamiento del Estado. La expansión de la banda ancha, el crecimiento de los pagos electrónicos y la digitalización progresiva de los servicios públicos indican que Etiopía está intentando reducir la distancia tecnológica respecto a otros países.

En este contexto, la comisaría inteligente de Adís Abeba representa sobre todo un experimento. Todavía no es un modelo consolidado ni sustituye las comisarías tradicionales, que siguen siendo el punto de contacto principal entre la policía y la ciudadanía. Sin embargo, este proyecto piloto ofrece una visión de cómo podrían evolucionar los servicios policiales en el futuro, combinando presencia física y herramientas digitales para mejorar la eficiencia y la accesibilidad.

En definitiva, la iniciativa refleja la ambición de Etiopía de avanzar hacia una administración pública más digital y eficiente. El éxito dependerá, sin embargo, no solo de la tecnología implementada, sino también de la capacidad del país para reducir la brecha digital, mejorar la alfabetización tecnológica de la población y garantizar la seguridad de los datos. Solo así proyectos como las comisarías inteligentes podrán convertirse en una herramienta realmente útil para reforzar la seguridad y la confianza entre ciudadanos e instituciones.

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Hoy es día festivo en Cataluña. No publicamos entrada. Nos vemos el miércoles

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Desmantelada una red de tráfico de cocaína a través de su rastro financiero

Una red criminal internacional que blanqueaba los beneficios de la cocaína para el crimen organizado italiano se ha desmantelado después de que los investigadores siguieran el rastro del dinero por toda Europa.

Lo que empezó como movimientos financieros sospechosos, constituyó un sofisticado sistema de blanqueo de dinero que daba servicio a miembros de la Camorra y la ‘Ndrangheta. Detrás de sociedades fantasma, facturas falsas e inversiones de lujo, se limpiaban y reinvertían millones de euros en beneficios de la cocaína por toda Europa.

Dirigió la investigación la Gendarmería Nacional francesa, en colaboración con los Carabinieri italianos y la Oficina Federal de Policía suiza (FEDPOL). También contó con el apoyo de la Policía Federal belga de Amberes, la Agencia Estatal para la Seguridad Nacional búlgara, la Aduana alemana y la Policía Nacional del Ecuador, bajo la coordinación de Europol y Eurojust.

A raíz de los flujos financieros, los investigadores identificaron a un ciudadano montenegrino, conocido como objetivo de alto valor de Europol y buscado por varios países europeos. El sospechoso se había establecido en la zona de Cannes, en Francia, con familiares próximos, incluido su yerno italiano, conocido por las autoridades italianas por blanqueo de capitales, fraude y delitos de tráfico de armas.

La investigación financiera reveló que la red de blanqueo estaba directamente conectada con el tráfico de cocaína a gran escala desde Sudamérica hacia Europa.

Se sospecha que el grupo coordina envíos marítimos de cantidades significativas de cocaína a los principales puertos de Europa. Una confiscación importante por parte de la aduana belga a finales de 2025 se vinculó al sospechoso montenegrino, lo que supuso un avance decisivo en la investigación.

Los investigadores descubrieron una organización altamente estructurada. La red se basaba en una capacidad financiera sustancial, criptoactivos, viajes transfronterizos semanales en vehículos de lujo con compartimentos de ocultación sofisticados y una red corporativa que abarcaba múltiples jurisdicciones.

En el mes de febrero de este año, las autoridades llevaron a cabo registros y detenciones y coordinados en Francia, Italia, Bélgica y Suiza. Se arrestaron siete sospechosos (cuatro en Francia y tres en Italia), incluido el objetivo de alto valor montenegrino.

En la Riviera francesa, se confiscaron vehículos de lujo, junto con propiedades de alta gama por valor de más de cinco millones de euros. También se confiscaron empresas y activos adicionales en Suiza e Italia.

Desde el año 2023, Europol ha dado apoyo a esta investigación, que rápidamente se ha convertido en una de las operaciones más activas de la agencia desde su Centro Europeo de Delitos Financieros y Económicos.

El caso requirió todo el abanico de servicios de Europol: análisis criminal y financiero avanzado, comunicación segura en tiempo real y despliegues sobre el terreno en Francia e Italia para dar apoyo a los investigadores nacionales y construir una imagen operativa compartida.

