En los últimos años, la presencia de niños y adolescentes en internet ha aumentado de manera exponencial, especialmente en plataformas como TikTok, Instagram, YouTube o Discord. Este incremento de la actividad digital ha ido acompañado de un fenómeno preocupante: la difusión de lenguaje codificado utilizado por adultos con intenciones potencialmente peligrosas, a menudo antes de que los mismos padres sean conscientes.

Un caso revelador es el de una niña de 10 años que, en una conversación de TikTok, respondió a un desconocido diciendo “no soy un MAP”. Este término, desconocido por muchos adultos, significa minor-attracted person (persona atraída por menores). Este tipo de lenguaje forma parte de un sistema de códigos y eufemismos que permite a determinados individuos comunicarse evitando ser detectados por los sistemas de moderación de las plataformas.
El término MAP no es un caso aislado. Hay todo un ecosistema de palabras y códigos que pueden aparecer en foros, redes sociales o comunidades en línea. Son algunos ejemplos NOMAP (persona atraída por menores que no actúa según sus impulsos), 764 (código numérico asociado a estos intereses), AOA (edad de atracción) y AMSC (contacto sexual adulto–menor). Estas expresiones, aparentemente inocentes o técnicas, pueden esconder discursos o intenciones que representan un riesgo para los menores.
Una de las razones por las que los menores detectan y entienden este lenguaje antes que los adultos es su inmersión constante en los entornos digitales. Estudios recientes indican que una proporción significativa de adolescentes pasa una gran parte del tiempo conectada, incluso de manera casi constante. Esta exposición continuada les permite captar significados a partir del contexto, aunque no conozcan su origen exacto.
Este fenómeno se enmarca en lo que se conoce como algospeak: una forma de comunicación adaptada para esquivar los sistemas automáticos de moderación. Los usuarios sustituyen palabras explícitas por códigos, números o memes que hacen que el contenido sea más difícil de detectar. Eso genera una fisura entre la capacidad de control de las plataformas y la evolución del lenguaje en línea.
Los procesos de contacto potencialmente nocivos suelen seguir patrones similares. Primero se utiliza un lenguaje ambiguo o codificado para evitar sospechas; después se puede establecer una relación aparentemente inocente mediante comentarios o un contenido compartido. Progresivamente la conversación se traslada a canales privados y mensajes directos, en los que la supervisión es menor. En algunos casos, los usuarios crean cuentas alternativas para evitar restricciones o bloqueos.
Ante de este escenario, la respuesta no puede ser únicamente reactiva; es decir, no es suficiente actuar cuando ya ha aparecido el problema. La investigación en seguridad digital y educación indica que la prevención es clave. Ello implica formar a los adultos y menores en competencias digitales que les permitan entender cómo funcionan las plataformas y los algoritmos. Por ejemplo, es importante que los jóvenes entiendan que el contenido que ven no siempre es fruto de una búsqueda activa, sino que a menudo es recomendado por sistemas que priorizan la interacción y el tiempo de visualización. Este conocimiento puede ayudarlos a interpretar mejor por qué aparecen determinados contenidos y a desarrollar una actitud más crítica.
También es recomendable hablar sobre el lenguaje codificado desde edades tempranas, especialmente a finales de primaria o inicios de secundaria. Explicar por qué algunas personas utilizan eufemismos o códigos puede ayudar a los menores a identificar situaciones sospechosas y a reaccionar de manera adecuada.
Otra estrategia efectiva es practicar respuestas ante situaciones incómodas. Frases como “no quiero hablar de esto”, “te bloquearé” o “salgo de la conversación” pueden dar seguridad a los menores y reducir la presión de responder. Además, es fundamental que entiendan que no tienen ninguna obligación de ser educados con los desconocidos en línea y que no deben compartir información personal.
El papel de los padres y tutores también es esencial. Más allá de controlar o limitar el uso de dispositivos, es importante acompañar a los menores en su experiencia digital. Esto implica interesarse por lo que hacen en línea, hablar abiertamente sobre los riesgos y fomentar un entorno de confianza en el que se sientan cómodos compartiendo cualquier situación que les parezca extraña o incómoda.
En definitiva, la seguridad digital de los menores requiere una combinación de conocimiento, prevención y comunicación. El lenguaje codificado es solo una de las muchas formas en las que se pueden manifestar los riesgos en línea, pero su naturaleza sutil lo hace especialmente difícil de detectar. Por ello, la concienciación y la educación continuada son herramientas fundamentales para proteger a los más jóvenes en un entorno digital cada vez más complejo.
_____
Aquest apunt en català / This post in English / Post en français








