Sustracción y comercialización de vehículos robados: un negocio difícil de parar

El robo y la comercialización de vehículos es una actividad criminal altamente organizada que afecta a todas las regiones del mundo y con claros vínculos con la delincuencia organizada y el terrorismo. Los vehículos son robados, por un lado, por el rédito económico que se obtiene, y, por otro, para financiar otros delitos. También pueden ser usados como armas explosivas o como medio para perpetrar otros delitos.

La base de datos de Interpol sobre vehículos a motor robados (SMV) es actualmente una herramienta fundamental contra el robo y el tráfico internacional de vehículos. Permite que la policía pueda comprobar un vehículo sospechoso y descubra instantáneamente si se ha informado del robo. Su importancia radica en que se trata de una base de datos internacional, ya que los vehículos cruzan las fronteras nacionales, a veces a miles de kilómetros de distancia del lugar donde fueron robados.

En 2015 se identificaron cera de 123.000 vehículos robados en todo el mundo, gracias a la base de datos SMV. Al finalizar el año 2017, la cifra de registros de bases de datos se elevaba a 7,4 millones.

Una gran mayoría de países miembros de Interpol disponen de unidades especiales que se ocupan de los delitos relacionados con los vehículos a motor, con bases de datos sobre vehículos sustraídos e, incluso, de bicicletas, como es el caso de Canadá o los Estados Unidos.

No existen parámetros o indicadores precisos de medida de la delincuencia organizada. En el mejor de los casos, pueden obtenerse estimaciones cifradas a partir de estadísticas, modelos económicos comerciales y flujos financieros conocidos, combinándolos con datos sobre decomisos, detenciones y condenas de los autores de los delitos. Tampoco se dispone de estadísticas comparables sobre el perjuicio económico causado por los delitos relacionados con vehículos. Sólo hay estimaciones a partir de datos de las compañías aseguradoras de los vehículos.

Otro problema existente es que los delitos relacionados con vehículos no están tipificados como tales, sino que la legislación de los diferentes países puede hacer distinciones entre malversación, fraude al seguro, hurto de uso, robo de bienes, car-jacking –sustracción de un vehículo con violencia y/o amenazas– o home-jacking –asalto a un domicilio para sustraer las llaves de un vehículo.

Finalmente, cabe mencionar que, dentro del ámbito policial, los delitos relacionados con vehículos puede que no tengan la misma prioridad que otros ilícitos como el tráfico de drogas, los delitos contra menores, el tráfico de seres humanos o el terrorismo, aunque a menudo estos delitos se nutren o utilizan vehículos que han sido obtenidos fraudulentamente.

Los vehículos sustraídos pueden dividirse en dos categorías. La primera son los vehículos de marca y modelo corrientes, fáciles de conseguir, que son la mayoría. La segunda consiste en vehículos sumamente lucrativos, como pueden ser los vehículos deportivos utilitarios y los automóviles de lujo.

Interpol, en sus informes y recomendaciones, insiste siempre en intensificar el intercambio de información y la cooperación entre los distintos servicios encargados de la gestión de fronteras –aduanas, inmigración– y con otras entidades nacionales –policía de tráfico, autoridades encargadas de las matriculaciones, etc.

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