El uso de la IA en la policía puede comportar trabajar con informes de peor calidad

La inteligencia artificial (IA) está entrando con fuerza en los cuerpos policiales de los Estados Unidos. Empresas como Axon prometen que sus herramientas de escritura automática pueden generar informes policiales más rápidos y de mejor calidad. Pero un nuevo estudio pone en duda esta narrativa y abre un debate importante sobre supervisión, calidad documental y riesgos institucionales.

La investigación analiza informes policiales redactados con la asistencia de la IA y los compara con informes escritos de manera convencional. El experimento se diseñó de manera que ni los supervisores que revisaban los documentos, ni los investigadores que gestionaban las evaluaciones, ni los participantes conocían qué textos habían sido generados con el apoyo de la IA. En total, 92 supervisores policiales experimentados —sargentos, tenientes y mandos con una media de casi 22 años de experiencia— revisaron 80 informes policiales utilizando sus criterios habituales.

Los resultados son especialmente relevantes porque desmontan una idea muy extendida: que los textos producidos con IA parecen mejores porque suenan más profesionales. El análisis computacional confirma que los informes asistidos por la IA utilizan un lenguaje más complejo, que requiere un nivel de lectura más elevado; es decir, contienen frases más elaboradas, vocabulario más sofisticado y una estructura más formal. Pero esta sofisticación no se traduce en una mejor valoración operativa.

De hecho, los supervisores puntuaron peor los informes generados con IA en cuanto a precisión y exactitud. Aunque las diferencias globales de calidad no sean enormes, todas las dimensiones analizadas mostraban tendencias negativas para los informes asistidos por la IA. Y hay un detalle especialmente preocupante: los supervisores aprobaban prácticamente el mismo porcentaje de informes, tanto si eran redactados con IA como si no. Aproximadamente un 22 % de los documentos fueron aprobados tal como estaban, independientemente del origen.

Esto revela un problema central: los supervisores no detectan las consecuencias cualitativas que introduce la IA. Y todavía más importante: tampoco pueden identificar qué informes han sido escritos con apoyo de la IA. Cuando se les pedía distinguirlos, los resultados eran equivalentes a lanzar una moneda. Su capacidad de identificación era prácticamente nula.

Este punto es clave desde el punto de vista de la seguridad y la gobernanza tecnológica. Muchas políticas públicas asumen que la supervisión humana actuará como mecanismo de control ante los errores o sesgos de la IA. Pero el estudio sugiere que dicha confianza es exagerada. Si los supervisores no pueden detectar el uso de la IA ni los problemas que introduce, la supervisión humana puede convertirse en una falsa sensación de seguridad.

Los investigadores identifican dos problemas estructurales. El primero hace referencia a la comunicación clara. Los sistemas de IA tienden a generar textos más complejos y artificiales, pero los supervisores no valoran negativamente esta complejidad porque los criterios internos de calidad no dan demasiada importancia a la claridad y la comprensión del texto. Esto es especialmente problemático porque los informes policiales no solo los leen policías: también los revisan fiscales, abogados, jueces, periodistas y, en algunos casos, jurados populares. Un informe más difícil de leer no es necesariamente un informe mejor.

El segundo problema es arquitectónico. Herramientas como Draft One, desarrollada por Axon, funcionan principalmente a partir de transcripciones de audio. Esto significa que la IA solo puede redactar aquello que “oye”. Pero muchos elementos importantes de una intervención policial no aparecen en el audio: gestos, expresiones, contexto ambiental, objetos visibles o percepciones directas del agente. Los supervisores aprobaban los informes a pesar de detectar esta falta de complejidad.

La investigación también cuestiona una idea habitual en el debate sobre la IA: que los problemas se pueden resolver simplemente entrenando mejor a los supervisores para que detecten el contenido generado artificialmente. Los autores del estudio argumentan que este enfoque está equivocado. La detección humana no es fiable y probablemente nunca lo será de manera consistente. Por ello, proponen alternativas más estructurales: conservar los borradores originales, registrar qué datos ha utilizado la IA, mantener históricos de modificaciones e implementar sistemas de auditoría automática.

En el fondo, el estudio apunta a una cuestión más profunda. Los informes policiales no son simples documentos administrativos; son piezas narrativas con consecuencias legales y operativas importantes. Un buen informe no es el que suena más sofisticado, sino el que selecciona correctamente la información relevante, es comprensible y resiste el escrutinio judicial. La IA puede mejorar la apariencia formal del texto, pero esto no garantiza su calidad.

Para los profesionales de la seguridad, esta investigación es una advertencia clara: incorporar IA a los flujos policiales puede reducir la carga administrativa y acelerar los procesos, pero también puede introducir nuevos riesgos que son invisibles para los mismos supervisores encargados de controlarlos. La gobernanza de estas herramientas no se puede basar únicamente en la confianza en la supervisión humana. Se precisan mecanismos técnicos, auditorías y nuevos criterios de calidad adaptados a una era en la que los textos pueden parecer impecables mientras esconden carencias importantes.

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Europol intensifica la lucha contra la explotación sexual infantil en línea

Europol ha anunciado los resultados de una nueva operación internacional centrada en la identificación de víctimas de explotación sexual infantil en línea. Entre el 13 y el 24 de abril de 2026, especialistas de 31 países, junto con expertos de Interpol, se reunieron en la sede de Europol, en La Haya, en el marco de una nueva edición de la Victim Identification Taskforce (VIDTF). La operación permitió identificar provisionalmente a 12 menores víctimas de abusos sexuales y generar más de 200 pistas de investigación que ya han sido trasladadas a las autoridades nacionales competentes.