En el año 2024, se estableció un Equipo Conjunto de Investigación (ECI) en Eurojust entre Francia, Italia y Suiza, lo que permitió una estrecha coordinación judicial. A través de Europol, otros socios (Bélgica, Alemania y Ecuador) se unieron a la investigación, ampliando su impacto.

La Red @ON, financiada por la Comisión Europea y dirigida por la Dirección de Investigación Antimafia italiana (DIA), dio apoyo financiero a las reuniones operativas y al despliegue de los investigadores.

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El chocolate, bajo llave

En los últimos meses, varios supermercados del Reino Unido han empezado a aplicar medidas de seguridad inusuales a un producto aparentemente inofensivo: el chocolate. Cadenas como Sainsbury’s, Tesco y Co-op han optado por colocar las barras de chocolate dentro de cajas de plástico antirrobo, un sistema habitualmente reservado para bebidas alcohólicas Premium o dispositivos electrónicos.

Esta decisión responde a un incremento significativo del robo de chocolate, que según el sector ya no es fruto de hurtos ocasionales, sino de una actividad sistemática vinculada al crimen organizado y a la reventa en mercados ilícitos.

Según la Association of Convenience Stores (ACS), la confitería —y especialmente el chocolate— se ha convertido en uno de los productos más sustraídos en las tiendas de proximidad. La combinación de valor económico, fácil transporte y alta demanda la convierte en un objetivo especialmente atractivo.

Los comerciantes denuncian que los robos se hacen a menudo por encargo. Eso implica que los productos no se consumen inmediatamente, sino que se distribuyen posteriormente a través de canales ilegales: otros establecimientos, mercados informales o negocios que compran género a precios reducidos sin verificar su origen.

El fenómeno no es aislado. Según datos del British Retail Consortium, durante el último año se registraron 5,5 millones de incidentes de robo en establecimientos comerciales en el Reino Unido. Además, se produjeron una media de 1.600 incidentes diarios de violencia o abuso contra trabajadores del sector minorista. Aunque la cifra representa una ligera disminución respecto al año anterior, sigue siendo la segunda más alta jamás registrada.

La afectación económica es considerable. El grupo Heart of England Co-Op, con 38 tiendas, declaró haber perdido 250.000 libras en chocolate durante 2024, convirtiéndolo en el producto más robado aquel año. En 2025 solo fue superado por el alcohol. En una sola semana, un individuo puede llegar a causar pérdidas de miles de libras en un mismo establecimiento.

Algunos comerciantes explican que un estante completo de chocolate puede tener un valor aproximado de 500 libras, y que los ladrones pueden llevarse entre 200 y 250 libras en producto dentro de una mochila en cuestión de minutos.

Ante esta situación, los establecimientos han tenido que invertir en medidas de protección: sistemas de CCTV más sofisticados, tecnología de inteligencia artificial para identificar sospechosos recurrentes, reducción del stock expuesto y eliminación de promociones visibles en zonas de fácil acceso. En algunos casos, los estantes solo se llenan parcialmente para limitar el impacto económico potencial.

El National Police Chiefs’ Council ha asegurado que está trabajando conjuntamente con minoristas y expertos en seguridad para reforzar la respuesta ante la delincuencia minorista. La estrategia incluye mejor coordinación, uso más eficiente de la tecnología y sistemas de denuncia más ágiles.

No obstante, desde el sector comercial se reclama una respuesta más contundente. El ACS pide sentencias más severas para reincidentes y acciones específicas contra las redes que distribuyen productos robados, ya que el problema no se limita al hurto puntual, sino que forma parte de una economía paralela que puede financiar otras actividades delictivas.

El caso del chocolate es sintomático de un problema más amplio: el aumento del robo organizado en el comercio minorista. Productos que antes no requerían protección especial ahora se tratan como mercancías de alto riesgo. Esta evolución refleja cambios en el comportamiento delictivo, pero también en las condiciones socioeconómicas y en la capacidad de reventa a través de canales informales o digitales.

Para el sector de la seguridad, este fenómeno plantea varios retos:

  • Adaptar los sistemas de protección en productos de consumo masivo.
  • Equilibrar experiencia de cliente y medidas antirrobo.
  • Incorporar tecnología predictiva y análisis de patrones.
  • Mejorar la colaboración entre empresas y fuerzas de seguridad.

