Un cambio de paradigma en la seguridad: invertir en las causas de la delincuencia femenina

El gobierno del Reino Unido ha anunciado una inversión de 31,6 millones de libras destinada a reducir la reincidencia entre mujeres en el sistema de justicia penal. Más allá de ser una simple ampliación presupuestaria, esta iniciativa representa un cambio de paradigma en la manera de entender la seguridad pública: pasar de un modelo centrado en el castigo a un enfoque basado en la prevención y la intervención sobre las causas estructurales del delito.

Durante años, los sistemas penales han respondido a la delincuencia con medidas punitivas, especialmente la prisión. No obstante, en el caso de las mujeres, los datos muestran que esta estrategia a menudo resulta ineficaz. Una proporción muy elevada de mujeres que entran en contacto con el sistema penal arrastran historias de vulnerabilidad profunda: más de dos tercios han sufrido violencia doméstica, muchas presentan adicciones a sustancias y una parte significativa ha sufrido lesiones cerebrales o problemas de salud mental. Estas circunstancias apuntan a una realidad clara: en muchos casos, la delincuencia femenina es el resultado de situaciones de trauma, exclusión social y falta de apoyo institucional.

En este contexto, el nuevo paquete de financiación apuesta por reforzar servicios comunitarios especializados que trabajan directamente con estas mujeres. El objetivo es proporcionar apoyo integral en ámbitos clave como el tratamiento de drogas, el acceso a la vivienda, la inserción laboral y la protección ante relaciones abusivas. Este tipo de intervención no solo busca mejorar la vida de las mujeres afectadas, sino que también se plantea como una herramienta efectiva de seguridad: reducir la reincidencia implica menos delitos y, por lo tanto, menos víctimas.

Desde una perspectiva de seguridad pública, esta estrategia presenta una ventaja fundamental: actúa antes de que el problema se cronifique. Las políticas tradicionales a menudo intervienen tarde, cuando el delito ya se ha producido y el daño es irreversible. En cambio, los programas de apoyo comunitario intentan interrumpir el ciclo de la delincuencia en fases iniciales, abordando factores de riesgo como la exclusión económica, la dependencia de sustancias o la falta de un entorno seguro. Esta aproximación preventiva es especialmente relevante si se tiene en cuenta el coste económico de la reincidencia, estimado en unos 18.000 millones de libras anuales para el contribuyente.

Otro elemento clave de la reforma es la promoción de alternativas a la prisión. Aunque la custodia seguirá siendo necesaria para los delitos más graves, se defiende que tendría que ser el último recurso en la mayoría de casos. En este sentido, el informe de la Women’s Justice Board destaca que las medidas comunitarias son a menudo más efectivas para reducir la reincidencia y facilitar la reintegración social. Esta idea se concreta en la expansión de los llamados tribunales de supervisión intensiva, que combinan el control judicial con el acceso obligatorio a programas de tratamiento y apoyo.

Estos tribunales representan un modelo híbrido entre control y rehabilitación. Las participantes tienen que comparecer regularmente ante un juez, que supervisa su progreso y asegura el cumplimiento de las condiciones establecidas. Al mismo tiempo, reciben apoyo para abordar problemas subyacentes como la adicción o el trauma. Los resultados observados en otros países indican reducciones significativas en la reincidencia, con descensos de aproximadamente un tercio en las detenciones por nuevos delitos en comparación con modelos tradicionales basados en la prisión.

Desde el punto de vista de la seguridad, este enfoque también contribuye a reforzar la cohesión social. La delincuencia no solo afecta a las víctimas directas, sino que tiene un impacto más amplio en las comunidades, generando inseguridad y debilitando los vínculos sociales. Al ayudar a las mujeres a salir del ciclo de la delincuencia, estas políticas no solo reducen el crimen, sino que también contribuyen a estabilizar familias y entornos comunitarios, especialmente teniendo en cuenta que muchas de estas mujeres son madres.

No obstante, este modelo también plantea retos. Su eficacia depende en gran medida de la calidad y la coordinación de los servicios disponibles, así como de una financiación sostenida en el tiempo. Además, requiere un cambio cultural dentro del sistema de justicia penal, que tiene que adoptar una visión más orientada a la rehabilitación que al castigo. Sin estos elementos, existe el riesgo de que las iniciativas queden limitadas o no consigan los resultados esperados.

En conclusión, la inversión anunciada por el gobierno británico refleja una evolución significativa en las políticas de seguridad. En lugar de centrarse exclusivamente en la represión del delito, apuesta por intervenir sobre sus causas profundas, especialmente en un colectivo tan vulnerable como el de las mujeres. Si se implementa correctamente, este enfoque puede ofrecer una doble rentabilidad: mejorar la vida de las personas afectadas y construir sociedades más seguras y resilientes.

