Cómo promover enfoques de seguridad pública equilibrados y eficaces en América Latina

En los debates sobre seguridad pública en América Latina, con demasiada frecuencia se plantea un falso dilema: o bien “mano dura” contra el crimen o bien abordar las causas estructurales de la violencia. Esta dicotomía simplifica una realidad mucho más compleja. Las políticas realmente eficaces no eligen entre represión o prevención, sino que combinan la capacidad de actuar con urgencia con estrategias sostenibles que refuerzan la justicia, la legitimidad institucional y la cohesión social.

En contextos de inseguridad crónica, la demanda de resultados inmediatos es comprensible. Cuando las familias viven con miedo diario, las respuestas rápidas y visibles generan alivio tangible. La reciente experiencia de El Salvador, con la declaración de un estado de excepción y la aplicación de medidas masivas de encarcelamiento, ha sido presentada como ejemplo de éxito por la reducción drástica de los homicidios y otros delitos. Este enfoque ha incrementado el apoyo ciudadano al gobierno y ha reforzado la percepción de control. Sin embargo, también ha abierto un profundo debate sobre los costes en términos de proceso, derechos fundamentales y calidad democrática.

La “mano dura” resulta políticamente atractiva por tres motivos principales. Primero, ofrece resultados inmediatos en contextos marcados por la urgencia electoral y la presión mediática. Segundo, es fácil de comunicar: encarcelamientos, despliegues policiales y operativos masivos son acciones visibles y sencillas de explicar. Tercero, concentra poder en el Estado y reduce los espacios de rendición de cuentas. Sin embargo, las estrategias preventivas exigen coordinación interinstitucional, tiempo y una narrativa más sofisticada.

Ahora bien, la prevención social por sí sola tampoco es suficiente, especialmente en contextos con alta presencia de crimen organizado. La investigación internacional muestra que la reducción sostenida de la violencia requiere la integración efectiva del sistema de justicia penal con servicios sociales, programas comunitarios e intervenciones específicas sobre factores de riesgo. La clave no es debilitar al Estado, sino hacerlo más preciso, legítimo y estratégico.

La evidencia científica apunta a cuatro principios fundamentales para una política de seguridad equilibrada.

1. Focalización en personas, lugares y comportamientos de alto riesgo.

La violencia no se distribuye de forma homogénea: se concentra en grupos reducidos y en territorios específicos. Intervenciones basadas en datos -como las estrategias de disuasión focalizada aplicadas en ciudades como Boston u Oakland- han demostrado reducciones significativas de la violencia armada. En Chicago, programas que combinaban terapia cognitiva conductual con empleo juvenil redujeron de forma notable las detenciones por delitos violentos entre jóvenes de alto riesgo. Estas experiencias muestran que actuar con precisión es más eficaz que aplicar medidas indiscriminadas.

2. Fortalecer la capacidad comunitaria para prevenir conflictos.

Las organizaciones locales, mediadores, mentores y programas de justicia cívica son actores clave en la prevención. Iniciativas como el Sistema Distrital de Justicia de Bogotá o modelos de justicia cívica implementados en diversas ciudades de México han mejorado el acceso a la resolución de conflictos y la percepción de legitimidad institucional. Cuando las comunidades disponen de infraestructura social sólida, la violencia tiende a disminuir de forma sostenida.

3. Construir legitimidad mediante equidad y justicia procesal.

Las personas cumplen la ley no sólo por miedo al castigo, sino porque perciben a las autoridades como justas y respetuosas. Experiencias de capacitación policial en justicia procesal en la Ciudad de México han incrementado su satisfacción ciudadana y reducido las quejas. La legitimidad institucional es un activo estratégico: mejora la cooperación, facilita la investigación del delito y refuerza la cohesión social.

4. Intervenciones espaciales estratégicas.

La mejora del entorno físico -iluminación, recuperación de espacios degradados, creación de espacios verdes- puede reducir la violencia, especialmente en barrios de alto riesgo. Estas acciones son visibles, relativamente económicas y refuerzan la percepción de presencia institucional sin recurrir a la confrontación directa.

Más allá del contenido de las políticas, la comunicación es determinante. Los líderes locales deben evitar el marco polarizado de “tolerancia versus represión” y presentar la seguridad como condición para el desarrollo económico, la salud, la educación y la calidad democrática. El mensaje central debería ser que cuando la violencia está organizada, la respuesta también debe estarlo: coordinación entre policía, justicia, servicios sociales y comunidad.

Esto implica priorizar la precisión por encima de la dureza, combinar rendición de cuentas con oportunidades de reinserción y dar voz a mensajeros de confianza —alcaldes, mandos policiales, líderes vecinales o víctimas— que conecten con las preocupaciones reales de la ciudadanía.

En definitiva, superar el falso dilema entre mano dura y prevención resulta imprescindible para avanzar hacia modelos de seguridad más efectivos, justos y sostenibles. Las estrategias equilibradas no renuncian a la autoridad del estado, sino que la refuerzan a través de la legitimidad, evidencia y colaboración. La seguridad no es sólo ausencia de crimen, es la base sobre la que se construye la prosperidad y la confianza democrática.

