Thomas Feltes: “El dilema seguridad – libertad es una quimera”

Thomas FeltesThomas Feltes (1951) es catedrático de Criminología y Ciencias Políticas en la Facultad de Derecho de la Universidad Ruhr de Bochum, Alemania. Desde 2005, imparte clases de Derecho y es responsable del master avanzado de Criminología, Estudios Criminalísticos y Ciencia Política. De 1992 a 2002, fue director de la Universidad de Ciencias Policiales Aplicadas de Villingen-Schwenningen, Alemania. Thomas Feltes se doctoró en Derecho y tiene un master en Ciencias Sociales de la Universidad de Bielefeld, Alemania. De 1979 a 1992, realizó investigación criminológica y docencia en las facultades de Derecho de Bielefeld, Hamburgo, Heidelberg y Tübingen. Feltes forma parte de la junta científica de la Sociedad Internacional de Criminología. Es coautor y editor de más de 200 libros y artículos sobre la profesión de policía, el derecho juvenil, el hecho de sentenciar, las penas alternativas y la fiscalía pública, y es editor de Polizei Newsletter, un boletín electrónico mensual que se publica en cuatro idiomas (entre ellos, el castellano). A partir de 2018 será el representante alemán en el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura (CPT).

Profesor Feltes: Últimamente ha insistido en la necesidad de integrar distintos actores para mantener los niveles de seguridad dentro de un marco razonable. Esta postura corresponde a una persona con una larga trayectoria de responsabilidades en el sector público y resulta un poco sorprendente. ¿Por qué motivo tendríamos que transformar el monopolio tradicional del Estado en el campo de la seguridad en una coproducción de seguridad con actores que posiblemente no tienen intereses públicos? ¿Eso no supone la privatización de las tareas policiales?

De hecho, la privatización de las tareas policiales ya existe desde hace muchos años y no hay un monopolio tan claro, en realidad. Expertos en criminología hablan de plural policing, una reflexión sobre el hecho que no sólo las compañías privadas de seguridad trabajan para individuos y corporaciones, dado que las corporaciones tienen su propio sistema de seguridad e, incluso, su propio sistema de procesamiento, con castigos y represalias internos. La profesión policial trabaja cada vez más con otras agencias gubernamentales, el tercer sector, organizaciones comunitarias y el sector privado, y tienen que cooperar. Por ejemplo: si hablamos de policía comunitaria, muchos actores locales y privados participan en este sistema para mejorar la relación entre la policía y los ciudadanos, y para mejorar la sensación de seguridad en una comunidad local. El factor principal: el Estado tiene que controlar los diferentes esfuerzos policiales, sea quien sea el actor o sea donde sea.

Ha trabajado durante muchos años en el mundo de la seguridad de los partidos de la Bundesliga (y del fútbol en general). ¿Le parece que eso es un buen ejemplo de una coproducción privada-pública de seguridad? ¿Cómo evalúa su experiencia en este campo? ¿Le parece que hemos encontrado una fuente de progreso? ¿Cuáles son los factores clave que deberíamos considerar?

Los partidos de fútbol son un buen ejemplo de la práctica policial plural. Tal como podemos ver al analizar las estructuras de seguridad de un partido normal, se implican hasta 30 proveedores de seguridad diferentes: desde el DFB hasta el DFL, y desde los sistemas de transporte público hasta la policía local y los clubs locales. Estos últimos normalmente tienen su propio cuerpo de seguridad, que es el responsable dentro del estadio, y personal de seguridad contratado, responsable, por ejemplo, de controlar las entradas. Todos ellos tienen que cooperar muy de cerca con la policía local y la policía federal. Antes del partido, se suele convocar una reunión sobre la seguridad, para tratar las diversas responsabilidades y la estrategia global con respecto a las prácticas policiales a adoptar.

¿Se puede aplicar la coproducción a cualquier política pública? ¿Lo aplicaría a la gran oleada de refugiados que ha llegado recientemente a Alemania? Por cierto, ¿no supone un riesgo alto para la seguridad interna? ¿Es sensato permitir la entrada a una cantidad tan grande de refugiados?

La coproducción de seguridad forma parte de nuestro trabajo diario. Agentes de seguridad privados trabajan en centros comerciales, en estaciones ferroviarias y en el metro, y tienen la responsabilidad de proteger edificios tanto privados como gubernamentales. Con respecto a los refugiados, la seguridad de los campos y los edificios donde viven corresponde a las compañías de seguridad privadas. La policía no tiene suficiente personal para ocuparse de esta tarea y, además, es demasiado caro. La selección y el control son los problemas que surgen con los agentes de seguridad privados. Después de algunos escándalos, parece que este problema se ha resuelto. Los candidatos se revisan, tienen más formación y se controlan más ahora. Los refugiados no cometen más delitos que la población alemana equivalente, si tenemos en cuenta el sexo y la edad. Y la mayor parte de los delitos cometidos por los refugiados se producen entre ellos mismos (debido a algún incidente en el campo) o tienen relación con leyes sobre extranjería.

¿Cómo evalúa la oleada actual de legislación dura (al restringir los derechos humanos) con el objetivo de combatir el terrorismo? ¿Es ética? ¿Es necesaria? ¿Es útil? ¿Le parece que el presunto dilema seguridad−libertad es real o sólo un argumento para procurar que se acepten estas restricciones a los derechos humanos?

En realidad, se trata de una política puramente simbólica. Los políticos reciben una enorme presión por parte de la ciudadanía y los medios. Estas leyes no hacen frente en absoluto al terrorismo, pero los políticos piensan que es la única manera de hacer que el ciudadano piense que son capaces de actuar. Sí que tenemos unos buenos proyectos para impedir que los jóvenes se incorporen a grupos terroristas o a entornos controlados por el islam radical, pero estos programas sólo tienen un efecto a medio o largo plazo. El llamado “dilema seguridad−libertad” es una quimera: vivimos en sociedades y en comunidades que son más seguras que nunca (la tasa de delincuencia va a la baja desde hace tiempo), pero nuestros ciudadanos se sienten más alienados que nunca. Los motivos son múltiples: el concepto de la auténtica Unión Europea está desapareciendo, los efectos negativos de la globalización tienen más presencia, la gente está envejeciendo y se siente menos segura debido a unos sistemas sanitarios en declive y unas pensiones inciertas. Y, finalmente: los políticos no hacen que los ciudadanos se sientan capaces de hacer frente a todos estos problemas; parecen más bien un grupo de pollos corriendo sin cabeza… La gente está perdiendo confianza en la política, y podemos ver los resultados por doquier, con partidos de derecha que tienen cada vez más adeptos.

Páginas web:

www.thomasfeltes.de

www.rub.de/kriminologie

www.police-newsletter.com

www.krimlex.de

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