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Evolución de la criminalidad en los Estados Unidos en 2024: una tendencia a la baja

El año 2024 ha confirmado una tendencia positiva en materia de seguridad en los Estados Unidos, con una disminución generalizada tanto de los delitos violentos como de los delitos contra la propiedad. Según los datos oficiales basados en los incidentes registrados por las fuerzas de seguridad, la criminalidad muestra un descenso significativo en comparación con el año 2023, consolidando una mejora que afecta prácticamente a todas las categorías analizadas.

Con respecto a los delitos violentos —que incluyen homicidios, violaciones, robos con violencia y agresiones agravadas—, la tasa global se ha situado en 370,8 incidentes por cada 100.000 habitantes, lo que representa una reducción del 6 % con respecto al año anterior. Esta disminución no es homogénea, pero sí generalizada: todas las tipologías de delitos violentos han experimentado una caída.

Destaca especialmente la reducción de los homicidios, que han bajado un 16 %, pasando a una tasa de 5,1 por cada 100.000 habitantes. Este descenso es especialmente relevante, ya que se trata del delito con más impacto social y mediático. También se observa una disminución en los robos (−9 %), las violaciones (−6 %) y las agresiones agravadas (−5 %), aunque estas últimas siguen siendo el tipo de delito violento más frecuente.

En paralelo, los delitos contra la propiedad —que incluyen robos con fuerza (burglary), hurtos y robos de vehículos— también han experimentado una reducción notable. La tasa global ha disminuido un 9 %, pasando de 2.019,7 a 1.835,1 incidentes por cada 100.000 habitantes. Entre ellos, el descenso más destacado corresponde al robo de vehículos, con una caída del 19 %, seguido de los hurtos y de los robos con fuerza, que también muestran una evolución a la baja.

Estos datos no solo reflejan una reducción en el número de delitos, sino también en la victimización, es decir, en el número de personas afectadas. La tasa de victimización por delitos violentos ha disminuido hasta 376,9 por cada 100.000 habitantes, mientras que la victimización por delitos contra la propiedad ha caído un 12 %. Esto indica que la mejora no es solo estadística, sino que tiene un impacto real en la seguridad percibida por la población.

A pesar de esta tendencia positiva, el análisis territorial revela diferencias importantes entre estados. Algunos, como Nuevo México, presentan tasas muy superiores a la media nacional tanto en delitos violentos como en delitos contra la propiedad. En cambio, otros estados como Maine o Idaho registran niveles considerablemente más bajos. En total, 14 estados superan la media nacional en delitos violentos y 16 en delitos contra la propiedad, hecho que pone de manifiesto la persistencia de desigualdades regionales en materia de seguridad.

Con respecto a las características de las víctimas, los datos muestran una disminución de la victimización en varios grupos demográficos, incluyendo personas blancas, negras y asiáticas. No obstante, no se han detectado cambios estadísticamente significativos en otros colectivos, como las personas hispanas o las poblaciones nativas americanas, lo cual apunta a la necesidad de seguir profundizando en políticas de seguridad más inclusivas y específicas.

En conjunto, los resultados de 2024 sugieren una evolución favorable de la criminalidad en los Estados Unidos, con descensos consistentes en casi todos los indicadores principales. Sin embargo, la persistencia de diferencias territoriales y demográficas indica que todavía hay retos importantes por abordar. Desde una perspectiva de seguridad, estos datos refuerzan la importancia de mantener y adaptar las estrategias de prevención y respuesta, poniendo especial énfasis en las áreas y colectivos más vulnerables.

En definitiva, 2024 se puede considerar un año de mejora en términos de seguridad pública, pero también un recordatorio que la lucha contra la criminalidad requiere una vigilancia constante y un análisis detallado para garantizar que los avances sean sostenibles y equitativos.

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El estado de la seguridad pública en Alemania

Alemania es considerada tradicionalmente uno de los países más seguros de Europa gracias a sus sólidas instituciones, una policía profesionalizada y un sistema judicial consolidado. No obstante, en los últimos años el debate sobre la seguridad pública ha cobrado importancia a causa del aumento de algunas formas de criminalidad, y de los cambios sociales y de nuevas amenazas como la radicalización política o la ciberdelincuencia.

Según las estadísticas policiales, en el año 2023 se registraron aproximadamente 5,94 millones de delitos en Alemania, lo que representa un incremento del 5,5 % respecto al año anterior. Este aumento se explica en parte por la recuperación de la vida social y económica después de la pandemia de la covid, periodo en que muchos delitos disminuyeron a causa de las restricciones de movilidad y de las limitaciones en las actividades cotidianas. Con el retorno a la normalidad, varios tipos de criminalidad han vuelto a niveles similares o incluso superiores a los de antes de 2020.

Uno de los aspectos que más preocupa a las autoridades es el aumento de la violencia interpersonal. En el año 2023 se registraron más de 214.000 delitos violentos, la cifra más alta de los últimos quince años. Este tipo de delitos incluye agresiones graves, robos violentos y otras formas de violencia física. También se ha detectado un incremento de las agresiones con arma blanca y de episodios de violencia urbana en determinadas zonas.