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36 laboratorios desmantelados en una operación contra una red de drogas sintéticas

Durante el mes de febrero de 2026, Europol apoyó a las autoridades policiales de Ucrania, Polonia y Moldavia en una operación conjunta contra una red criminal internacional implicada en la producción y el tráfico de drogas sintéticas, principalmente catinones sintéticas como el alfa-PVP.

Durante la jornada de acción, la Policía Nacional de Ucrania y la Oficina Central de Investigación de la Policía Polaca llevaron a cabo controles coordinados en aproximadamente 510 emplazamientos. Los agentes de las fuerzas del orden desmantelaron 36 puestos de producción ilícita y 74 instalaciones de almacenamiento de drogas listas para su distribución. Un total de 129 personas quedaron como investigadas y 103 fueron detenidas.

Se sospecha que la red investigada opera en varios países, como Bielorrusia, Moldavia y Ucrania. El grupo está presuntamente dirigido por un organizador ucraniano que establece y equipa laboratorios ilegales con el hardware y las sustancias químicas necesarias. Los investigadores creen que este individuo mantiene conexiones extensas con redes criminales polacas, facilitando el suministro de precursores, productos químicos esenciales y equipos a través de estructuras empresariales legales.

La operación incluyó registros domiciliarios y la inspección de otros locales y vehículos. En total, la investigación comportó las siguientes incautaciones:

  • 20.610 litros de precursores
  • 229,4 kilogramos de alfa-PVP
  • 156,3 kilogramos de anfetamina
  • 46,6 kilogramos y 284 litros de fenil-2-nitropropeno
  • 2 kilogramos de sodio metálico
  • 67,6 kilogramos y 350 litros de mefedrona
  • 7 kilogramos de metanfetamina
  • 47 kilogramos de cannabis
  • 5.115 comprimidos de MDMA
  • 2.000 comprimidos de éxtasis
  • 1,6 millones de UAH (unos 31.000 €), 167.000 USD (unos 141.000 €), 39.000 € en efectivo
  • activos virtuales por valor de 45.000 USD (unos 38.000 €)
  • 41 vehículos

La red criminal empleó diversas tácticas para facilitar el operativo de sus actividades ilícitas. Hizo un mal uso de estructuras comerciales legales operadas por individuos polacos y lituanos previa participación en la producción ilícita de drogas sintéticas. Esto les permitió importar productos químicos, incluidos precursores que todavía no están sujetos a control, y facilitar las actividades de varios laboratorios ilegales detectados en varios países. Al operar en múltiples estados miembros y explotar las lagunas legales, la red extendió el riesgo de exposición y dificultó que las autoridades encargadas de la aplicación de la ley interrumpieran sus actividades.

La contribución de Europol a la operación incluyó soporte operativo y analítico, centrándose en proporcionar datos en tiempo real y facilitar el intercambio de información durante los días de acción. Este esfuerzo de colaboración tenía como objetivo interrumpir las actividades de la red y fortalecer la lucha contra la producción y el tráfico de drogas sintéticas en Europa.

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El espejismo blanco: menos cocaína interceptada, más adaptación criminal

En los últimos dos años, los principales puertos del noroeste de Europa han registrado una notable caída en las incautaciones de cocaína. A simple vista, la tendencia podría interpretarse como éxito de las políticas de seguridad. Puertos como Rotterdam, Amberes o Hamburgo -que durante años habían sido las principales puertas de entrada de cocaína en el continente- han reforzado controles, cooperación internacional y medidas anticorrupción. Sin embargo, un análisis más profundo revela una realidad más compleja: la disminución de las intervenciones no implica necesariamente una reducción del tráfico, sino una transformación de sus dinámicas.

Los indicadores de mercado no apuntan a escasez. En varios países de Europa occidental, los precios al por mayor y al por menor han descendido mientras la demanda se mantiene estable o crece. Esto sugiere un escenario de sobreoferta, coherente con el aumento sostenido de la producción en países como Colombia. En otras palabras, la presión policial no ha detenido el flujo, sino que ha obligado a las organizaciones criminales a innovar.

Una primera adaptación clara es el cambio en el tamaño de los envíos. Las grandes partidas de varias toneladas, altamente rentables, pero también muy arriesgadas, han dejado paso a envíos más pequeños y frecuentes. Esta fragmentación reduce las pérdidas en caso de intercepción y dificulta la detección mediante patrones tradicionales de inteligencia.

Cuando la vigilancia aumenta en un punto, el tráfico se desplaza hacia otras rutas. Este fenómeno, conocido como efecto waterbed, es ya visible en Europa. El endurecimiento de los controles en Rotterdam, Amberes y Hamburgo ha ido acompañado de un incremento de la actividad en puertos del norte y el este del continente, así como en la región báltica y el sudeste europeo.

Esta redistribución comporta riesgos adicionales: llegada de nuevos actores criminales, aumento de la competencia violenta, presión sobre instituciones con menos recursos y mayor vulnerabilidad a la corrupción. El resultado no es menos cocaína, sino una problemática más dispersa y difícil de gestionar de forma coordinada.