La iniciativa pone de manifiesto la dimensión global y la creciente complejidad de la explotación sexual infantil en internet, así como la necesidad de una cooperación internacional constante para combatir este tipo de criminalidad. Durante la operación, los expertos analizaron 317 conjuntos de datos relacionados con víctimas de varias edades —desde niños muy pequeños hasta adolescentes— y de múltiples nacionalidades. El objetivo principal era identificar indicios visuales, geográficos o contextuales que permitieran localizar tanto a las víctimas como a los autores de los delitos.

Para hacerlo posible, Europol utiliza desde el año 2016 el sistema IVAS (Image-Video Analysis System), una plataforma avanzada de análisis de imágenes y vídeos que permite clasificar y relacionar grandes volúmenes de material de abuso sexual infantil. Desde que se implantó, el sistema ha procesado más de 118 millones de archivos únicos aportados por diferentes cuerpos policiales de todo el mundo. Esta enorme base de datos facilita la detección de patrones, la conexión entre casos y la identificación de nuevas víctimas.

Los resultados acumulados de las operaciones VIDTF entre 2014 y 2026 muestran el impacto de este modelo de cooperación internacional. En este periodo se han analizado más de 8.500 conjuntos de datos y se han generado cerca de 3.500 paquetes de inteligencia para investigaciones policiales. Gracias a estas acciones, las autoridades nacionales han podido identificar y proteger a 1.190 víctimas y detener a 330 agresores vinculados a redes de explotación sexual infantil.

Según Europol, la metodología de las VIDTF se ha consolidado como una de las herramientas más efectivas en la lucha contra este tipo de delitos. Reunir especialistas de diferentes países en un mismo entorno facilita el intercambio rápido de información, el análisis coordinado de pruebas digitales y la compartición de conocimiento técnico e investigador. Esta colaboración es especialmente importante en un contexto donde los delincuentes operan de manera transnacional y utilizan plataformas cifradas, servicios de anonimización y redes distribuidas para ocultar su actividad.

Otro aspecto relevante es el crecimiento continuo del volumen de material de abuso sexual infantil disponible en internet. Europol alerta que, a pesar de los esfuerzos policiales y tecnológicos, millones de archivos siguen circulando por la red.

El organismo europeo también destaca la importancia de la colaboración ciudadana. A través de la plataforma “Stop Child Abuse – Trace an Object”, Europol publica imágenes de objetos o fragmentos visuales presentes en casos no resueltos para que cualquier persona pueda aportar pistas de forma anónima. Esta iniciativa ya ha contribuido a identificar a 31 víctimas gracias a información facilitada por ciudadanos. El objetivo es aprovechar cualquier detalle aparentemente insignificante —un objeto, un logotipo, una prenda de ropa o un elemento decorativo— que pueda ayudar a localizar a una víctima o determinar el lugar donde se produjeron los abusos.

La operación reciente contó con la participación de países europeos y también de otras regiones del mundo, entre ellos, Francia, Alemania, España, el Reino Unido, los Estados Unidos, Canadá y Australia, entre muchos otros. Esta dimensión internacional evidencia que la explotación sexual infantil en línea es un problema global que requiere una respuesta coordinada y sostenida.

Finalmente, Europol insiste también en la importancia del lenguaje utilizado para referirse a estos delitos. La agencia recomienda evitar el término “pornografía infantil” y utilizar expresiones como “material de abuso sexual infantil” o “material de explotación sexual infantil”, ya que el primero puede transmitir una falsa percepción de consentimiento o legalidad. Cada imagen o vídeo representa una situación real de abuso y victimización, y el lenguaje utilizado es clave para reflejar adecuadamente la gravedad de los hechos.

Este tipo de operaciones demuestran que la combinación de tecnología, inteligencia compartida y cooperación internacional sigue siendo una herramienta fundamental para proteger a los menores y perseguir las redes criminales que operan en internet.

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IOCTA 2026 de Europol: nuevas amenazas y sofisticación creciente del cibercrimen

Europol ha publicado la edición 2026 de la Internet Organised Crime Threat Assessment (IOCTA), uno de los informes de referencia sobre la evolución del cibercrimen en Europa. El documento, titulado “How encryption, proxies, and AI are expanding cybercrime,” analiza cómo las tecnologías emergentes —especialmente la inteligencia artificial, el cifrado extremo a extremo y las criptomonedas— están transformando el panorama de las amenazas digitales.

El informe pone de manifiesto que el cibercrimen es cada vez más sofisticado, descentralizado y profesionalizado. Según Europol, los grupos criminales aprovechan rápidamente cualquier avance tecnológico para mejorar sus operaciones, dificultar las investigaciones y ampliar el alcance de sus ataques. Esta situación obliga a las fuerzas de seguridad y las organizaciones públicas y privadas a reforzar sus capacidades técnicas y la cooperación internacional.

Uno de los aspectos más destacados del IOCTA 2026 es el papel de la web oscura como infraestructura esencial del cibercrimen. A pesar de las operaciones policiales de los últimos años, los mercados ilegales y los foros criminales siguen mostrando una gran capacidad de recuperación. Cuando una plataforma es desmantelada, rápidamente aparecen alternativas más fragmentadas, especializadas y seguras. Además, la combinación de servicios anonimizados y plataformas con cifrado extremo a extremo está difuminando la frontera entre la web superficial y la web oscura, lo que complica todavía más las tareas de investigación.