Además, los delitos sexuales también han mostrado una tendencia al alza durante los últimos años. Las denuncias por violación y agresión sexual han aumentado notablemente, lo que ha generado debate sobre la necesidad de reforzar las medidas de prevención, mejorar la protección de las víctimas y aumentar la eficacia de las investigaciones policiales.

A pesar de estos incrementos en algunos ámbitos, es importante contextualizar los datos. A largo plazo, la criminalidad en Alemania ha disminuido significativamente desde finales del siglo XX. Este descenso se explica en parte por la mejora de las políticas de seguridad, de los avances tecnológicos en sistemas de protección y de la coordinación entre instituciones policiales y judiciales.

La distribución de la criminalidad no es homogénea en el territorio. Las grandes ciudades concentran una parte importante de los delitos registrados, especialmente los relacionados con robos, hurtos y agresiones. Ciudades como Berlín, Bremen o Hamburgo presentan índices de criminalidad más elevados, mientras que algunos estados federados como Baviera registran niveles más bajos y tasas de resolución policial más altas.

Los robos y hurtos siguen siendo una de las categorías más frecuentes dentro de las estadísticas de criminalidad. Tras la pandemia también se ha observado un repunte de los robos en viviendas y espacios privados. Otro fenómeno que preocupa especialmente es el aumento de los delitos con motivación política. En los últimos años se ha registrado un incremento significativo de estos incidentes, especialmente de los vinculados al extremismo de derecha.

También se han registrado incidentes violentos contra migrantes, comunidades religiosas y colectivos LGTBIQ+, así como un aumento de los delitos antisemitas. Estas tendencias reflejan una cierta radicalización en algunos sectores de la sociedad.

La ciberdelincuencia es otro de los grandes desafíos actuales. Los ataques informáticos, el fraude digital y otros delitos económicos vinculados a internet son cada vez más sofisticados y a menudo tienen una dimensión internacional. Aunque algunas estadísticas muestran una leve reducción de los casos registrados, las autoridades consideran que muchos de estos delitos no se denuncian, especialmente en el ámbito empresarial, y que los daños económicos siguen aumentando.

Para afrontar estos retos, Alemania ha reforzado las unidades especializadas en investigación digital y ha incrementado la cooperación internacional entre fuerzas de seguridad.

El sistema de seguridad alemán se basa en una estructura federal en que la responsabilidad policial recae principalmente en los estados federados, mientras que el gobierno federal coordina competencias relacionadas con la seguridad fronteriza, la lucha contra el terrorismo y las investigaciones criminales de alcance nacional o internacional.

Ante los nuevos retos de seguridad, las autoridades han impulsado varias medidas, como el aumento de la presencia policial en espacios públicos, la modernización tecnológica de los cuerpos de seguridad y la ampliación de las capacidades de investigación digital. También se han planteado reformas legislativas para restringir el uso de armas blancas en espacios públicos y reforzar la vigilancia en determinadas zonas urbanas.

En conclusión, Alemania sigue siendo un país relativamente seguro en comparación con muchos otros estados europeos y del mundo. Sin embargo, la evolución reciente de la criminalidad muestra una situación más compleja, marcada por nuevos retos como la violencia urbana, la radicalización política y las amenazas digitales.

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Nuevo servicio de asesoramiento legal para víctimas de violación en el Reino Unido

El gobierno británico ha anunciado un importante conjunto de reformas para mejorar la respuesta del sistema judicial a los casos de violación y reforzar la protección de las víctimas. Las medidas incluyen la creación de un nuevo servicio nacional de asesores legales independientes para víctimas de violación y la ampliación de los principios de la Operación Soteria a las salas de juicio. Estas iniciativas forman parte de un plan más amplio para hacer el sistema de justicia penal más justo, rápido y centrado en las víctimas, y para combatir la violencia contra mujeres y niñas.

Una de las novedades principales es el lanzamiento de un servicio nacional de asesores jurídicos independientes (Independent Legal Advisers, ILA), que ofrecerá apoyo legal especializado a las víctimas de violación durante todo el proceso penal. Este servicio, que se desplegará a finales de año, contará inicialmente con una financiación de seis millones de libras durante dos años. El objetivo es garantizar que las víctimas tengan acceso a asesoramiento legal independiente en las fases más complejas de las investigaciones y los juicios.

Los asesores legales independientes ayudarán a las víctimas a comprender sus derechos dentro del sistema judicial y las asistirán cuando las autoridades soliciten información personal sensible. Eso incluye, por ejemplo, registros médicos, notas de asesoramiento psicológico o datos de teléfonos móviles. En muchos casos, estas peticiones pueden resultar invasivas o desproporcionadas, y los asesores legales podrán impugnarlas cuando no sean estrictamente necesarias para la investigación. Esta medida pretende reducir la sensación, a menudo denunciada por las víctimas, de que el sistema penal examina más su vida privada que el comportamiento del presunto agresor.