Las organizaciones criminales también han sofisticado sus métodos de ocultación. Además del tráfico en contenedores, se observan prácticas como descargas en el mar, escondidos bajo el casco de los barcos o el uso de cocaína licuada y químicamente modificada para camuflarla como productos legales. También proliferan laboratorios de extracción y procesamiento dentro del territorio europeo, una señal preocupante de proximización de la cadena de valor ilícita.

Este fenómeno va acompañado de una presencia creciente de organizaciones criminales latinoamericanas en Europa, como el Primeiro Comando de Capital de Brasil, el Clan del Golfo o el Cártel de Sinaloa. Su implantación no sólo refuerza las redes de distribución, sino que facilita la transferencia de conocimiento, contactos y capacidad logística.

Ante este escenario, la respuesta no puede ser exclusivamente nacional. Las iniciativas de cooperación e intercambio de información son esenciales. Reforzar el mandato de Europol y potenciar las herramientas judiciales de Eurojust son pasos necesarios para evitar que el éxito local genere vulnerabilidades regionales.

La lucha contra el narcotráfico no es ya sólo una cuestión de intercepción física de mercancías, sino de inteligencia, anticipación y visión estratégica compartida. Los datos de incautaciones, por sí solas, pueden crear una falsa sensación de control. El verdadero reto es entender que se trata de un adversario altamente adaptable.

La reducción de las intervenciones puede parecer una victoria, pero podría ser, en realidad, un espejismo blanco. Sólo con cooperación sostenida, análisis prospectivo y una aproximación integral a la seguridad se puede evitar que el problema simplemente cambie de forma mientras sigue creciendo.

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Propuesta francesa de alquilar celdas en el extranjero para reducir la sobrepoblación carcelaria

La propuesta de explorar el alquiler de celdas en prisiones extranjeras para hacer frente a la sobrepoblación carcelaria ha abierto un intenso debate en el ámbito político, jurídico y de la seguridad pública. Con más de 82.900 internos para unas 62.000 plazas disponibles, Francia se encuentra en una situación crítica. Según datos del Consejo de Europa, es uno de los países con mayor tasa de hacinamiento del continente, sólo por detrás de Chipre y Rumanía. Ante este escenario, el ejecutivo baraja opciones que hasta hace poco parecían impensables.

La idea no es nueva en Europa. Entre 2010 y 2016, Bélgica alquiló 680 plazas penitenciarias en Tilburg, Países Bajos, en un modelo en el que el personal neerlandés operaba bajo legislación belga. Más recientemente, en 2021, Dinamarca firmó un acuerdo con Kosovo para trasladar a 300 internos durante diez años, con un coste estimado de cerca de 200 euros diarios por recluso. Estos precedentes demuestran que el modelo es viable sobre el papel, pero también evidencian sus limitaciones prácticas.

Desde una perspectiva de seguridad y gestión penitenciaria, los retos son considerables. En primer lugar, existe la complejidad jurídica: ¿qué marco legal se aplica? ¿Cómo se garantizan los derechos fundamentales de los internos? La experiencia belga mostró que es necesaria una formación específica del personal y una coordinación estrecha entre administraciones. En segundo lugar, los costes logísticos pueden ser superiores a los previstos, especialmente en lo que se refiere al transporte, la supervisión y la gestión contractual.

Otro factor crítico es el impacto en la reinserción. Varios profesionales del sistema penitenciario alertan de que alejar a los internos de su entorno familiar y social puede dificultar la rehabilitación y aumentar el riesgo de reincidencia. Las visitas se complican por la distancia y, en algunos casos, por los requisitos administrativos. Además, los programas de formación e inserción laboral pueden perder eficacia si no están coordinados con el mercado laboral del país de origen.

El debate tiene también una dimensión presupuestaria. Francia destina ya entre 100 y 250 euros diarios por interno, según el tipo de centro. Externalizar plazas puede parecer una solución rápida, pero no necesariamente más económica. En un contexto de presión sobre las finanzas públicas, cualquier decisión deberá justificarse con criterios de coste-eficiencia y sostenibilidad a largo plazo.

Paralelamente, autoridades del ámbito de la Justicia han propuesto construir unidades modulares para condenas cortas, mientras que el presidente reiteró la voluntad de acelerar la creación de 5.000 nuevas plazas. Sin embargo, sindicatos y expertos insisten en que ampliar la oferta penitenciaria no resuelve la raíz del problema: el uso excesivo de la cárcel como respuesta penal.

Proponen potenciar penas alternativas, programas de salud mental y tratamiento de adicciones para reducir la entrada en prisión y la reincidencia.

La cuestión clave es si el alquiler de celdas en el extranjero refuerza realmente la seguridad pública o simplemente desplaza el problema. La experiencia europea sugiere que se trata de una medida compleja, con riesgos operativos y reputacionales, que sólo puede funcionar dentro de una estrategia integral de reforma penal. Sin cambios estructurales en política criminal y reinserción, el riesgo es convertir una solución de emergencia en un parche caro y controvertido.