Las criptomonedas siguen siendo un elemento clave en el ecosistema criminal digital. El informe destaca especialmente el uso creciente de las llamadas privacy coins y de los servicios de intercambio deslocalizado para blanquear dinero proveniente de software de secuestro y otras actividades ilícitas. Estas herramientas dificultan enormemente la trazabilidad de las transacciones y representan un reto importante para las autoridades. Europol también alerta sobre el aumento de la participación indirecta de menores y jóvenes adultos en actividades de blanqueo de capitales vinculadas a criptomonedas, a menudo sin ser plenamente conscientes de las implicaciones legales.

La inteligencia artificial emerge como uno de los aceleradores principales del fraude en línea. Los ciberdelincuentes utilizan herramientas de IA generativa para crear mensajes más convincentes, personalizar técnicas de ingeniería social y automatizar campañas fraudulentas a gran escala. Estas tecnologías permiten producir correos electrónicos, mensajes SMS o contenidos falsos con un grado de realismo muy elevado. A ello se añaden técnicas como el caller ID spoofing, que permite falsificar la identidad de las llamadas telefónicas, y las denominadas SIM farms, capaces de enviar miles de mensajes y comunicaciones simultáneas.

Con respecto a los ciberataques, el software de secuestro sigue siendo una de las amenazas principales. El IOCTA 2026 destaca que durante el 2025 se detectaron numerosas variantes y grupos activos, muchos de los cuales han evolucionado hacia modelos de doble extorsión: no solo cifran la información de las víctimas, sino que amenazan con publicar los datos robados si no se paga el rescate. Esta estrategia incrementa la presión sobre empresas e instituciones públicas y convierte la protección de datos en un factor crítico de seguridad.

El informe también alerta sobre la creciente conexión entre actores criminales y amenazas híbridas patrocinadas por estados. Algunos grupos de ciberdelincuencia actúan como intermediarios o proxies en operaciones de desestabilización política o espionaje. Esta convergencia entre crimen organizado e intereses geopolíticos representa un nuevo escenario de riesgo para infraestructuras críticas, administraciones públicas y grandes empresas tecnológicas.

Otro de los puntos más preocupantes es el aumento de la explotación sexual infantil en línea. Europol señala un incremento de los casos de extorsión sexual, así como de la comercialización de material de abuso sexual infantil con finalidades económicas. También preocupa el crecimiento del contenido sintético generado con inteligencia artificial, que crea nuevas dificultades técnicas y legales para identificar víctimas y perseguir a los responsables. Las plataformas de mensajería cifrada se han convertido en un espacio habitual para este tipo de actividades criminales.

En este contexto, el informe menciona especialmente “The Com”, una red de comunidades criminales en línea vinculadas a actividades extremamente violentas. Según Europol, estos entornos combinan explotación sexual infantil, extorsión, ciberataques y otras formas de violencia grave, configurando ecosistemas criminales altamente peligrosos y difíciles de infiltrar.

Finalmente, el IOCTA 2026 subraya la necesidad de una respuesta coordinada entre gobiernos, fuerzas policiales, empresas tecnológicas y organismos internacionales. Europol insiste en que la lucha contra el cibercrimen requerirá más capacidades técnicas, una regulación adaptada a los nuevos retos digitales y una cooperación global mucho más estrecha. El informe se consolida así como una guía estratégica imprescindible para entender hacia dónde evolucionan las amenazas digitales y como prepararse ante un entorno cada vez más complejo y hostil.

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Desmantelados centros de llamadas en un caso de fraude en línea de 50 millones de euros

La desarticulación reciente de una red criminal dedicada al fraude en línea pone de manifiesto hasta qué punto estas estafas han evolucionado hacia estructuras altamente profesionales y difíciles de detectar. La operación, coordinada por Europol y Eurojust junto con autoridades de Austria y Albania, ha permitido detener a diez personas, desmantelar varios centros de llamadas y confiscar cerca de 900.000 euros en efectivo, así como una gran cantidad de material informático.

El núcleo de la actividad delictiva se encontraba en varios centros de atención telefónica ubicados en Tirana, desde donde operaba una organización con una estructura sorprendentemente similar a la de una empresa legal. Con hasta 450 trabajadores distribuidos en departamentos como recursos humanos, finanzas, informática y atención al cliente, el grupo funcionaba con jerarquías claras, equipos especializados y objetivos comerciales definidos. Este nivel de organización explica el enorme alcance de la estafa, que habría causado pérdidas superiores a los 50 millones de euros a víctimas de todo el mundo.

El mecanismo utilizado se basaba en plataformas de inversión falsas que aparentaban ser oportunidades legítimas. Las víctimas eran captadas a través de anuncios engañosos en redes sociales o buscadores web, donde se les prometían rendimientos elevados con poco riesgo. Una vez registradas, eran contactadas por agentes que se hacían pasar por asesores financieros. Estos “profesionales” establecían una relación continuada con las víctimas, ganándose su confianza y animándolas a invertir cantidades cada vez más elevadas.

Uno de los elementos clave del engaño era el uso de técnicas de manipulación psicológica combinadas con herramientas tecnológicas. En muchos casos, los estafadores pedían a las víctimas que instalaran software de acceso remoto, lo que les permitía controlar los dispositivos y simular operaciones de inversión aparentemente reales. Eso reforzaba la ilusión de credibilidad y facilitaba que las víctimas siguieran transfiriendo dinero, convencidas de que estaban obteniendo beneficios.