En paralelo, el gobierno ampliará los principios de la Operación Soteria a la fase judicial de los casos de violación. Esta iniciativa, lanzada en el año 2021, ya había cambiado la manera como la policía y los fiscales investigan estos delitos. El nuevo enfoque se centra en analizar el comportamiento y los patrones del sospechoso, en lugar de poner el foco principal en la víctima. Eso implica priorizar pruebas relacionadas con el sospechoso y limitar el acceso a los registros personales de la víctima solo a los casos en que tengan un valor probatorio claro.

Con la nueva ampliación, el gobierno quiere asegurar que este mismo enfoque se mantenga cuando los casos llegan a los tribunales. Por eso se ha encargado a una experta académica que examine si, durante los juicios, las prácticas judiciales siguen sometiendo a las víctimas a un escrutinio excesivo. El objetivo de este estudio piloto es identificar posibles mejoras en la formación de jueces y fiscales, y también en las orientaciones y buenas prácticas judiciales, para garantizar que los juicios se centren principalmente en las acciones del sospechoso.

Según el gobierno británico, estas reformas también se inscriben dentro de un esfuerzo más amplio por modernizar el sistema judicial y reducir los retrasos en la resolución de los casos. Los datos publicados recientemente indican que, incluso con inversiones y mejoras de eficiencia, el retraso en el Tribunal de la Corona podría llegar a los 133.000 casos en el año 2035. No obstante, el paquete de reformas estructurales que prevé el gobierno podría reducir esta cifra hasta aproximadamente 49.000 casos en el mismo periodo, evitando que miles de víctimas tengan que esperar años para obtener justicia.

Entre las reformas incluidas en el proyecto de ley de tribunales está la creación de nuevos swift courts, tribunales diseñados para gestionar casos con condenas previsibles de hasta tres años, que serían juzgados por un solo juez. También se propone aumentar los poderes de sentencia de los magistrados hasta 18 meses de prisión, con el objetivo de liberar recursos del Tribunal de la Corona para que pueda centrarse en los delitos más graves. A pesar de estas reformas, los juicios con jurado se mantendrán para los crímenes más graves, incluyendo la violación, el asesinato o las lesiones graves.

Finalmente, el gobierno ha remarcado que estas medidas forman parte de una estrategia más amplia para reducir a la mitad la violencia contra mujeres y niñas durante la próxima década. En este contexto, se han anunciado más de mil millones de libras de inversión, incluyendo 550 millones destinados a servicios de atención a víctimas y casi 500 millones para alojamiento seguro para personas que huyen de abusos.

En conjunto, estas reformas buscan transformar la manera cómo el sistema de justicia penal gestiona los casos de violación. El objetivo central es garantizar que las víctimas reciban el apoyo adecuado, que los procesos judiciales sean menos traumáticos y que el foco de las investigaciones y los juicios se ponga principalmente en el comportamiento de los presuntos agresores. Esta orientación pretende reforzar la confianza de las víctimas en el sistema judicial y mejorar la capacidad para obtener justicia.

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Las comisarías de policía inteligentes en Etiopía: digitalización de la seguridad pública

Etiopía está experimentando con un nuevo modelo de comisaría de policía llamado smart police station o comisaría inteligente. Este proyecto piloto, instalado en el distrito de Bole de la capital, Adís Abeba, forma parte de un esfuerzo más amplio del gobierno por modernizar la administración pública mediante la digitalización. La iniciativa se inscribe dentro de la estrategia nacional de transformación tecnológica Digital Ethiopia 2030, impulsada por el gobierno del primer ministro, Abiy Ahmed.

Tal como informa Daniel Dadzie desde la BBC, a diferencia de una comisaría tradicional, este nuevo modelo funciona sin agentes presentes físicamente para atender a los ciudadanos. En lugar de un mostrador con policías, el espacio dispone de cabinas con tabletas digitales donde los usuarios pueden registrar denuncias o comunicar incidencias. El sistema guía al ciudadano a través de un proceso sencillo: primero tiene que seleccionar el tipo de incidente —como un delito, un problema de tráfico o una consulta general— y después introducir la información correspondiente. Una vez enviada la solicitud, un agente real, situado en una ubicación remota, aparece en pantalla para continuar la conversación, hacer preguntas y completar el informe. Si la situación lo requiere, se puede enviar una patrulla inmediatamente al lugar indicado.

Este modelo busca acercar el servicio policial a los ciudadanos y facilitar el acceso a la denuncia, especialmente en zonas donde hay falta de personal policial o donde la presencia de infraestructuras tradicionales es limitada. Según responsables del proyecto, el futuro de los servicios de seguridad pasa por sistemas más conectados con la población y con una mayor integración tecnológica. La digitalización permite reducir trámites administrativos, acelerar la gestión de casos y optimizar los recursos humanos disponibles.

Sin embargo, el proyecto todavía está en una fase inicial. Durante la primera semana de funcionamiento, la comisaría inteligente solo recibió tres denuncias: la pérdida de un pasaporte, un caso de fraude financiero y una queja rutinaria. Este volumen reducido refleja que el sistema todavía es poco conocido entre la población y que requiere tiempo para que los ciudadanos se familiaricen con él.