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Marsella en estado de psicosis: narcotráfico y violencia extrema

Marsella vive una escalada de violencia vinculada al narcotráfico que ha generado lo que autoridades, profesionales del derecho y actores comunitarios describen como una psicosis colectiva: un estado de miedo constante, trauma social y percepción de pérdida de control del estado sobre partes del territorio urbano. El elemento más alarmante de esta crisis es el auge de asesinatos de menores y el creciente papel de adolescentes, incluso niños, tanto como víctimas como actores forzados dentro de las redes criminales.

El caso que ha sacudido recientemente a la opinión pública es el asesinato de Adel, un chico de 15 años, ejecutado con un disparo en la cabeza y posteriormente calcinado en una playa de la ciudad. Su cuerpo fue descubierto por otros niños que iban a la escuela, un episodio que simboliza hasta qué punto la violencia se ha normalizado y se ha vuelto pública, visible y aparentemente arbitraria.

Según datos del Ministerio de Justicia francés, el número de menores implicados en el tráfico de drogas se ha multiplicado por cuatro en los últimos ocho años. En Marsella, el narcotráfico ha evolucionado hacia un modelo fragmentado, pero altamente competitivo, en el que una organización dominante (la denominada DZ Mafia) opera mediante una estructura de tipo franquicia, con múltiples puntos de venta gestionados por jóvenes reclutados, a menudo a través de redes sociales.

Este nuevo ecosistema criminal se caracteriza por:

  • Desaparición de los códigos tradicionales del crimen organizado (no atacar de día, no exponer cuerpos, no implicar a menores).
  • Violencia extrema y demostrativa, incluyendo ejecuciones públicas, cuerpos quemados y difusión de vídeos en las redes.
  • Reclutamiento masivo de menores, muchos de ellos migrantes o adolescentes vulnerables, a menudo sometidos a coacciones, deudas ficticias y violencia física.

Actores locales describen una situación de anarquía criminal, donde la lógica del miedo ha sustituido a cualquier jerarquía estable. Los jóvenes, expuestos a diario a muertes violentas, han perdido tanto el miedo a matar como el miedo a morir.

El asesinato de Mehdi Kessaci, un agente de policía en prácticas de 20 años, sin vínculos con el narcotráfico, marcó un punto de inflexión. Se cree que su muerte fue un mensaje intimidatorio dirigido a su hermano, Amine Kessaci, activista antidrogas y figura emergente en el ámbito político local. Este caso refuerza la percepción de que ni siquiera los actores institucionales o sus familiares están fuera del alcance de las bandas.

Abogados, periodistas y activistas han empezado a reducir o abandonar su actividad, o a realizarla bajo protección policial, por miedo a represalias. Algunos profesionales del derecho afirman abiertamente que el Estado de derecho ha quedado subordinado al poder de las bandas en determinados barrios.

Ante esta situación, las autoridades han intensificado las operaciones policiales mediante lo que llaman bombardeos de seguridad: intervenciones masivas y repetidas en zonas de alta criminalidad, con unidades antidisturbios, cierre de puntos de venta y detenciones constantes.

Las cifras muestran actividad significativa:

  • Más de 40 puntos de venta recientemente desmantelados.
  • 42 millones de euros en bienes criminales incautados en un año.
  • Una estimación de hasta 20.000 personas implicadas directa o indirectamente en el negocio de la droga en Marsella.
  • Un mercado nacional del narcotráfico valorado en 7.000 millones de euros anuales.

Sin embargo, incluso responsables policiales y fiscales reconocen que muchos de los detenidos son jóvenes explotados, algunos retenidos contra su voluntad, y que la represión no detiene el constante flujo de nuevos reclutas.

Uno de los elementos más preocupantes es el uso abierto de TikTok y otras redes sociales para anunciar la venta de drogas y reclutar a menores con ofertas de “trabajo” aparentemente legítimas. Se prometen ingresos elevados (200-500 € diarios), pero la realidad es a menudo de esclavitud moderna, con violencia, abusos sexuales y amenazas contra las familias.

La crisis ha reabierto un intenso debate político. Sectores de ultraderecha reclaman el estado de emergencia, mayor poder para la policía y restricciones migratorias severas, atribuyendo el problema a la inmigración masiva y al fracaso de la integración. Otras voces -abogados, expertos y periodistas- rechazan esta lectura y alertan contra el uso del miedo como herramienta política. Argumentan que la violencia es el resultado de décadas de abandono social, pobreza estructural, corrupción y políticas públicas fallidas, y que la represión policial sólo trata los síntomas, no las causas.

Marsella ejemplifica una crisis de seguridad híbrida, donde crimen organizado, exclusión social, digitalización del delito y debilitamiento de la confianza institucional convergen. La psicosis que se extiende por la ciudad no es sólo miedo a la violencia, sino la sensación de que el orden social se está erosionando y de que las soluciones tradicionales ya no son suficientes.

Para los expertos en seguridad, el caso de Marsella plantea una pregunta clave: cómo recuperar el control sin alimentar una espiral de represión que acabe profundizando el mismo problema que se quiere resolver.

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Aumento de la violencia y de los delitos sexuales en las estaciones de tren de Alemania: datos, causas y retos

El informe anual 2024 de la Policía Federal alemana dibuja un panorama preocupante en materia de seguridad, especialmente en las estaciones de tren y en el transporte ferroviario. Aunque la delincuencia global ha disminuido, los delitos que generan más alarma social –violentos y sexuales– han aumentado de forma significativa, confirmando una tendencia al alza iniciada en los últimos años.