En realidad, el dinero nunca se invertía. Era desviado a través de una compleja red internacional de blanqueo de capitales hasta desaparecer en manos de la organización criminal. Además, los delincuentes no se limitaban a una sola estafa: en muchos casos volvían a contactar con las mismas víctimas ofreciendo servicios falsos para recuperar el dinero perdido. Este tipo de “doble estafa” aprovecha la vulnerabilidad de las víctimas y puede generar pérdidas adicionales significativas.

Otro factor determinante en el éxito de la organización era su capacidad de adaptación lingüística y cultural. Los equipos estaban formados por grupos de seis a ocho personas especializadas en diferentes idiomas —como alemán, inglés, italiano, griego o español—, lo que les permitía dirigirse a víctimas de varios países con un alto grado de proximidad y confianza. Este detalle, aparentemente menor, es en realidad una de las claves de la eficacia de este tipo de fraude.

La investigación se inició en Austria en el año 2023, a raíz de la detección de un número elevado de víctimas en Viena. Posteriormente, gracias a la cooperación internacional y al intercambio de información, se pudo rastrear la actividad hasta Albania. La creación de un equipo conjunto de investigación y la coordinación operativa culminaron en una acción policial el 17 de abril de 2026, con cacheos en centros de trabajo y domicilios particulares, así como la confiscación de centenares de dispositivos electrónicos que ahora se están analizando.

Este caso evidencia la importancia de la cooperación internacional en la lucha contra el cibercrimen, especialmente cuando se trata de organizaciones transnacionales que operan desde múltiples jurisdicciones. También pone de relieve la necesidad de reforzar la concienciación de los usuarios ante promesas de inversión demasiado atractivas para ser reales.

Desde el punto de vista de la seguridad, hay varios indicadores clave que pueden ayudar a identificar posibles estafas: ofertas con rendimientos garantizados o excesivamente altos, presión para invertir de manera inmediata, solicitudes para instalar software de acceso remoto o contactos no solicitados a través de canales digitales. Igualmente, hay que desconfiar de cualquier servicio que prometa recuperar dinero perdido a cambio de un pago inicial.

En definitiva, esta operación no solo ha permitido desmantelar una red criminal de envergadura, sino que también ofrece una visión clara de cómo funcionan las estafas de inversión modernas. La combinación de tecnología, organización empresarial y manipulación emocional las convierte en una amenaza creciente que requiere tanto una acción policial coordinada como una ciudadanía informada y crítica.

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Los estafadores digitales son cada vez más organizados y sofisticados

Las estafas digitales se han convertido en una de las principales amenazas globales de los últimos años, con un nivel de sofisticación y organización que no para de crecer. El caso de Kirsty, una mujer británica engañada a través de una estafa romántica, ejemplariza cómo operan hoy día estas redes criminales: con identidades falsas creíbles, tecnologías avanzadas y una infraestructura internacional que dificulta enormemente detectarlas y perseguirlas.

En este caso, el estafador se hizo pasar por un hombre de negocios con una vida acomodada, utilizando fotografías atractivas e, incluso, un sitio web bancario falso para ganarse la confianza de la víctima. Después de semanas de relación emocional, simuló una emergencia para conseguir dinero. El resultado fue devastador: la víctima transfirió decenas de miles de libras, muchas de ellas pedidas a familiares, creyendo que ayudaba a alguien querido. En realidad, el dinero se distribuyó a través de una red internacional con conexiones en varios países.

Este tipo de estafa no es un caso aislado. Según datos recientes, el fraude representa más del 40 % de los delitos contra individuos en algunos países, y las pérdidas globales superan el medio billón de dólares anuales. Las estafas románticas, en particular, han experimentado un fuerte aumento, impulsadas por el uso masivo de plataformas digitales y redes sociales.

Uno de los factores clave en este crecimiento ha sido la pandemia de la covid-19. Durante los confinamientos, millones de personas incrementaron su presencia en línea, tanto para socializar como para comprar o trabajar. Eso creó un entorno ideal para los estafadores, que aprovecharon la situación para perfeccionar sus técnicas. Paralelamente, el avance tecnológico ha facilitado la creación de contenidos falsos muy realistas, como voces sintetizadas, vídeos manipulados o webs casi indistinguibles de las reales.

Las estafas actuales son a menudo operaciones transnacionales, con infraestructuras repartidas por todo el mundo. En muchos casos, estas actividades se llevan a cabo desde regiones con poca capacidad de control por parte de las autoridades, como zonas en conflicto o con gobiernos débiles. Myanmar, por ejemplo, se ha convertido en uno de los epicentros de estos centros de estafa, donde edificios que antes alojaban casinos ilegales ahora sirven como bases de operaciones criminales.

Un aspecto especialmente preocupante es que no todos los estafadores actúan voluntariamente. Muchas personas son captadas con ofertas de trabajo falsas y acaban siendo víctimas de tráfico de personas. Una vez llegan a estos centros, se les confiscan los pasaportes y se les obliga a trabajar en condiciones extremas, bajo amenazas y violencia, con objetivos económicos muy exigentes. Eso crea una doble capa de victimismo: la de quien pierde el dinero y la de quien es forzado a participar en el fraude.

Ante esta realidad, la lucha contra las estafas requiere una respuesta global y coordinada. Recientemente, se han dado pasos importantes en este sentido, como la firma de acuerdos internacionales para reforzar la cooperación entre países, empresas tecnológicas y fuerzas de seguridad. No obstante, esta cooperación todavía es limitada y desigual. Muchos de los países donde se concentran estas actividades no disponen de los recursos ni de las capacidades técnicas necesarias para combatirlas eficazmente.