En definitiva, el hecho de que una simple tableta de chocolate tenga que estar encerrada bajo llave es un indicador claro de la evolución del riesgo en el entorno comercial actual. La respuesta no se puede limitar a medidas físicas; requiere una estrategia integral que combine prevención, inteligencia y actuación judicial efectiva.

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Geopolítica de las plazas urbanas en el espacio cotidiano de Berlín

Un artículo de Katharina Ciax y Simon Runkel analiza cómo las políticas de seguridad y antiterrorismo transforman no solo la configuración física de los espacios urbanos, sino también su dimensión emocional y perceptiva. El caso de estudio es la Breitscheidplatz de Berlín, escenario del atentado con vehículo durante el mercado de Navidad del año 2016.

Los autores parten de una idea clave: la seguridad se implementa con infraestructuras y presencia policial, pero también produce una atmósfera afectiva que modifica la manera como las personas experimentan el espacio público. Esto conecta con el campo de la geopolítica urbana cotidiana, que estudia de qué manera los grandes discursos sobre seguridad global se materializan en espacios concretos, como calles y plazas.

Antes del atentado, la Breitscheidplatz era un espacio caracterizado por el flujo constante de personas, rodeado de ejes comerciales y próximo a la estación Bahnhof Zoo. Aunque ya había prácticas de control y vigilancia desde los años noventa del siglo pasado —especialmente vinculadas a la criminalización de determinados colectivos—, el ataque de 2016 marcó un punto de inflexión.

Después del atentado, la plaza experimentó una transformación profunda con la instalación de medidas de Hostile Vehicle Mitigation (HVM): bloques de hormigón, pilonas, mobiliario urbano reforzado y una presencia policial más visible, incluida una comisaría móvil permanente. Este conjunto de medidas convirtió la plaza en un espacio altamente protegido, prácticamente único en Berlín con respecto al nivel de fortificación.

Los autores argumentan que esta acumulación de medidas responde a una necesidad funcional de protección, pero a su vez genera una sobresaturación que altera la esencia misma del espacio público.

Uno de los conceptos centrales del artículo es el de atmósfera afectiva. La seguridad no se percibe únicamente a través de normas o dispositivos materiales, sino mediante sensaciones: hostilidad, vigilancia constante, tensión o exclusión. Cruzar múltiples barreras físicas antes de llegar a la plaza puede generar una sensación de amenaza latente, aunque el objetivo sea precisamente reducir el riesgo.

Mediante etnografías sensoriales y la observación participante (entre 2021 y 2022), los investigadores recogieron testimonios e impresiones de usuarios, comerciantes y vecinos. Lo que emerge es una paradoja: las medidas destinadas a incrementar la seguridad pueden producir una atmósfera que refuerza la percepción de peligro.

Esta transformación afecta especialmente los colectivos racializados o marginados. Según los autores, la protección no es neutral: consolida prácticas discriminatorias preexistentes y restringe la accesibilidad real del espacio público. La plaza deja de ser un espacio de circulación abierta y se convierte en un espacio de control selectivo.

El artículo sitúa este caso en un marco más amplio: la protección de las ciudades europeas después de oleadas de atentados terroristas. Este proceso ha impulsado la militarización del espacio urbano, la normalización de infraestructuras defensivas y la construcción simbólica de amenazas internas.

En la Breitscheidplatz, la combinación de consumo de lujo, vigilancia intensiva y arquitectura defensiva contribuye a redefinir la identidad del espacio. La plaza es un lugar de memoria del atentado y también un escenario permanente de prevención.

Esta dinámica muestra cómo la geopolítica global (terrorismo, seguridad europea, discursos sobre la amenaza) se traduce en decisiones muy concretas sobre diseño urbano, mobiliario y presencia policial. El espacio público se convierte así en un laboratorio de gobernanza del miedo.

La aportación principal del artículo es demostrar que las políticas de seguridad tienen una dimensión material, social y emocional inseparable. La protección reorganiza el espacio a la vez que transforma la manera como se vive y se siente.