Según el informe, en 2024 se registraron 27.160 delitos violentos en estaciones y trenes, un 6% más que el año anterior y un 51% más que en 2019. Este incremento no se limita a las grandes ciudades, sino que afecta también a estaciones medias, pequeñas e incluso zonas rurales, lo que indica una extensión territorial. Paralelamente, los delitos sexuales -como el exhibicionismo, el acoso sexual, las agresiones y las violaciones- aumentaron un 19,2%, un dato especialmente relevante por el impacto directo en la percepción de inseguridad, especialmente entre mujeres y colectivos vulnerables.

En conjunto, la Policía Federal registró 381.894 delitos en estaciones y trenes, una cifra que representa un descenso global del 10,1% respecto a 2023. Esta aparente contradicción se explica porque la reducción afecta principalmente a infracciones administrativas, sobre todo las relacionadas con la Ley de Residencia, mientras que los delitos graves siguen creciendo. Así lo subraya Manuel Ostermann, vicepresidente de la Unión Federal de Policía, quien alerta de que allí donde realmente importa —violencia, delitos sexuales y armas— la situación empeora.

A nivel nacional, la tendencia se repite: los delitos violentos han aumentado un 6,6% y los sexuales un 13% en toda Alemania. Hay que tener en cuenta que estos datos sólo recogen delitos denunciados y no ofrecen información sobre procesos judiciales o condenas, limitando la interpretación completa del fenómeno.

Por lo que respecta a las causas, el informe y las declaraciones sindicales apuntan a diversos factores estructurales. Por un lado, se señala un aumento de la marginación social, con personas cada vez más desatendidas por la carencia de infraestructuras sociales como servicios sociales, educadores y profesores. Este contexto favorece la exclusión, la violencia doméstica y el consumo de alcohol y drogas, elementos que aparecen de forma recurrente en el perfil de los agresores.

Los datos confirman que el 79% de los autores son varones, y que casi la mitad (49%) actuaban bajo los efectos del alcohol o las drogas en el momento del delito. Además, el 53% carecía de nacionalidad alemana, un dato que ha alimentado el debate político y social sobre inmigración y seguridad. Ostermann atribuye parte del problema a la inmigración procedente de los principales países de asilo, aunque este enfoque es controvertido y no siempre contempla factores socioeconómicos, de integración o de contexto vital.

La violencia no sólo afecta a los ciudadanos, sino también a los cuerpos policiales. En 2024 se registraron 2.967 agresiones contra policías federales, la segunda cifra más alta desde que existen registros (2001). En total, 804 agentes resultaron heridos, mayoritariamente varones. Las agresiones incluyen puñetazos, patadas, escupitajos, mordeduras y golpes con objetos, y en una de cada ocho se utilizaron objetos como armas improvisadas, como por ejemplo botellas o piedras.

Ante esta situación, la Policía Federal y Deutsche Bahn han reforzado las medidas de seguridad con mayor presencia policial, zonas sin armas, controles preventivos y un sistema de más de 11.000 cámaras de vigilancia. Sin embargo, los sindicatos policiales reclaman un mayor compromiso por parte de la empresa ferroviaria, con más personal de seguridad privado, estaciones mejor iluminadas, limpias y modernizadas, y una inversión más rápida en infraestructuras.

El ministro del Interior, Alexander Dobrindt (CSU), ha calificado los ataques a los policías como un ataque a la sociedad en su conjunto, mientras que Ostermann advierte que se ha perdido mucho en los últimos diez años y que Alemania se enfrenta a años oscuros en materia de seguridad si no hay una mejora real en tecnología, marco legal, recursos humanos y cooperación entre gobierno.

En conclusión, el informe transmite un mensaje claro: pese a la reducción de la delincuencia global, la seguridad empeora justo en los ámbitos más sensibles. Las estaciones de tren, espacios clave de movilidad y convivencia, se han convertido en puntos críticos que exigen respuestas integrales, combinando prevención social, inversión en seguridad, coordinación institucional y políticas a largo plazo que vayan más allá de medidas reactivas.

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Informe sobre el complejo sistema de prisiones estadounidense

El informe Mass Incarceration: The Whole Pie 2025, elaborado por Wendy Sawyer y Peter Wagner, ofrece una visión global y rigurosa del sistema de encarcelamiento en Estados Unidos, con el objetivo de desmontar mitos persistentes y aportar datos claros en un debate cada vez más politizado. En un contexto en el que la seguridad se utiliza a menudo para justificar políticas punitivas, el estudio demuestra que muchas de estas medidas no sólo son ineficaces, sino que pueden empeorar la seguridad pública.

Actualmente, casi 2 millones de personas están privadas de libertad en EE.UU. en un mosaico de sistemas (cárceles estatales y federales, prisiones locales, centros juveniles, detención de inmigración, hospitales psiquiátricos y otros), con un coste anual mínimo de 182.000 millones de dólares. Sin embargo, estas cifras no reflejan la enorme rotación del sistema: cada año, más de 7 millones de personas pasan por la cárcel preventiva, a menudo por delitos menores o sin condena firme.