Los expertos destacan la necesidad de compartir conocimiento, tecnología y recursos entre países desarrollados y en desarrollo. La investigación del fraude moderno requiere perfiles especializados, como analistas de datos, expertos en criptomonedas o investigadores digitales, que no siempre están disponibles por doquier.

También es clave el papel de las grandes empresas tecnológicas. Plataformas como redes sociales, aplicaciones de mensajería o lugares de citas son a menudo el punto de entrada de las estafas. Algunas empresas han empezado a implementar medidas más estrictas, como la detección y eliminación masiva de cuentas falsas o la prevención de descargas de aplicaciones maliciosas. Sin embargo, muchos expertos consideran que todavía hace falta una implicación más profunda y operativa.

A pesar de la complejidad del problema, hay ejemplos de éxito que demuestran que la cooperación puede funcionar. En algunos casos, la comunicación rápida entre autoridades de diferentes países ha permitido bloquear transferencias y recuperar dinero antes de que desaparecieran completamente.

En conclusión, las estafas modernas son un fenómeno global, dinámico y altamente sofisticado que combina tecnología, psicología y redes criminales internacionales. Combatirlas exige no solo acción policial, sino también educación ciudadana, responsabilidad empresarial y una cooperación internacional mucho más estrecha. Mientras tanto, la mejor defensa sigue siendo la prevención: desconfiar de situaciones sospechosas, verificar identidades y evitar tomar decisiones económicas bajo presión emocional.

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Uso de la IA para identificar víctimas de abuso sexual infantil

La Policía Metropolitana de Londres (Met) está explorando el uso de la inteligencia artificial (IA) como herramienta clave para combatir el abuso sexual infantil, especialmente en el ámbito digital, donde este tipo de delito crece de manera acelerada. El objetivo principal es mejorar la capacidad de identificar víctimas de forma más rápida y eficiente, a la vez que se reduce el impacto emocional que supone para los investigadores revisar manualmente grandes volúmenes de material altamente traumático.

Tradicionalmente, los agentes han tenido que dedicar muchas horas a examinar imágenes y vídeos confiscados para determinar si están vinculados a casos ya conocidos o si apuntan a nuevas víctimas. Este proceso no solo es lento, sino también psicológicamente muy exigente. Con la introducción de la IA, la Met pretende automatizar parte de esta tarea mediante sistemas capaces de analizar grandes cantidades de contenido en poco tiempo, identificando patrones, clasificaciones y posibles indicios de víctimas no identificadas. Eso permitiría priorizar casos con más riesgo y acelerar las intervenciones de protección.

Según datos recientes, la Met investigó más de 5.400 delitos de abuso sexual infantil en un año, con más de 1.300 niños que necesitan protección en casos relacionados con la explotación sexual en línea. Este fenómeno, conocido como OCSAE (Online Child Sexual Abuse and Exploitation), ha aumentado un 25 % interanual y representa una parte significativa de la carga policial en el ámbito nacional. En este contexto, la necesidad de nuevas herramientas tecnológicas se convierte en crítica para gestionar el volumen y la complejidad de los casos.

La IA también podría ayudar a clasificar el material según su gravedad (categorías A, B y C), destacando los casos más urgentes —especialmente los de categoría A, que incluyen abusos más graves— para una intervención inmediata. Además, la Met está probando otras tecnologías capaces de revisar centenares de miles de mensajes en cuestión de minutos, una tarea que manualmente requeriría días o semanas.

A pesar de los beneficios potenciales, la Met ha subrayado que cualquier uso de la IA se hará dentro de marcos legales y éticos estrictos, con supervisión humana constante. Los agentes especializados seguirán siendo responsables de la toma de decisiones, asegurando que la tecnología se utilice como apoyo y no como sustituto del juicio profesional.

Paralelamente a la innovación tecnológica, la Met también está invirtiendo 10 millones de libras en la mejora de los espacios de entrevista para víctimas infantiles. Estas salas, conocidas como VRI (Visual Recorded Interviews), están diseñadas para ofrecer entornos seguros, cómodos y adaptados a las necesidades de los niños, incluyendo aquellos con discapacidades o neurodivergentes. El objetivo es reducir el trauma asociado a la declaración y mejorar la calidad de los testigos, ya que se ha demostrado que los niños proporcionan relatos más claros cuando se sienten seguros y apoyados.

Las nuevas instalaciones incluyen mobiliario ajustable, espacios para el juego y el dibujo, y recursos educativos adaptados a diferentes edades. Este enfoque centrado en el niño forma parte de una estrategia más amplia que también incluye la formación de miles de agentes en comunicación sensible al trauma y la ampliación de equipos especializados en explotación infantil.

A pesar de estos avances, expertos y responsables en el ámbito de las víctimas recuerdan que la mejora de infraestructuras y tecnologías es solo una parte de la solución. Uno de los grandes retos sigue siendo garantizar que las víctimas reciban apoyo continuo y sean tratadas con dignidad durante todo el proceso judicial, ya que muchas abandonan antes de que se tomen decisiones legales.

En conclusión, la combinación de inteligencia artificial e inversión en entornos más humanos representa un cambio significativo en la manera como las fuerzas de seguridad hacen frente al abuso sexual infantil. Este enfoque integrado no solo busca aumentar la eficiencia operativa, sino también poner el bienestar de las víctimas y de los profesionales en el centro de la respuesta policial.

