Prevención de la violencia juvenil

Prevenció violència juvenilLa Organización Mundial de la Salud ha publicado un manual sobre prevención de la violencia juvenil. En primer lugar, el documento informa sobre el alcance del problema. Anualmente se estima que en todo el mundo tienen lugar cerca de 200.000 homicidios en los que las víctimas son personas de entre 10 y 29 años, cifra que significa la cuarta causa de muerte en esta franja de edad. Un 83% de estas víctimas son hombres, y la inmensa mayoría de estas muertes tienen lugar en países con un nivel de ingresos bajo o medio.

Cuatro de cada diez jóvenes estuvieron implicados en algún tipo de pelea durante el último año y uno de cada cuatro sufrió algún tipo de acoso en el último mes. Los efectos de esta violencia son visibles a menudo (millones de jóvenes son atendidos anualmente en los hospitales a causa de heridas diversas) y otras veces, invisibles (un tercio de las víctimas de violencia no lo explican nunca a nadie). Frecuentemente, los jóvenes víctimas de violencia experimentan algún tipo de trastorno psíquico; reducción del rendimiento escolar; adicción a las drogas, el tabaco o el alcohol, vuelven a ser víctimas o bien adoptan comportamientos violentos como adultos.

Los factores de riesgo más relevantes que favorecen la violencia juvenil son: las peleas en la escuela, el absentismo escolar, las relaciones con amigos o compañeros antisociales y las conductas destructivas. El hecho de que los padres sean adictos a las drogas o al alcohol, lleven a cabo actividades delictivas o tengan problemas de comportamiento también está asociado a escenarios de violencia juvenil. Otros factores de riesgo son residir en zonas de concentración de pobreza, con poca presencia de servicios públicos y poco respeto por las normas; la desafección familiar y social, o la implicación en comportamientos delictivos.

El manual remarca la necesidad de afrontar las causas de la violencia para poder prevenirla de forma eficaz. Como medidas preventivas se especifican: programas formativos dirigidos a los padres a fin de que sean capaces de establecer buenas relaciones con los hijos, programas de apoyo a niños con problemas para que sean capaces de seguir a sus compañeros, campañas y políticas de reducción del consumo de alcohol y drogas entre los jóvenes, renovación urbana y desconcentración de la pobreza, actuaciones policiales dirigidas a la solución de los problemas de fondo, intervenciones terapéuticas que ayuden a los jóvenes a canalizar su ira y los problemas de comportamiento, así como la reducción del acceso a armas de fuego. El sector de la salud tiene un papel relevante para intervenir en muchos de los ámbitos que favorecen la violencia juvenil, a menudo en colaboración con otros actores públicos (y privados).

Para poder poner en marcha estrategias y acciones preventivas, hay que definir la magnitud del problema de manera adecuada, por lo que resulta crucial establecer un sistema de recogida de datos estadísticos precisos que permitan una buena diagnosis de la situación. Es también crucial elaborar indicadores objetivos que permitan evaluar los programas dirigidos a la prevención y reducción de la violencia juvenil. En caso contrario, pueden mantenerse iniciativas y estrategias que no tienen ningún tipo de eficacia y que favorecen el enquistamiento de los problemas.

Puede consultar el documento entero: Preventing youth violence: an overview of the evidence

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