Uno de los puntos clave del informe es que la mayoría de personas en las cárceles locales (jails) no han sido condenadas. Están en prisión preventiva porque no pueden pagar la fianza, no porque representen un peligro inmediato. Este uso extensivo de la detención previa al juicio tiene un impacto directo en la seguridad: rompe vínculos familiares y laborales, agrava problemas de salud mental y aumenta la probabilidad de reincidencia.

El estudio también desmiente la idea de que la masificación penitenciaria sea principalmente consecuencia de la guerra contra las drogas o de las prisiones privadas. Aunque los delitos relacionados con drogas siguen siendo relevantes (más de 360.000 personas encarceladas), 4 de cada 5 personas encarceladas lo están por otros tipos de delitos. Además, casi la mitad de la población reclusa está clasificada bajo la categoría legal de delitos violentos, una etiqueta a menudo engañosa que incluye conductos sin daño físico real.

Desde el punto de vista de la seguridad, una de las conclusiones más importantes es que el encarcelamiento masivo no reduce el crimen. Los datos muestran que los índices de criminalidad están en mínimos históricos, a pesar de los discursos políticos alarmistas. Además, las penas largas y las duras condiciones de reclusión no tienen efecto disuasorio y pueden tener un impacto criminógeno, aumentando el riesgo de delitos futuros una vez la persona es liberada.

Por último, el informe alerta contra el uso de prisiones como sustituto de servicios sociales y sanitarios. Las prisiones no son espacios adecuados para el tratamiento de trastornos mentales ni adicciones, y el fracaso en este ámbito tiene consecuencias directas para la seguridad colectiva.

En conjunto, The Whole Pie 2025 defiende que reducir el encarcelamiento de forma inteligente es una estrategia de seguridad, no una amenaza. Las políticas basadas en datos, prevención, servicios comunitarios y respuestas proporcionadas al delito son mucho más efectivas para construir sociedades seguras que la lógica del castigo masivo.

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Una gran operación contra el contrabando de migrantes en Bulgaria termina con 16 detenciones

Una investigación liderada por Bulgaria, llevada a cabo en colaboración con la policía helénica y con el apoyo de Europol, ha comportado el desmantelamiento de una red criminal organizada implicada en el contrabando de migrantes desde Turquía a través de Bulgaria y posteriormente a través de Serbia o Rumanía hacia países de Europa Occidental. La investigación se realizó en el marco de un grupo de trabajo operativo regional establecido para luchar contra las redes de contrabando de migrantes que utilizan Bulgaria como país de tráfico.

La jornada de acción policial comportó 16 detenciones, 6 registros de viviendas y locales e incautaciones de dispositivos móviles, documentos administrativos, documentos de matriculación de vehículos, cuadernos de contabilidad y otros registros.

La red de contrabando de migrantes operaba con una estructura piramidal, con miembros que desempeñaban distintos roles. El grupo central, con sede en Sofía, estaba formado principalmente por ciudadanos búlgaros y sirios que actuaban de forma altamente coordinada. Su rol principal era organizar el tráfico a través de Bulgaria, manteniendo a la vez una estrecha cooperación con otras redes criminales con sede en los países vecinos. Por ejemplo, el pago por los servicios de contrabando ya se había organizado antes de la salida. Los migrantes debían realizar un depósito a través de las oficinas hawala en Turquía, desde donde salían los migrantes.

Tras reclutar a migrantes en Turquía, los miembros de la red criminal los introdujeron de contrabando a través de la frontera verde sur de Bulgaria, guiándolos a lugares predefinidos. Desde ahí, los conductores los transportaron a Sofía utilizando una variedad de vehículos, incluidos coches y autobuses. Los migrantes fueron alojados temporalmente en casas seguras en Sofía y sus alrededores antes de ser trasladados hacia las fronteras búlgaro-serbias o búlgaro-rumanas. En algunos casos, los migrantes fueron transportados directamente a las zonas fronterizas sin alojamiento provisional.

Europol llevó a cabo un amplio trabajo de análisis operativo para identificar los distintos objetivos y cartografiar sus actividades criminales. Europol desplegó a un experto en Sofía en el marco del Grupo de trabajo operativo regional y estuvo sobre el terreno durante el día de acción, proporcionando comprobaciones cruzadas en tiempo real con las bases de datos de Europol para apoyar a las autoridades nacionales encargadas de la aplicación de la ley.

Desde su creación en septiembre de 2023, Europol ha estado proporcionando apoyo operativo y analítico dedicado al grupo de trabajo operativo dirigido por Bulgaria. Europol organizó y coordinó numerosas reuniones operativas entre las partes interesadas y facilitó el intercambio de datos operativos.

El tráfico de migrantes sigue siendo una amenaza criminal muy importante en la UE, que requiere una acción coordinada en toda la cadena criminal, desde el reclutamiento y el tráfico hasta los flujos financieros que lo apoyan. Europol apoya las investigaciones mediante un enfoque basado en datos, mejorando los casos proporcionados por las autoridades nacionales con análisis operativo y experiencia. Europol también facilita el intercambio de información y coordina operaciones conjuntas para desmantelar las redes criminales.