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Reducción de la violencia con arma blanca en el Reino Unido: medidas, resultados y retos

El gobierno del Reino Unido ha anunciado una reducción significativa de la violencia con arma blanca, destacando que los homicidios con cuchillo han disminuido un 27 % en el mismo periodo en que se han retirado más de 63.000 cuchillos y armas de las calles. Este dato se enmarca dentro de una estrategia más amplia orientada a combatir la criminalidad violenta y mejorar la seguridad pública, especialmente en entornos urbanos afectados por la delincuencia juvenil.

La retirada de estas armas se ha producido a través de varias vías. Por una parte, los programas de entrega voluntaria han permitido recoger cerca de 58.000 cuchillos, facilitando que los ciudadanos puedan deshacerse de armas sin consecuencias legales. Por otra parte, las autoridades fronterizas han confiscado miles de armas adicionales, mientras que la policía ha intensificado las operaciones contra redes criminales, especialmente en el marco del denominado County Lines Programme, centrado en el tráfico de drogas y la explotación de jóvenes.

Además de la reducción de los homicidios, otros indicadores también muestran una tendencia a la baja: los robos con cuchillo han disminuido un 10 % y las hospitalizaciones por apuñalamiento, un 11 %. Al fin y al cabo sugiere un impacto positivo de las medidas adoptadas, aunque hay que analizar estas cifras con prudencia para entender hasta qué punto se trata de una tendencia consolidada.

Uno de los pilares de la nueva estrategia gubernamental, llamada “Protecting Lives, Building Hope”, es la prevención. El objetivo es reducir a la mitad la criminalidad con arma blanca en una década, no solo mediante la aplicación de la ley, sino también abordando las causas sociales que hay detrás. Eso incluye programas de apoyo a jóvenes en riesgo, inversiones en educación e iniciativas comunitarias para evitar que los adolescentes entren en dinámicas delictivas.

En el ámbito legislativo, se han introducido medidas más estrictas para limitar el acceso a armas peligrosas. Entre ellas destaca la prohibición de ciertos tipos de cuchillos, como los llamados “zombie knives”, así como nuevas regulaciones sobre la venta en línea. En este contexto, la conocida Ronan’s Law establece un sistema de verificación de edad en dos fases para comprar cuchillos por internet, tanto en el momento de la compra como en el de la entrega. También obliga a los vendedores a informar sobre compras masivas que puedan resultar sospechosas.

Esta ley lleva el nombre de un joven asesinado con un arma adquirida en línea, un caso que evidenció las carencias en el control de la venta de este tipo de productos. La implicación de su familia en la promoción de cambios legislativos ha sido clave para acelerar reformas que buscan evitar tragedias similares en el futuro.

Paralelamente, el gobierno ha introducido un nuevo delito: la posesión de un cuchillo con intención de cometer violencia, incluso en espacios privados. Esta medida amplía los poderes policiales, permitiendo intervenir antes de que se produzca un acto violento, aunque también ha generado debate sobre el equilibrio entre seguridad y derechos civiles.

A pesar de los resultados positivos, varios expertos señalan que la relación entre la retirada de armas y la reducción de la violencia no es necesariamente directa. Factores como las condiciones socioeconómicas, las políticas educativas o los cambios en las dinámicas criminales también pueden influir en la evolución de las cifras. Además, algunos de los cuchillos retirados pueden no haber sido vinculados a actividades delictivas, lo que dificulta medir el impacto real de las medidas.

En conclusión, la reducción de los homicidios con cuchillo en el Reino Unido representa un avance relevante en materia de seguridad, pero no puede atribuirse a una única causa. La estrategia adoptada combina acciones policiales, reformas legales e iniciativas preventivas, configurando un enfoque integral que podría servir de referencia para otros países. No obstante, el reto a largo plazo sigue siendo abordar las raíces sociales de la violencia para garantizar una reducción sostenida y duradera.

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Estrategias basadas en datos para combatir la criminalidad con arma blanca

El gobierno del Reino Unido ha anunciado un nuevo paquete de medidas con el objetivo de combatir la criminalidad con arma blanca, centrándose especialmente en aquellas zonas donde este tipo de delito se concentra de manera reiterada. Según los datos oficiales, la mayor parte de los incidentes con cuchillos se producen en un número muy reducido de calles y áreas específicas, lo que ha llevado a adoptar una estrategia altamente focalizada y basada en datos.

Una de las novedades principales es la inversión de más de 26 millones de libras a través del denominado Knife Crime Concentrations Fund. Este fondo se destinará a 27 cuerpos policiales de Inglaterra y Gales, responsables de cerca del 90 % de los casos de criminalidad con arma blanca. El objetivo es intensificar la presencia policial y las medidas de vigilancia en los puntos más conflictivos con el fin de prevenir delitos y detener a los responsables de un modo más eficaz.

Para hacerlo posible, el Ministerio del Interior inglés ha desarrollado una nueva tecnología de cartografía que permite identificar “puntos calientes” de criminalidad con una precisión muy elevada, áreas de hasta solo 0,1 km². Este enfoque de microgeografía permite no solo saber dónde se producen los delitos, sino también en qué momentos del día son más probables. Así, las fuerzas de seguridad pueden desplegar recursos de un modo mucho más eficiente y estratégico.

Entre las medidas que se desplegarán en estas zonas destacan el aumento de patrullas policiales, la instalación de nuevas cámaras de vigilancia (CCTV), el uso de tecnología de reconocimiento facial en tiempo real y la colocación de arcos detectores de cuchillos. Este conjunto de acciones pretende actuar tanto como elemento disuasivo como herramienta para identificar y detener personas implicadas en actividades delictivas.