La iniciativa forma parte de un proceso más amplio de digitalización de los servicios públicos en Etiopía. El gobierno ha impulsado varias medidas para modernizar la administración, incluyendo la creación de un sistema nacional de identidad digital, la expansión de los pagos electrónicos y la digitalización de más de un centenar de servicios gubernamentales. El objetivo es adaptar las instituciones públicas a las necesidades de una sociedad cada vez más urbana, joven y conectada.

A pesar de estos avances, el país todavía afronta retos estructurales importantes. Uno de los principales es la brecha digital. Según datos recientes de organismos internacionales, aproximadamente el 79 % de la población etíope todavía no tiene acceso a internet. Esta realidad limita el impacto de las iniciativas digitales y crea el riesgo de que determinados sectores de la sociedad queden excluidos de los nuevos servicios. Las personas mayores, las comunidades rurales y los colectivos con menos recursos económicos son especialmente vulnerables a esta exclusión tecnológica.

Otro reto es el nivel de competencias digitales. Para que proyectos como las comisarías inteligentes funcionen correctamente, los ciudadanos tienen que tener un mínimo de familiaridad con las herramientas digitales. Sin esta alfabetización tecnológica, el uso de los sistemas puede resultar complicado o incluso generar nuevas formas de vulnerabilidad, como estafas o suplantaciones de identidad.

También preocupan aspectos relacionados con la seguridad de la información y la protección de la privacidad. Los sistemas digitales de denuncia y gestión de datos requieren infraestructuras tecnológicas robustas y mecanismos de protección adecuados para evitar filtraciones o usos indebidos de la información personal de los ciudadanos.

A pesar de estos desafíos, varios expertos consideran que las inversiones en infraestructura digital, conectividad y formación son pasos esenciales para modernizar el funcionamiento del Estado. La expansión de la banda ancha, el crecimiento de los pagos electrónicos y la digitalización progresiva de los servicios públicos indican que Etiopía está intentando reducir la distancia tecnológica respecto a otros países.

En este contexto, la comisaría inteligente de Adís Abeba representa sobre todo un experimento. Todavía no es un modelo consolidado ni sustituye las comisarías tradicionales, que siguen siendo el punto de contacto principal entre la policía y la ciudadanía. Sin embargo, este proyecto piloto ofrece una visión de cómo podrían evolucionar los servicios policiales en el futuro, combinando presencia física y herramientas digitales para mejorar la eficiencia y la accesibilidad.

En definitiva, la iniciativa refleja la ambición de Etiopía de avanzar hacia una administración pública más digital y eficiente. El éxito dependerá, sin embargo, no solo de la tecnología implementada, sino también de la capacidad del país para reducir la brecha digital, mejorar la alfabetización tecnológica de la población y garantizar la seguridad de los datos. Solo así proyectos como las comisarías inteligentes podrán convertirse en una herramienta realmente útil para reforzar la seguridad y la confianza entre ciudadanos e instituciones.

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Hoy es día festivo en Cataluña. No publicamos entrada. Nos vemos el miércoles

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Desmantelada una red de tráfico de cocaína a través de su rastro financiero

Una red criminal internacional que blanqueaba los beneficios de la cocaína para el crimen organizado italiano se ha desmantelado después de que los investigadores siguieran el rastro del dinero por toda Europa.

Lo que empezó como movimientos financieros sospechosos, constituyó un sofisticado sistema de blanqueo de dinero que daba servicio a miembros de la Camorra y la ‘Ndrangheta. Detrás de sociedades fantasma, facturas falsas e inversiones de lujo, se limpiaban y reinvertían millones de euros en beneficios de la cocaína por toda Europa.

Dirigió la investigación la Gendarmería Nacional francesa, en colaboración con los Carabinieri italianos y la Oficina Federal de Policía suiza (FEDPOL). También contó con el apoyo de la Policía Federal belga de Amberes, la Agencia Estatal para la Seguridad Nacional búlgara, la Aduana alemana y la Policía Nacional del Ecuador, bajo la coordinación de Europol y Eurojust.

A raíz de los flujos financieros, los investigadores identificaron a un ciudadano montenegrino, conocido como objetivo de alto valor de Europol y buscado por varios países europeos. El sospechoso se había establecido en la zona de Cannes, en Francia, con familiares próximos, incluido su yerno italiano, conocido por las autoridades italianas por blanqueo de capitales, fraude y delitos de tráfico de armas.

La investigación financiera reveló que la red de blanqueo estaba directamente conectada con el tráfico de cocaína a gran escala desde Sudamérica hacia Europa.

Se sospecha que el grupo coordina envíos marítimos de cantidades significativas de cocaína a los principales puertos de Europa. Una confiscación importante por parte de la aduana belga a finales de 2025 se vinculó al sospechoso montenegrino, lo que supuso un avance decisivo en la investigación.