Para reforzar los esfuerzos de Europol por combatir el tráfico de migrantes, en diciembre de 2025 se adoptó el Reglamento (UE) 2025/2611. Esta nueva legislación de la UE subraya la importancia de abordar el tráfico de migrantes a nivel de la UE mediante una cooperación reforzada, incluida la creación del Centro Europeo contra el Tráfico de Migrantes (ECAMS).

A la hora de crear la ECAMS, la prioridad de Europol es garantizar un mejor intercambio sistemático de información y una mejor coordinación de los esfuerzos. Esto incluye el refuerzo de la experiencia en inteligencia de código abierto (OSINT) e investigaciones financieras, así como la mejora del impacto operativo de la red de oficiales de enlace de Frontex, Eurojust y los Estados miembros.

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El Libro Blanco de la Policía: hacia un nuevo modelo de seguridad en Inglaterra y Gales

El gobierno del Reino Unido ha presentado el Libro Blanco “De local a nacional: un nuevo modelo de policía”, que establece las reformas más profundas del sistema policial desde su profesionalización hace dos siglos. Anunciadas por la ministra del Interior, Shabana Mahmood, estas medidas pretenden adaptar a la policía a un entorno criminal cada vez más complejo, digital y transnacional, al tiempo que se refuerza la policía de proximidad y la confianza ciudadana.

Uno de los pilares de la reforma es la revisión estructural del mapa policial. Actualmente, Inglaterra y Gales cuentan con 43 fuerzas locales, un modelo que el gobierno considera fragmentado e ineficiente. El Libro Blanco propone reducir drásticamente este número mediante fusiones, con el objetivo de mejorar la eficiencia, reducir costes y garantizar una respuesta más coherente y homogénea en todo el territorio.

Esta reorganización busca liberar recursos para reforzar a la policía de barrio y la lucha contra la delincuencia local, devolviendo a la policía a sus principios fundamentales: presencia visible, conocimiento de la comunidad y respuesta rápida a los incidentes.

La reforma más ambiciosa es la creación de un nuevo Servicio Nacional de Policía, concebido para hacer frente a los delitos más graves y complejos, como el crimen organizado, el terrorismo, el crimen digital y las amenazas que trascienden a las fronteras locales.

Este nuevo servicio integrará bajo una única estructura capacidades hasta ahora dispersas, como la Agencia Nacional contra el Crimen, la Policía Antiterrorista, las unidades regionales de crimen organizado, la policía de carreteras y los servicios aéreos policiales. El resultado será una fuerza nacional con mejor capacidad para compartir inteligencia, tecnología y recursos.

Al frente del Servicio Nacional de Policía habrá un comisario nacional, que se convertirá en el máximo responsable policial del país. Una de sus funciones clave será asumir la gestión centralizada de la forense, incluida la forense digital, para reducir retrasos –actualmente con decenas de miles de dispositivos pendientes de análisis– y garantizar estándares técnicos uniformes.

El nuevo modelo nacional permitirá terminar con la duplicación de procesos de contratación y adquisición de tecnología. En lugar de que cada fuerza compre su propio equipamiento, el Servicio Nacional de Policía adquirirá material y sistemas TIC de forma centralizada, generando economías de escala.

El gobierno estima que estas medidas permitirán un ahorro de hasta 350 millones de libras, que se reinvertirán directamente en policía de primera línea y en la lucha contra el crimen.

El Libro Blanco refuerza significativamente los mecanismos de accountability. Los ministros tendrán nuevos poderes para intervenir en fuerzas con rendimiento deficiente, incluida la capacidad de destituir a jefes de policía que no cumplan los estándares exigidos.

Se introducirán indicadores claros y comparables sobre tiempo de respuesta, resolución de delitos, satisfacción de las víctimas y confianza pública. Estos resultados se publicarán y permitirán a la ciudadanía comparar el rendimiento de las fuerzas.

Paralelamente, se reforzarán los estándares individuales de los agentes mediante:

  • controles de verificación obligatorios y más estrictos,
  • exclusión de la profesión de personas con antecedentes por delitos de violencia contra mujeres y niñas,
  • suspensión obligatoria de agentes bajo investigación por estos delitos,
  • y la introducción de una licencia profesional renovable, similar a la de otras profesiones reguladas.

La reforma establece nuevos objetivos nacionales de respuesta: llegada a los incidentes graves en un máximo de 15 minutos en zonas urbanas y 20 minutos en zonas rurales, y respuesta a las llamadas de emergencia en menos de 10 segundos.

Además, se amplía la Garantía de Policía de Barrio, asegurando que cada distrito electoral tenga agentes asignados, identificables y accesibles, con un profundo conocimiento de los problemas locales. El gobierno también impulsa un programa de captación de graduados universitarios, inspirado en el modelo Teach First, para atraer a talento joven a roles de policía de proximidad.

Con una inversión superior a los 140 millones de libras, el gobierno apuesta decididamente por la tecnología policial. Destacan la expansión del reconocimiento facial en directo, el despliegue de herramientas de inteligencia artificial para analizar imágenes y pruebas digitales, y la creación del centro nacional de Policia.