En el campo de la seguridad urbana, esto implica varias reflexiones:

  • Las medidas físicas de protección generan impactos simbólicos y psicológicos.
  • La sobreactuación protectora puede reforzar la percepción de riesgo.
  • La seguridad se puede convertir en un mecanismo de exclusión social.
  • El espacio público puede perder su función de apertura y convivencia si se convierte en una infraestructura permanente de defensa.

En definitiva, el caso de la Breitscheidplatz muestra como el antiterrorismo contemporáneo no solo protege, sino que también redefine la experiencia urbana. La seguridad deja de ser un elemento invisible para convertirse en una presencia tangible, material y ambiental que modela la vida cotidiana.

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Como el crimen organizado invade y arruina comunidades en Francia

Felia Allum, profesora de crimen organizado comparado en la Universidad de Bath, ha publicado un artículo en The Conversation en el que analiza el aumento de los asesinatos vinculados al narcotráfico en Francia y defiende que el país está en un punto de inflexión en su relación con el crimen organizado. El caso que simboliza este giro es el asesinato de Medhi Kessaci, hermano de un activista antinarcotráfico en Marsella, un crimen interpretado como un mensaje intimidatorio en el contexto de una escalada de violencia. Entre 2023 y 2024, 73 personas murieron en Marsella en hechos relacionados con el negocio de la droga; muchos de ellos eran jóvenes reclutados por internet con la promesa de dinero rápido. Episodios similares se han producido también en Grenoble, París, Nimes, Montpellier, Niza y Lyon.

Marsella se ha convertido en el epicentro simbólico de esta crisis. El grupo que actualmente domina parte del mercado de la droga en Francia se hace llamar Mafia DZ; pero Allum subraya que no se trata de una mafia clásica, como las italianas. No responde a la estructura jerárquica tradicional ni al modelo histórico de control territorial e infiltración institucional característico de determinadas organizaciones italianas. Esto obliga a evitar simplificaciones y etiquetas como “narcoestado” o “narcoterrorismo”, que pueden llamar la atención mediática, pero no siempre ayudan a entender el fenómeno.

Según la autora, el crimen organizado no aparece de la nada ni se impone únicamente por la fuerza. Arraiga cuando encuentra espacios vacíos que el estado y la sociedad no están ocupando adecuadamente. Históricamente, estructuras mafiosas y cárteles se han consolidado en periodos de transformación profunda, como pasó en Italia durante la unificación del siglo XIX o en los Estados Unidos en plena industrialización. En estos contextos de cambio acelerado, las instituciones todavía eran débiles o inestables, y actores no estatales llenaron los vacíos de poder.

Pero actualmente Francia no es un estado en construcción, sino un estado consolidado, inmerso en un modelo económico liberal en el que las desigualdades sociales, educativas y económicas se han profundizado. Allum, inspirándose en la politóloga Susan Strange, apunta que la autoridad del estado se ha erosionado en favor de los mercados y que el modelo de bienestar se ha ido burocratizando y privatizando. Cuando el tejido social se debilita y las oportunidades reales escasean, las redes criminales ofrecen una alternativa aparentemente atractiva: ingresos inmediatos, identidad, respeto y una estructura de pertenencia.

En barrios con altas tasas de paro juvenil y fracaso escolar, el narcotráfico puede convertirse en una vía de ascenso rápido, aunque sea extremadamente peligrosa. Las organizaciones imponen sus propias normas a los vendedores y reclutas, generan economías paralelas y, en algunos casos, obtienen una cierta tolerancia social basada en el miedo o en la dependencia económica. El crimen organizado no solo opera en contra de la comunidad; a menudo se integra en ella y establece vínculos complejos.

Ante esta situación, el gobierno del presidente Emmanuel Macron ha propuesto un conjunto de medidas orientadas a reforzar la respuesta penal y policial. Destaca la creación de una nueva dirección nacional contra el crimen organizado (PNACO), con fiscales especializados para perseguir redes de narcotráfico a escala francesa y europea. También se prevén programas de protección de testigos, endurecimiento de las condiciones penitenciarias para los jefes de red y ampliación de los mecanismos de incautación de bienes. Francia mira hacia el modelo italiano de los años noventa como referente legislativo.

Además, el gobierno quiere incrementar las sanciones a los consumidores, con multas más elevadas y posibles restricciones, como la retirada del permiso de conducir o afectaciones laborales. Esta estrategia parte de la idea de que hay que actuar sobre toda la cadena, desde los cabecillas hasta la demanda final.