Los investigadores descubrieron una organización altamente estructurada. La red se basaba en una capacidad financiera sustancial, criptoactivos, viajes transfronterizos semanales en vehículos de lujo con compartimentos de ocultación sofisticados y una red corporativa que abarcaba múltiples jurisdicciones.

En el mes de febrero de este año, las autoridades llevaron a cabo registros y detenciones y coordinados en Francia, Italia, Bélgica y Suiza. Se arrestaron siete sospechosos (cuatro en Francia y tres en Italia), incluido el objetivo de alto valor montenegrino.

En la Riviera francesa, se confiscaron vehículos de lujo, junto con propiedades de alta gama por valor de más de cinco millones de euros. También se confiscaron empresas y activos adicionales en Suiza e Italia.

Desde el año 2023, Europol ha dado apoyo a esta investigación, que rápidamente se ha convertido en una de las operaciones más activas de la agencia desde su Centro Europeo de Delitos Financieros y Económicos.

El caso requirió todo el abanico de servicios de Europol: análisis criminal y financiero avanzado, comunicación segura en tiempo real y despliegues sobre el terreno en Francia e Italia para dar apoyo a los investigadores nacionales y construir una imagen operativa compartida.

En el año 2024, se estableció un Equipo Conjunto de Investigación (ECI) en Eurojust entre Francia, Italia y Suiza, lo que permitió una estrecha coordinación judicial. A través de Europol, otros socios (Bélgica, Alemania y Ecuador) se unieron a la investigación, ampliando su impacto.

La Red @ON, financiada por la Comisión Europea y dirigida por la Dirección de Investigación Antimafia italiana (DIA), dio apoyo financiero a las reuniones operativas y al despliegue de los investigadores.

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El chocolate, bajo llave

En los últimos meses, varios supermercados del Reino Unido han empezado a aplicar medidas de seguridad inusuales a un producto aparentemente inofensivo: el chocolate. Cadenas como Sainsbury’s, Tesco y Co-op han optado por colocar las barras de chocolate dentro de cajas de plástico antirrobo, un sistema habitualmente reservado para bebidas alcohólicas Premium o dispositivos electrónicos.

Esta decisión responde a un incremento significativo del robo de chocolate, que según el sector ya no es fruto de hurtos ocasionales, sino de una actividad sistemática vinculada al crimen organizado y a la reventa en mercados ilícitos.

Según la Association of Convenience Stores (ACS), la confitería —y especialmente el chocolate— se ha convertido en uno de los productos más sustraídos en las tiendas de proximidad. La combinación de valor económico, fácil transporte y alta demanda la convierte en un objetivo especialmente atractivo.

Los comerciantes denuncian que los robos se hacen a menudo por encargo. Eso implica que los productos no se consumen inmediatamente, sino que se distribuyen posteriormente a través de canales ilegales: otros establecimientos, mercados informales o negocios que compran género a precios reducidos sin verificar su origen.

El fenómeno no es aislado. Según datos del British Retail Consortium, durante el último año se registraron 5,5 millones de incidentes de robo en establecimientos comerciales en el Reino Unido. Además, se produjeron una media de 1.600 incidentes diarios de violencia o abuso contra trabajadores del sector minorista. Aunque la cifra representa una ligera disminución respecto al año anterior, sigue siendo la segunda más alta jamás registrada.

La afectación económica es considerable. El grupo Heart of England Co-Op, con 38 tiendas, declaró haber perdido 250.000 libras en chocolate durante 2024, convirtiéndolo en el producto más robado aquel año. En 2025 solo fue superado por el alcohol. En una sola semana, un individuo puede llegar a causar pérdidas de miles de libras en un mismo establecimiento.

Algunos comerciantes explican que un estante completo de chocolate puede tener un valor aproximado de 500 libras, y que los ladrones pueden llevarse entre 200 y 250 libras en producto dentro de una mochila en cuestión de minutos.

Ante esta situación, los establecimientos han tenido que invertir en medidas de protección: sistemas de CCTV más sofisticados, tecnología de inteligencia artificial para identificar sospechosos recurrentes, reducción del stock expuesto y eliminación de promociones visibles en zonas de fácil acceso. En algunos casos, los estantes solo se llenan parcialmente para limitar el impacto económico potencial.

El National Police Chiefs’ Council ha asegurado que está trabajando conjuntamente con minoristas y expertos en seguridad para reforzar la respuesta ante la delincuencia minorista. La estrategia incluye mejor coordinación, uso más eficiente de la tecnología y sistemas de denuncia más ágiles.

No obstante, desde el sector comercial se reclama una respuesta más contundente. El ACS pide sentencias más severas para reincidentes y acciones específicas contra las redes que distribuyen productos robados, ya que el problema no se limita al hurto puntual, sino que forma parte de una economía paralela que puede financiar otras actividades delictivas.