Este plan forma parte de una estrategia más amplia del gobierno británico, presentada bajo el título “Protecting Lives, Building Hope”, que tiene como objetivo reducir a la mitad la criminalidad con arma blanca en el plazo de una década. Más allá de las medidas policiales, el plan pone un énfasis especial en la prevención, especialmente entre los jóvenes, considerados un colectivo clave por el riesgo tanto de victimización como de participación en estos delitos.

En este sentido, se prevé la creación de 50 centros llamados “Young Futures Hubs” antes de que acabe la legislatura, ubicados en zonas especialmente afectadas. Estos centros ofrecerán apoyo integral a los jóvenes, con servicios educativos, sociales y de acompañamiento, con la finalidad de reducir los factores de riesgo asociados a la violencia. Paralelamente, se desplegarán 50 “Young Futures Panels”, equipos multidisciplinarios encargados de identificar precozmente menores vulnerables y proporcionarles un apoyo coordinado.

El gobierno también seguirá financiando programas ya existentes, como las unidades de reducción de la violencia, con una inversión de más de 66 millones de libras, y también iniciativas educativas como el programa Safety In & Around Schools Partnership, que llegará hasta 250 escuelas en zonas de riesgo. Este programa ofrece formación especializada para mejorar la seguridad de los alumnos, especialmente en los desplazamientos hacia la escuela.

Otras medidas incluyen el refuerzo de la lucha contra la distribución de armas a través de internet, con financiación para el Knife Crime Coordination Center, así como inversiones en el programa County Lines, orientado a combatir las redes de tráfico de drogas que a menudo están vinculadas a la violencia con arma blanca. También se destinan recursos al programa Turnaround del Ministerio de Justicia, que trabaja con jóvenes en riesgo de entrar en el sistema judicial.

Expertos y representantes de organizaciones sociales han valorado positivamente este enfoque basado en datos e intervención localizada. Destacan que la criminalidad con arma blanca no solo genera víctimas directas, sino también un clima de miedo que afecta profundamente a la vida cotidiana de los jóvenes y la cohesión de las comunidades. Por eso, consideran esencial actuar sobre las causas estructurales y no solo sobre las consecuencias.

En conjunto, esta estrategia combina tecnología, acción policial intensiva e intervención social con el objetivo de reducir la violencia, mejorar la seguridad pública y ofrecer oportunidades reales a los jóvenes en riesgo. Aunque los primeros indicadores apuntan a una ligera reducción de los casos, el reto sigue siendo consolidar esta tendencia a largo plazo y garantizar que las medidas adoptadas tengan un impacto sostenible.

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Los menores y el lenguaje codificado en línea: un reto creciente para la seguridad digital

En los últimos años, la presencia de niños y adolescentes en internet ha aumentado de manera exponencial, especialmente en plataformas como TikTok, Instagram, YouTube o Discord. Este incremento de la actividad digital ha ido acompañado de un fenómeno preocupante: la difusión de lenguaje codificado utilizado por adultos con intenciones potencialmente peligrosas, a menudo antes de que los mismos padres sean conscientes.

Un caso revelador es el de una niña de 10 años que, en una conversación de TikTok, respondió a un desconocido diciendo “no soy un MAP”. Este término, desconocido por muchos adultos, significa minor-attracted person (persona atraída por menores). Este tipo de lenguaje forma parte de un sistema de códigos y eufemismos que permite a determinados individuos comunicarse evitando ser detectados por los sistemas de moderación de las plataformas.

El término MAP no es un caso aislado. Hay todo un ecosistema de palabras y códigos que pueden aparecer en foros, redes sociales o comunidades en línea. Son algunos ejemplos NOMAP (persona atraída por menores que no actúa según sus impulsos), 764 (código numérico asociado a estos intereses), AOA (edad de atracción) y AMSC (contacto sexual adulto–menor). Estas expresiones, aparentemente inocentes o técnicas, pueden esconder discursos o intenciones que representan un riesgo para los menores.

Una de las razones por las que los menores detectan y entienden este lenguaje antes que los adultos es su inmersión constante en los entornos digitales. Estudios recientes indican que una proporción significativa de adolescentes pasa una gran parte del tiempo conectada, incluso de manera casi constante. Esta exposición continuada les permite captar significados a partir del contexto, aunque no conozcan su origen exacto.

Este fenómeno se enmarca en lo que se conoce como algospeak: una forma de comunicación adaptada para esquivar los sistemas automáticos de moderación. Los usuarios sustituyen palabras explícitas por códigos, números o memes que hacen que el contenido sea más difícil de detectar. Eso genera una fisura entre la capacidad de control de las plataformas y la evolución del lenguaje en línea.

Los procesos de contacto potencialmente nocivos suelen seguir patrones similares. Primero se utiliza un lenguaje ambiguo o codificado para evitar sospechas; después se puede establecer una relación aparentemente inocente mediante comentarios o un contenido compartido. Progresivamente la conversación se traslada a canales privados y mensajes directos, en los que la supervisión es menor. En algunos casos, los usuarios crean cuentas alternativas para evitar restricciones o bloqueos.

Ante de este escenario, la respuesta no puede ser únicamente reactiva; es decir, no es suficiente actuar cuando ya ha aparecido el problema. La investigación en seguridad digital y educación indica que la prevención es clave. Ello implica formar a los adultos y menores en competencias digitales que les permitan entender cómo funcionan las plataformas y los algoritmos. Por ejemplo, es importante que los jóvenes entiendan que el contenido que ven no siempre es fruto de una búsqueda activa, sino que a menudo es recomendado por sistemas que priorizan la interacción y el tiempo de visualización. Este conocimiento puede ayudarlos a interpretar mejor por qué aparecen determinados contenidos y a desarrollar una actitud más crítica.