Sin embargo, Allum advierte de que las medidas reactivas y punitivas, por sí solas, no resuelven las causas estructurales del problema. Las redes criminales tienen una gran capacidad de adaptación: cuando se desmantela una estructura, puede emerger otra, a menudo con operaciones coordinadas desde el extranjero. Sin una intervención que aborde las desigualdades, la falta de oportunidades y la desconexión entre instituciones y ciudadanía, el fenómeno tiende a reproducirse.

La lucha contra el narcotráfico no es solo una cuestión de refuerzo policial o de reforma penal. Es también una cuestión de cohesión social, de políticas públicas integrales y de reconstrucción del vínculo entre el estado y los barrios más vulnerables. La seguridad sostenible no se construye únicamente con más represión, sino con prevención, inversión social y alternativas reales para los jóvenes que hoy ven en el mercado de la droga su único horizonte posible.

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Cómo promover enfoques de seguridad pública equilibrados y eficaces en América Latina

En los debates sobre seguridad pública en América Latina, con demasiada frecuencia se plantea un falso dilema: o bien “mano dura” contra el crimen o bien abordar las causas estructurales de la violencia. Esta dicotomía simplifica una realidad mucho más compleja. Las políticas realmente eficaces no eligen entre represión o prevención, sino que combinan la capacidad de actuar con urgencia con estrategias sostenibles que refuerzan la justicia, la legitimidad institucional y la cohesión social.

En contextos de inseguridad crónica, la demanda de resultados inmediatos es comprensible. Cuando las familias viven con miedo diario, las respuestas rápidas y visibles generan alivio tangible. La reciente experiencia de El Salvador, con la declaración de un estado de excepción y la aplicación de medidas masivas de encarcelamiento, ha sido presentada como ejemplo de éxito por la reducción drástica de los homicidios y otros delitos. Este enfoque ha incrementado el apoyo ciudadano al gobierno y ha reforzado la percepción de control. Sin embargo, también ha abierto un profundo debate sobre los costes en términos de proceso, derechos fundamentales y calidad democrática.

La “mano dura” resulta políticamente atractiva por tres motivos principales. Primero, ofrece resultados inmediatos en contextos marcados por la urgencia electoral y la presión mediática. Segundo, es fácil de comunicar: encarcelamientos, despliegues policiales y operativos masivos son acciones visibles y sencillas de explicar. Tercero, concentra poder en el Estado y reduce los espacios de rendición de cuentas. Sin embargo, las estrategias preventivas exigen coordinación interinstitucional, tiempo y una narrativa más sofisticada.

Ahora bien, la prevención social por sí sola tampoco es suficiente, especialmente en contextos con alta presencia de crimen organizado. La investigación internacional muestra que la reducción sostenida de la violencia requiere la integración efectiva del sistema de justicia penal con servicios sociales, programas comunitarios e intervenciones específicas sobre factores de riesgo. La clave no es debilitar al Estado, sino hacerlo más preciso, legítimo y estratégico.

La evidencia científica apunta a cuatro principios fundamentales para una política de seguridad equilibrada.

1. Focalización en personas, lugares y comportamientos de alto riesgo.

La violencia no se distribuye de forma homogénea: se concentra en grupos reducidos y en territorios específicos. Intervenciones basadas en datos -como las estrategias de disuasión focalizada aplicadas en ciudades como Boston u Oakland- han demostrado reducciones significativas de la violencia armada. En Chicago, programas que combinaban terapia cognitiva conductual con empleo juvenil redujeron de forma notable las detenciones por delitos violentos entre jóvenes de alto riesgo. Estas experiencias muestran que actuar con precisión es más eficaz que aplicar medidas indiscriminadas.

2. Fortalecer la capacidad comunitaria para prevenir conflictos.

Las organizaciones locales, mediadores, mentores y programas de justicia cívica son actores clave en la prevención. Iniciativas como el Sistema Distrital de Justicia de Bogotá o modelos de justicia cívica implementados en diversas ciudades de México han mejorado el acceso a la resolución de conflictos y la percepción de legitimidad institucional. Cuando las comunidades disponen de infraestructura social sólida, la violencia tiende a disminuir de forma sostenida.