El caso del chocolate es sintomático de un problema más amplio: el aumento del robo organizado en el comercio minorista. Productos que antes no requerían protección especial ahora se tratan como mercancías de alto riesgo. Esta evolución refleja cambios en el comportamiento delictivo, pero también en las condiciones socioeconómicas y en la capacidad de reventa a través de canales informales o digitales.

Para el sector de la seguridad, este fenómeno plantea varios retos:

  • Adaptar los sistemas de protección en productos de consumo masivo.
  • Equilibrar experiencia de cliente y medidas antirrobo.
  • Incorporar tecnología predictiva y análisis de patrones.
  • Mejorar la colaboración entre empresas y fuerzas de seguridad.

En definitiva, el hecho de que una simple tableta de chocolate tenga que estar encerrada bajo llave es un indicador claro de la evolución del riesgo en el entorno comercial actual. La respuesta no se puede limitar a medidas físicas; requiere una estrategia integral que combine prevención, inteligencia y actuación judicial efectiva.

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Geopolítica de las plazas urbanas en el espacio cotidiano de Berlín

Un artículo de Katharina Ciax y Simon Runkel analiza cómo las políticas de seguridad y antiterrorismo transforman no solo la configuración física de los espacios urbanos, sino también su dimensión emocional y perceptiva. El caso de estudio es la Breitscheidplatz de Berlín, escenario del atentado con vehículo durante el mercado de Navidad del año 2016.

Los autores parten de una idea clave: la seguridad se implementa con infraestructuras y presencia policial, pero también produce una atmósfera afectiva que modifica la manera como las personas experimentan el espacio público. Esto conecta con el campo de la geopolítica urbana cotidiana, que estudia de qué manera los grandes discursos sobre seguridad global se materializan en espacios concretos, como calles y plazas.

Antes del atentado, la Breitscheidplatz era un espacio caracterizado por el flujo constante de personas, rodeado de ejes comerciales y próximo a la estación Bahnhof Zoo. Aunque ya había prácticas de control y vigilancia desde los años noventa del siglo pasado —especialmente vinculadas a la criminalización de determinados colectivos—, el ataque de 2016 marcó un punto de inflexión.

Después del atentado, la plaza experimentó una transformación profunda con la instalación de medidas de Hostile Vehicle Mitigation (HVM): bloques de hormigón, pilonas, mobiliario urbano reforzado y una presencia policial más visible, incluida una comisaría móvil permanente. Este conjunto de medidas convirtió la plaza en un espacio altamente protegido, prácticamente único en Berlín con respecto al nivel de fortificación.

Los autores argumentan que esta acumulación de medidas responde a una necesidad funcional de protección, pero a su vez genera una sobresaturación que altera la esencia misma del espacio público.

Uno de los conceptos centrales del artículo es el de atmósfera afectiva. La seguridad no se percibe únicamente a través de normas o dispositivos materiales, sino mediante sensaciones: hostilidad, vigilancia constante, tensión o exclusión. Cruzar múltiples barreras físicas antes de llegar a la plaza puede generar una sensación de amenaza latente, aunque el objetivo sea precisamente reducir el riesgo.

Mediante etnografías sensoriales y la observación participante (entre 2021 y 2022), los investigadores recogieron testimonios e impresiones de usuarios, comerciantes y vecinos. Lo que emerge es una paradoja: las medidas destinadas a incrementar la seguridad pueden producir una atmósfera que refuerza la percepción de peligro.

Esta transformación afecta especialmente los colectivos racializados o marginados. Según los autores, la protección no es neutral: consolida prácticas discriminatorias preexistentes y restringe la accesibilidad real del espacio público. La plaza deja de ser un espacio de circulación abierta y se convierte en un espacio de control selectivo.

El artículo sitúa este caso en un marco más amplio: la protección de las ciudades europeas después de oleadas de atentados terroristas. Este proceso ha impulsado la militarización del espacio urbano, la normalización de infraestructuras defensivas y la construcción simbólica de amenazas internas.

En la Breitscheidplatz, la combinación de consumo de lujo, vigilancia intensiva y arquitectura defensiva contribuye a redefinir la identidad del espacio. La plaza es un lugar de memoria del atentado y también un escenario permanente de prevención.

Esta dinámica muestra cómo la geopolítica global (terrorismo, seguridad europea, discursos sobre la amenaza) se traduce en decisiones muy concretas sobre diseño urbano, mobiliario y presencia policial. El espacio público se convierte así en un laboratorio de gobernanza del miedo.

La aportación principal del artículo es demostrar que las políticas de seguridad tienen una dimensión material, social y emocional inseparable. La protección reorganiza el espacio a la vez que transforma la manera como se vive y se siente.

En el campo de la seguridad urbana, esto implica varias reflexiones:

  • Las medidas físicas de protección generan impactos simbólicos y psicológicos.
  • La sobreactuación protectora puede reforzar la percepción de riesgo.
  • La seguridad se puede convertir en un mecanismo de exclusión social.
  • El espacio público puede perder su función de apertura y convivencia si se convierte en una infraestructura permanente de defensa.