Estas herramientas permitirán reducir la carga burocrática y devolver millones de horas de trabajo a la primera línea policial, incrementando la presencia de agentes en la calle.

Por último, el Libro Blanco introduce un nuevo liderazgo nacional en materia de orden público, con capacidad de coordinar recursos en situaciones de desórdenes graves, y refuerza de forma notable el apoyo a la salud mental de los agentes. También se busca revitalizar la Policía Especial, especialmente incorporando perfiles técnicos y expertos en ciberseguo retado, para combatir de forma más efectiva la delincuencia moderna.

En conjunto, el Libro Blanco dibuja un profundo cambio estructural: una policía más centralizada para los grandes delitos, más cercana a la ciudadanía en el ámbito local, con estándares más exigentes, más tecnología y una gobernanza más estricta. Un modelo ambiciosamente pensado para responder a los retos de seguridad del siglo XXI.

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Informe de Europol: tácticas en evolución en las operaciones de tráfico marítimo de cocaína

Un nuevo informe de Europol, proporciona un análisis exhaustivo de las tácticas en evolución utilizadas por las redes criminales para traficar cocaína en Europa a través de rutas marítimas. El documento, “Diversificación en el tráfico marítimo de cocaína”, proporciona un análisis en profundidad de las tácticas cambiantes utilizadas por las redes de crimen organizado, que siguen explotando vulnerabilidades y evadiendo la detección.

El tráfico de cocaína en Europa ha alcanzado niveles sin precedentes, impulsado por la alta producción en Latinoamérica y la creciente demanda dentro de la UE. Las redes criminales han demostrado su capacidad para ajustar rápidamente las operaciones, fragmentando rutas y adoptando métodos de tráfico complejos y encubiertos. Este nuevo informe de Europol destaca el uso de semi sumergibles y otros buques no comerciales, así como la incorporación de cocaína en varios materiales de transporte antes del envío a Europa.

Las transferencias al mar suelen implicar a un barco madre de América Latina que transfiere cocaína a un barco hijo frente a la costa de África Occidental. La cocaína se desembarca en el África Occidental para su posterior envío a la UE continental o se envía a las Islas Canarias. Mediante embarcaciones hinchables de buque rígido, las redes criminales también transportan cocaína directamente a la España continental. Al llegar a la costa andaluza, las redes criminales utilizan el río Guadalquivir para transportar cocaína tierra adentro para su posterior distribución.

Un ejemplo destacado de estas tácticas en evolución se ilustra con una reciente operación con el nombre en clave de “Sombra Negra”, que expuso un cambio significativo en los métodos de tráfico de drogas. Liderada por las autoridades españolas y con el apoyo de Europol, esta operación resultó en la detención de 101 sospechosos y la incautación de más de 10 toneladas de cocaína en la Península Ibérica.

La operación puso de manifiesto un cambio en los métodos de tráfico de drogas, puesto que la red criminal se basaba en infraestructuras marítimas avanzadas para transportar grandes cantidades de cocaína desde Sudamérica hasta Europa a través de la Península Ibérica. Los sospechosos utilizaron embarcaciones de alta velocidad capaces de superar los 70 km/h y sistemas de comunicación cifrados complejos para evadir las fuerzas del orden. La operación supuso un golpe decisivo para una de las mayores organizaciones de tráfico de cocaína de Europa y subrayó un cambio regional del tráfico de cannabis al de cocaína.

Esta operación ejemplifica las principales conclusiones del informe, que incluyen:

• Rutas y métodos diversificados: las redes criminales están evitando los principales puertos comerciales mediante el uso de depósitos y transferencias al mar, semi sumergibles y embarcaciones no comerciales. Estos métodos les permiten evitar la presencia y controles de las fuerzas del orden, lo que dificulta la detección y la intercepción.

• Ocultación sofisticada: la cocaína se esconde cada vez más en equipos industriales, maquinaria y materiales de transporte tales como alimentos, plásticos y textiles. Estos métodos hacen que la detección mediante escáneres, perros rastreadores y pruebas forenses sea extremadamente difícil.

• Avances tecnológicos: las redes criminales están aprovechando tecnologías avanzadas, incluidos sistemas de comunicación cifrados, embarcaciones autónomas y drones, para mejorar sus operaciones y evadir la detección.

El informe también destaca la necesidad de mejorar la vigilancia marítima, las investigaciones financieras y la experiencia forense para exponer compartimentos ocultos, drogas incorporadas químicamente y laboratorios de extracción. Las colaboraciones entre las fuerzas del orden, las aduanas, las autoridades portuarias y el sector privado son esenciales para asegurar las cadenas de suministro y compartir datos en tiempo real.

La respuesta de Europol a la amenaza del tráfico de cocaína incluye el soporte operativo a través de su Unidad de Drogas específica, el apoyo analítico y de coordinación y el despliegue de expertos sobre el terreno. El papel estratégico de la Agencia en proporcionar una perspectiva de la UE sobre las diversas amenazas que representan las redes criminales de tráfico de drogas es crucial para identificar cambios en el comportamiento criminal y las rutas de tráfico.

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