3. Construir legitimidad mediante equidad y justicia procesal.

Las personas cumplen la ley no sólo por miedo al castigo, sino porque perciben a las autoridades como justas y respetuosas. Experiencias de capacitación policial en justicia procesal en la Ciudad de México han incrementado su satisfacción ciudadana y reducido las quejas. La legitimidad institucional es un activo estratégico: mejora la cooperación, facilita la investigación del delito y refuerza la cohesión social.

4. Intervenciones espaciales estratégicas.

La mejora del entorno físico -iluminación, recuperación de espacios degradados, creación de espacios verdes- puede reducir la violencia, especialmente en barrios de alto riesgo. Estas acciones son visibles, relativamente económicas y refuerzan la percepción de presencia institucional sin recurrir a la confrontación directa.

Más allá del contenido de las políticas, la comunicación es determinante. Los líderes locales deben evitar el marco polarizado de “tolerancia versus represión” y presentar la seguridad como condición para el desarrollo económico, la salud, la educación y la calidad democrática. El mensaje central debería ser que cuando la violencia está organizada, la respuesta también debe estarlo: coordinación entre policía, justicia, servicios sociales y comunidad.

Esto implica priorizar la precisión por encima de la dureza, combinar rendición de cuentas con oportunidades de reinserción y dar voz a mensajeros de confianza —alcaldes, mandos policiales, líderes vecinales o víctimas— que conecten con las preocupaciones reales de la ciudadanía.

En definitiva, superar el falso dilema entre mano dura y prevención resulta imprescindible para avanzar hacia modelos de seguridad más efectivos, justos y sostenibles. Las estrategias equilibradas no renuncian a la autoridad del estado, sino que la refuerzan a través de la legitimidad, evidencia y colaboración. La seguridad no es sólo ausencia de crimen, es la base sobre la que se construye la prosperidad y la confianza democrática.

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36 laboratorios desmantelados en una operación contra una red de drogas sintéticas

Durante el mes de febrero de 2026, Europol apoyó a las autoridades policiales de Ucrania, Polonia y Moldavia en una operación conjunta contra una red criminal internacional implicada en la producción y el tráfico de drogas sintéticas, principalmente catinones sintéticas como el alfa-PVP.

Durante la jornada de acción, la Policía Nacional de Ucrania y la Oficina Central de Investigación de la Policía Polaca llevaron a cabo controles coordinados en aproximadamente 510 emplazamientos. Los agentes de las fuerzas del orden desmantelaron 36 puestos de producción ilícita y 74 instalaciones de almacenamiento de drogas listas para su distribución. Un total de 129 personas quedaron como investigadas y 103 fueron detenidas.

Se sospecha que la red investigada opera en varios países, como Bielorrusia, Moldavia y Ucrania. El grupo está presuntamente dirigido por un organizador ucraniano que establece y equipa laboratorios ilegales con el hardware y las sustancias químicas necesarias. Los investigadores creen que este individuo mantiene conexiones extensas con redes criminales polacas, facilitando el suministro de precursores, productos químicos esenciales y equipos a través de estructuras empresariales legales.

La operación incluyó registros domiciliarios y la inspección de otros locales y vehículos. En total, la investigación comportó las siguientes incautaciones:

  • 20.610 litros de precursores
  • 229,4 kilogramos de alfa-PVP
  • 156,3 kilogramos de anfetamina
  • 46,6 kilogramos y 284 litros de fenil-2-nitropropeno
  • 2 kilogramos de sodio metálico
  • 67,6 kilogramos y 350 litros de mefedrona
  • 7 kilogramos de metanfetamina
  • 47 kilogramos de cannabis
  • 5.115 comprimidos de MDMA
  • 2.000 comprimidos de éxtasis
  • 1,6 millones de UAH (unos 31.000 €), 167.000 USD (unos 141.000 €), 39.000 € en efectivo
  • activos virtuales por valor de 45.000 USD (unos 38.000 €)
  • 41 vehículos

La red criminal empleó diversas tácticas para facilitar el operativo de sus actividades ilícitas. Hizo un mal uso de estructuras comerciales legales operadas por individuos polacos y lituanos previa participación en la producción ilícita de drogas sintéticas. Esto les permitió importar productos químicos, incluidos precursores que todavía no están sujetos a control, y facilitar las actividades de varios laboratorios ilegales detectados en varios países. Al operar en múltiples estados miembros y explotar las lagunas legales, la red extendió el riesgo de exposición y dificultó que las autoridades encargadas de la aplicación de la ley interrumpieran sus actividades.