En definitiva, el caso de la Breitscheidplatz muestra como el antiterrorismo contemporáneo no solo protege, sino que también redefine la experiencia urbana. La seguridad deja de ser un elemento invisible para convertirse en una presencia tangible, material y ambiental que modela la vida cotidiana.

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Como el crimen organizado invade y arruina comunidades en Francia

Felia Allum, profesora de crimen organizado comparado en la Universidad de Bath, ha publicado un artículo en The Conversation en el que analiza el aumento de los asesinatos vinculados al narcotráfico en Francia y defiende que el país está en un punto de inflexión en su relación con el crimen organizado. El caso que simboliza este giro es el asesinato de Medhi Kessaci, hermano de un activista antinarcotráfico en Marsella, un crimen interpretado como un mensaje intimidatorio en el contexto de una escalada de violencia. Entre 2023 y 2024, 73 personas murieron en Marsella en hechos relacionados con el negocio de la droga; muchos de ellos eran jóvenes reclutados por internet con la promesa de dinero rápido. Episodios similares se han producido también en Grenoble, París, Nimes, Montpellier, Niza y Lyon.

Marsella se ha convertido en el epicentro simbólico de esta crisis. El grupo que actualmente domina parte del mercado de la droga en Francia se hace llamar Mafia DZ; pero Allum subraya que no se trata de una mafia clásica, como las italianas. No responde a la estructura jerárquica tradicional ni al modelo histórico de control territorial e infiltración institucional característico de determinadas organizaciones italianas. Esto obliga a evitar simplificaciones y etiquetas como “narcoestado” o “narcoterrorismo”, que pueden llamar la atención mediática, pero no siempre ayudan a entender el fenómeno.

Según la autora, el crimen organizado no aparece de la nada ni se impone únicamente por la fuerza. Arraiga cuando encuentra espacios vacíos que el estado y la sociedad no están ocupando adecuadamente. Históricamente, estructuras mafiosas y cárteles se han consolidado en periodos de transformación profunda, como pasó en Italia durante la unificación del siglo XIX o en los Estados Unidos en plena industrialización. En estos contextos de cambio acelerado, las instituciones todavía eran débiles o inestables, y actores no estatales llenaron los vacíos de poder.

Pero actualmente Francia no es un estado en construcción, sino un estado consolidado, inmerso en un modelo económico liberal en el que las desigualdades sociales, educativas y económicas se han profundizado. Allum, inspirándose en la politóloga Susan Strange, apunta que la autoridad del estado se ha erosionado en favor de los mercados y que el modelo de bienestar se ha ido burocratizando y privatizando. Cuando el tejido social se debilita y las oportunidades reales escasean, las redes criminales ofrecen una alternativa aparentemente atractiva: ingresos inmediatos, identidad, respeto y una estructura de pertenencia.

En barrios con altas tasas de paro juvenil y fracaso escolar, el narcotráfico puede convertirse en una vía de ascenso rápido, aunque sea extremadamente peligrosa. Las organizaciones imponen sus propias normas a los vendedores y reclutas, generan economías paralelas y, en algunos casos, obtienen una cierta tolerancia social basada en el miedo o en la dependencia económica. El crimen organizado no solo opera en contra de la comunidad; a menudo se integra en ella y establece vínculos complejos.

Ante esta situación, el gobierno del presidente Emmanuel Macron ha propuesto un conjunto de medidas orientadas a reforzar la respuesta penal y policial. Destaca la creación de una nueva dirección nacional contra el crimen organizado (PNACO), con fiscales especializados para perseguir redes de narcotráfico a escala francesa y europea. También se prevén programas de protección de testigos, endurecimiento de las condiciones penitenciarias para los jefes de red y ampliación de los mecanismos de incautación de bienes. Francia mira hacia el modelo italiano de los años noventa como referente legislativo.

Además, el gobierno quiere incrementar las sanciones a los consumidores, con multas más elevadas y posibles restricciones, como la retirada del permiso de conducir o afectaciones laborales. Esta estrategia parte de la idea de que hay que actuar sobre toda la cadena, desde los cabecillas hasta la demanda final.

Sin embargo, Allum advierte de que las medidas reactivas y punitivas, por sí solas, no resuelven las causas estructurales del problema. Las redes criminales tienen una gran capacidad de adaptación: cuando se desmantela una estructura, puede emerger otra, a menudo con operaciones coordinadas desde el extranjero. Sin una intervención que aborde las desigualdades, la falta de oportunidades y la desconexión entre instituciones y ciudadanía, el fenómeno tiende a reproducirse.

La lucha contra el narcotráfico no es solo una cuestión de refuerzo policial o de reforma penal. Es también una cuestión de cohesión social, de políticas públicas integrales y de reconstrucción del vínculo entre el estado y los barrios más vulnerables. La seguridad sostenible no se construye únicamente con más represión, sino con prevención, inversión social y alternativas reales para los jóvenes que hoy ven en el mercado de la droga su único horizonte posible.

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