También es recomendable hablar sobre el lenguaje codificado desde edades tempranas, especialmente a finales de primaria o inicios de secundaria. Explicar por qué algunas personas utilizan eufemismos o códigos puede ayudar a los menores a identificar situaciones sospechosas y a reaccionar de manera adecuada.

Otra estrategia efectiva es practicar respuestas ante situaciones incómodas. Frases como “no quiero hablar de esto”, “te bloquearé” o “salgo de la conversación” pueden dar seguridad a los menores y reducir la presión de responder. Además, es fundamental que entiendan que no tienen ninguna obligación de ser educados con los desconocidos en línea y que no deben compartir información personal.

El papel de los padres y tutores también es esencial. Más allá de controlar o limitar el uso de dispositivos, es importante acompañar a los menores en su experiencia digital. Esto implica interesarse por lo que hacen en línea, hablar abiertamente sobre los riesgos y fomentar un entorno de confianza en el que se sientan cómodos compartiendo cualquier situación que les parezca extraña o incómoda.

En definitiva, la seguridad digital de los menores requiere una combinación de conocimiento, prevención y comunicación. El lenguaje codificado es solo una de las muchas formas en las que se pueden manifestar los riesgos en línea, pero su naturaleza sutil lo hace especialmente difícil de detectar. Por ello, la concienciación y la educación continuada son herramientas fundamentales para proteger a los más jóvenes en un entorno digital cada vez más complejo.

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Aumento de la presión policial en los puntos calientes del crimen con arma blanca

El Ministerio del Interior británico, por medio de la diputada Sarah Jones, ha anunciado una nueva estrategia para combatir el crimen con arma blanca en Inglaterra y Gales basada en una idea clave: la mayor parte de estos delitos se concentran en zonas muy concretas y se repiten en las mismas calles y franjas horarias. Esta realidad ha llevado al gobierno británico a apostar por un enfoque mucho más preciso, intensivo y basado en datos para reducir este tipo de violencia.

El plan introduce una nueva tecnología de cartografía capaz de identificar puntos calientes de criminalidad con una precisión de hasta 0,1 kilómetros cuadrados. Esta aproximación, conocida como microgeografía, permite a las fuerzas policiales detectar con exactitud no solo dónde se producen los delitos, sino también cuándo tienen lugar con más frecuencia.

A partir de esta información, la policía podrá desplegar recursos de manera mucho más eficiente y centrarse en aquellos espacios en los que el riesgo es más elevado. El objetivo es dejar atrás las estrategias generalistas y apostar por intervenciones específicas y focalizadas.

Las zonas identificadas como puntos calientes experimentarán un incremento notable de la actividad policial. Algunas de las medidas previstas son:

  • Aumentar a las patrullas policiales.
  • Instalar nuevas cámaras de videovigilancia (CCTV).
  • Usar el reconocimiento facial en directo.
  • Implementar arcos detectores de armas blancas.

Este conjunto de acciones pretende disuadir la comisión de delitos, facilitar la identificación de los autores y mejorar la capacidad de respuesta inmediata ante los incidentes.

El gobierno británico ha destinado más de 26 millones de libras al llamado Fondo de Concentración de Delitos con Arma Blanca. Dicha financiación se distribuirá entre 27 fuerzas policiales que concentran aproximadamente el 90 % de los delitos con armas blancas del país.

Esta inversión se enmarca dentro de un plan más amplio que tiene como objetivo reducir a la mitad el crimen con estas armas cortantes en el plazo de una década. Según la ministra Sarah Jones, esta estrategia permitirá salvar vidas y reforzar la seguridad de las comunidades.

Más allá del aumento de la presión policial, el plan también incluye medidas orientadas a la prevención. El gobierno reconoce que el crimen con arma blanca está a menudo relacionado con factores socioeconómicos, especialmente entre los jóvenes.

Por ello, se prevé:

  • Crear 50 centros juveniles (Young Futures Hubs) en las zonas afectadas.
  • Implementar paneles para detectar precozmente a los jóvenes en situación de riesgo.
  • Promover programas de apoyo a las escuelas de las áreas vulnerables.
  • Invertir en programas de reducción de la violencia e intervención comunitaria.

Este enfoque busca actuar antes de que se produzca el delito, y ofrecer alternativas y apoyo a los colectivos más vulnerables.

La estrategia presenta varias ventajas. Por una parte, permite optimizar los recursos policiales y centrarlos allí donde son más necesarios; de la otra, puede generar resultados más rápidos a la hora de reducir la criminalidad en zonas concretas.

Sin embargo, también plantea algunos retos importantes. El uso del reconocimiento facial en directo puede generar preocupación en materia de privacidad y derechos civiles. Además, la concentración de la actividad policial en determinados barrios podría derivar en percepciones de un exceso de presencia policial.

Finalmente, la eficacia del modelo dependerá en gran medida de la calidad de los datos y de la coordinación entre los diferentes actores implicados.

La nueva estrategia del Reino Unido representa un cambio significativo en la manera de abordar el crimen con arma blanca. Apostando por la tecnología, el análisis de datos y la intervención focalizada, el gobierno busca actuar con más precisión y eficacia.

Al mismo tiempo, la combinación de medidas policiales e iniciativas de prevención social refleja un enfoque más integral del problema. Si bien los resultados todavía están por ver, esta estrategia podría marcar el camino para otros países que afrontan retos similares en materia de seguridad urbana.

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