Desigual distribución de los homicidios en el mundo

El estudio global sobre homicidios de UNODC[1] muestra que el número de homicidios sigue aumentando, aunque las tasas bajan a causa del incremento superior de la población. En el 1990 se detectaron 362.000 casos, y en el 2017, 463.821. El estudio trata de los homicidios intencionales ilegales[2] que se han producido en el mundo hasta el 2017.

Si nos centramos en los datos continentales, se pone de relieve la gran incidencia en las dos Américas que, según las cifras del 2017, concentran el 37% de los homicidios para sólo el 13% de la población mundial. La tasa global del 17,2 por cien mil significa un récord absoluto desde 1990, que es el primer año en que se cuenta con datos fiables. Venezuela, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Colombia y Brasil son los que observan tasas más altas.

El segundo continente de la lista es África con un 13 por cien mil, pero con la cautela de señalar que los datos de este continente todavía presentan dudas de fiabilidad. Fuera de América, sólo Sudáfrica se acerca a los máximos niveles. Europa ha experimentado una reducción del 68% desde el año 2002 y de un 38% desde 1990, situándose en 22.009, una tasa del 3 por cien mil, por delante de Oceanía (2,8 por cien mil) y Asia (2,3 por cien mil)[3]

La mayoría de los homicidios (54%) se cometió con armas de fuego (instrumento mayoritario en América, exceptuando Canadá, y en los Balcanes), el 22% con arma blanca y el 24% con otros medios.

Los autores de los homicidios son mayoritariamente hombres (90%). Si lo miramos en términos de condenas penales, sólo un 6% de las personas convictas por homicidio son mujeres. En Europa la cifra llega al 9%, mientras que en las Américas se sitúa en un 7%, en Asia en un 6% y en África en un 5%. Con respecto a las víctimas son mayoritariamente hombres (81%), entre los cuales la franja de edad más afectada es la de entre 15 y 29 años (básicamente, por la realidad americana), aunque en Europa la más afectada es la de entre 30 y 44 años. Las mujeres son víctimas de sus parejas (34%), de otros miembros de la familia (24%) y en el 42% de los casos de personas de fuera del entorno familiar. Es decir, el círculo más íntimo y familiar es el más peligroso para ellas. Si lo reducimos a los homicidios en el seno de las parejas, las mujeres son víctimas en un 82% de los casos. Otro dato destacable es que cuando más alto es el número de homicidios mayor es el porcentaje de hombres que son víctimas.

El informe apunta contextos que pueden facilitar la violencia y, por lo tanto, el aumento de los homicidios. Al mismo tiempo, rompe estereotipos tradicionales en este ámbito. Concretamente menciona:

  • El desarrollo socioeconómico (o la falta de) explica los niveles de homicidios en Europa y Asia, pero tiene más dificultad para explicarlos en las Américas y en Asia. La delincuencia organizada, la inestabilidad política y la disponibilidad de armas de fuego son factores cruciales en estos continentes. Sin embargo, la delincuencia organizada (y el tráfico de drogas) no siempre generan altas tasas de homicidios.
  • La desigualdad de los ingresos y de la distribución de la riqueza. Los países con índices más altos de desigualdad económica son los que presentan un número de homicidios mayor.
  • Las inversiones a largo plazo y las políticas educativas están asociadas con un descenso de las tasas de homicidios.
  • Mejorar el estado de derecho es clave para reducir los niveles de homicidios.
  • El crecimiento urbano no parece, por sí mismo, causar un incremento de los homicidios.
  • Los policías pueden ser tanto la fuente de la violencia como las víctimas.
  • Los emigrantes son muertos predominantemente para otros emigrantes.
  • En algunos países (Chile, El Salvador, Argentina, Panamá, Honduras, Botsuana o Montenegro) las prisiones son los lugares donde se detecta el riesgo más alto de ser víctima de un homicidio.

[1] Vid. https://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/gsh/Booklet1.pdf

[2] Que no tienen amparo legal, como podría ser una causa de justificación o constituir una pena en un país que tenga la pena de muerte.

[3] Asia presenta más de cuatro veces el número de homicidios de Europa, 104.456, pero más de seis veces su población.

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