La contribución de Europol a la operación incluyó soporte operativo y analítico, centrándose en proporcionar datos en tiempo real y facilitar el intercambio de información durante los días de acción. Este esfuerzo de colaboración tenía como objetivo interrumpir las actividades de la red y fortalecer la lucha contra la producción y el tráfico de drogas sintéticas en Europa.

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El espejismo blanco: menos cocaína interceptada, más adaptación criminal

En los últimos dos años, los principales puertos del noroeste de Europa han registrado una notable caída en las incautaciones de cocaína. A simple vista, la tendencia podría interpretarse como éxito de las políticas de seguridad. Puertos como Rotterdam, Amberes o Hamburgo -que durante años habían sido las principales puertas de entrada de cocaína en el continente- han reforzado controles, cooperación internacional y medidas anticorrupción. Sin embargo, un análisis más profundo revela una realidad más compleja: la disminución de las intervenciones no implica necesariamente una reducción del tráfico, sino una transformación de sus dinámicas.

Los indicadores de mercado no apuntan a escasez. En varios países de Europa occidental, los precios al por mayor y al por menor han descendido mientras la demanda se mantiene estable o crece. Esto sugiere un escenario de sobreoferta, coherente con el aumento sostenido de la producción en países como Colombia. En otras palabras, la presión policial no ha detenido el flujo, sino que ha obligado a las organizaciones criminales a innovar.

Una primera adaptación clara es el cambio en el tamaño de los envíos. Las grandes partidas de varias toneladas, altamente rentables, pero también muy arriesgadas, han dejado paso a envíos más pequeños y frecuentes. Esta fragmentación reduce las pérdidas en caso de intercepción y dificulta la detección mediante patrones tradicionales de inteligencia.

Cuando la vigilancia aumenta en un punto, el tráfico se desplaza hacia otras rutas. Este fenómeno, conocido como efecto waterbed, es ya visible en Europa. El endurecimiento de los controles en Rotterdam, Amberes y Hamburgo ha ido acompañado de un incremento de la actividad en puertos del norte y el este del continente, así como en la región báltica y el sudeste europeo.

Esta redistribución comporta riesgos adicionales: llegada de nuevos actores criminales, aumento de la competencia violenta, presión sobre instituciones con menos recursos y mayor vulnerabilidad a la corrupción. El resultado no es menos cocaína, sino una problemática más dispersa y difícil de gestionar de forma coordinada.

Las organizaciones criminales también han sofisticado sus métodos de ocultación. Además del tráfico en contenedores, se observan prácticas como descargas en el mar, escondidos bajo el casco de los barcos o el uso de cocaína licuada y químicamente modificada para camuflarla como productos legales. También proliferan laboratorios de extracción y procesamiento dentro del territorio europeo, una señal preocupante de proximización de la cadena de valor ilícita.

Este fenómeno va acompañado de una presencia creciente de organizaciones criminales latinoamericanas en Europa, como el Primeiro Comando de Capital de Brasil, el Clan del Golfo o el Cártel de Sinaloa. Su implantación no sólo refuerza las redes de distribución, sino que facilita la transferencia de conocimiento, contactos y capacidad logística.

Ante este escenario, la respuesta no puede ser exclusivamente nacional. Las iniciativas de cooperación e intercambio de información son esenciales. Reforzar el mandato de Europol y potenciar las herramientas judiciales de Eurojust son pasos necesarios para evitar que el éxito local genere vulnerabilidades regionales.

La lucha contra el narcotráfico no es ya sólo una cuestión de intercepción física de mercancías, sino de inteligencia, anticipación y visión estratégica compartida. Los datos de incautaciones, por sí solas, pueden crear una falsa sensación de control. El verdadero reto es entender que se trata de un adversario altamente adaptable.

La reducción de las intervenciones puede parecer una victoria, pero podría ser, en realidad, un espejismo blanco. Sólo con cooperación sostenida, análisis prospectivo y una aproximación integral a la seguridad se puede evitar que el problema simplemente cambie de forma mientras sigue creciendo.

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